EDITORIAL

Entre China y el eje Brasil-FA

La posibilidad de un TLC con China está sobre la mesa. La primera vuelta de las negociaciones con el coloso asiático parece haber fructificado con la visita del presidente Vázquez y ahora se abre un horizonte muy amplio para el alicaído comercio internacional del país.

Pero antes de seguir adelante en una discusión donde le va el futuro a Uruguay, no solo por lo que significa ese mercado sino también por las repercusiones con los socios de la región en el marco del Mercosur, sería bueno saber si existe alguna posibilidad de que ese excelente acuerdo se concrete. Y, lamentablemente, no somos optimistas.

El Tratado de Libre Comercio con China hay que mirarlo desde dos ángulos: del Uruguay como Estado parte del Tratado de Asunción (Mercosur) y las obligaciones contraídas como tal; y si a nivel interno del Frente Amplio hay pleno respaldo para su aprobación en la famosa Mesa Política y luego la ratificación en el Parlamento.

El presidente Tabaré Vázquez pecó de excesivo optimismo o se precipitó cuando dijo: "Yo creo que no va a haber inconveniente" y que Argentina y Brasil "están de acuerdo en flexibilizar el Mercosur" para que se pudiera firmar esta alianza. Lo extraño es que Vázquez se había reunido poco antes en Nueva York con el presidente Temer y, más allá de los temas y declaraciones protocolares, como "los históricos lazos fraternos" por parte de Temer o "Brasil es el segundo socio comercial del país y esperamos que ese relacionamiento siga creciendo" a cargo de Vázquez, nada se comentó sobre un acercamiento individual de Uruguay con China.

Ahora Argentina y, sobre todo, Brasil cuestionan el TLC. Macri con una posición de expectativa, pero de buena voluntad ("El ideal es que los acuerdos se alcancen desde el Mercosur… Pero voy a tener la mejor predisposición para ayudar a los hermanos uruguayos en las cosas que ellos piensen que son mejores para sus necesidades"), Brasil de manera directa ("Uruguay va a tener que elegir..."). Ninguna de las declaraciones sorprende: la mano extendida de Argentina y la molestia brasileña. La política exterior del Brasil se llama Itamaraty, donde hay una historia y una escuela que dicen que a Brasil solo le importan los problemas del Brasil y toma sus decisiones pensando solo en Brasil. Brasil ha sido y es un imperio y los imperios buscan dominar. Si algún otro país sale favorecido, es porque se aviene a las decisiones del Brasil y la coyuntura lo beneficia. No importa quién sea el presidente. Las afinidades o las antipatías ideológicas no influyen para nada.

Uruguay deberá salvar este serio escollo para seguir en sus negociaciones con China "o elegir".

El segundo frente de esta negociación, está aquí en el país, en su partido y en el camarada aparato sindical. El escenario será la Mesa Política y allí puede pasar cualquier cosa: no se trata de argumentos técnicos, económicos o comerciales. Los factores que allí juegan van más por el lado ideológico, por más que comercio e ideología no tengan parentesco alguno. Este TLC con China, a diferencia del rechazado TLC con Estados Unidos, tiene el apoyo de las banderas rojas, la hoz y el martillo y la foto de Mao Tse-tung. Pero, ¿será suficiente?

El TLC con China y cualquier TLC chocan con el programa de gobierno del Frente Amplio. Se dirá que en tiempos de Mujica ese programa lo obligaba a reflotar el Frigorífico Nacional o el SOYP, pero nadie se acordó. Es verdad, pero no solo el programa se agita cuando conviene, sino que Mujica gobernaba con sus mayorías del MPP y el Partido Comunista (Pit-Cnt incluido) que hoy, más que nunca, miran de reojo y con el ceño fruncido a los sectores afines al presidente Vázquez y a su ministro Astori. A ninguno de ellos les gusta esta forma de inserción comercial con el mundo, porque tiene cierto tufillo capitalista que ni siquiera sonroja al mismísimo Vietnam. Prefieren negociar con Venezuela y enarbolar la bandera de "más y mejor Mercosur" por más que el mundo, todo el mundo, vaya en otra dirección. Pero es lo que hay, es lo que se votó y permanecerá por lo menos otros tres años más.

El presidente Vázquez tendrá otra vez la oportunidad de poder actuar como presidente de todos los uruguayos, aunque ello signifique votar con su partido dividido y con el respaldo de la oposición. Pero llegado el momento, por más que piense de nuevo que el tren solo pasa una vez (aunque en su caso van dos), no lo hará. Optará por quedar abrazado a la unidad del FA y con la economía del país por colapsar.

El TLC con China era una buena noticia. Por momentos nos ilusionamos, pero duró muy poco.

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