EDITORIAL

Ni los chinos pudieron

Con su desplante a los técnicos llegados de China, el gremio de AFE demostró otra vez que puede más que el gobierno y que es un escollo para la instalación de la tercera planta de celulosa en Uruguay.

La falta de mando en los entes autónomos y la excesiva tolerancia del gobierno ante los desbordes gremiales quedaron al desnudo otra vez en AFE, un ejemplo del desmedido poder de los sindicatos de empleados públicos. La Unión Ferroviaria (UF), un pequeño gremio que se opone a los cambios en el ente, impidió que los técnicos de una empresa china, interesada en reparar las vías férreas, pudiera abordar un tren para inspeccionar el estado de los rieles. En este caso la UF alegó que protestaba por el despido de cuatro funcionarios acusados por hurto.

Los chinos compraron los pliegos de condiciones para la licitación de la reparación de las vías férreas entre Paso de los Toros y Montevideo, algo esencial en el proyecto de la segunda planta de UPM. Sus representantes fueron burlados con un paro que los dejó varados. Esto ocurrió en los días en que el canciller de China estaba en Montevideo y era recibido con los brazos abiertos en el ministerio de Relaciones Exteriores. Un papelón.

Algo similar ocurrió meses atrás cuando expertos finlandeses de UPM quisieron recorrer en tren algunos tramos de la desgastada red de AFE. Un paro sorpresivo decretado por la UF los dejó en tierra. Situaciones parecidas vivieron más de una vez cientos de turistas llegados en cruceros que contrataron recorridos por las bodegas de Canelones en un tren de la Asociación Amigos del Riel. Pese a las protestas del ministerio de Turismo los turistas quedaron frustrados.

Esta actitud de desacato sindical, que le quita seriedad a los proyectos del gobierno, demuestra su debilidad ante los gremios. El ministerio de Transporte y Obras Públicas parece desinteresado en adoptar medidas concretas para que el gremio de AFE deje de sabotear sus planes. Nunca mejor empleada que en este caso la expresión "gobierno cívico-sindical". En materia de trenes se hace lo que la UF quiere.

El problema con la UF se originó por la creación de una sociedad anónima, propiedad del Estado, encargada de operar las cargas: una operadora, Servicios Logísticos Ferroviarios (SLF) regida por el derecho privado, lo que generó la resistencia del gremio que lanzó una campaña para evitar que sus miembros se integraran a la nueva compañía y perdieran su status de empleados públicos. Una campaña que incluye pintadas agraviantes y amenazas contra directores y altos mandos de AFE.

Todo esto ocurre después de 12 años en los cuales el Frente Amplio trató de reformar AFE, un ente cuya subsistencia le cuesta al contribuyente más de veinte millones de dólares anuales. El ente ferroviario que en sus buenos tiempos llegó a transportar cerca de dos millones anuales de carga alcanzó en 2017 el registro más bajo de su historia con apenas 481.000 toneladas. Un estudio dispuesto por su directorio basado en la relación entre la cantidad de funcionarios y el total de carga trasladada determinó que por cada funcionario de AFE se cargaban 0.21 toneladas mensuales, el peor registro productivo entre todas las empresas ferroviarias de América Latina.

El anuncio de la instalación de la segunda pastera de UPM parecía destinado a cambiar este estado de cosas puesto que los finlandeses reclamaron de entrada un servicio ferroviario eficiente para mover su producción hacia el puerto de Montevideo. La UF dijo que acompañaría con entusiasmo ese plan, pero en la práctica no ha hecho más que boicotearlo a pesar de que el presidente Tabaré Vázquez fue personalmente a Helsinki a asegurarle a los directores de la pastera que Uruguay contaría con la infraestructura necesaria para el proyecto.

Y conste que estamos hablando del proyecto estrella del tercer gobierno del Frente Amplio del que tanto se ha hablado y que tantas esperanzas ha suscitado. Empero, Vázquez y su ministro de Transporte y Obras Públicas, Víctor Rossi, lucen impotentes ante los desbordes de la UF que con sus paros no hace otra cosa que desanimar a eventuales inversores. Todo sea en nombre de la libertad sindical mientras que los intereses nacionales pasan a un segundo plano.

Lo peor del caso es que los tres gobiernos frentistas declararon en su momento que la modernización de AFE era una prioridad. Ni los primeros impulsos de Vázquez en sus dos mandatos ni los arrebatos de Mujica que viajó hasta China y el País Vasco para conseguir socios lograron doblegar la resistencia de un pequeño gremio de 500 afiliados que se resiste al cambio. Una prueba más de que para la izquierda gobernante importa más seguir en paz con un sindicato que solucionar un problema crucial para la economía del país como es el adecuado transporte de su producción.

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