EDITORIAL

Cómo va Chile

En primer lugar, dos datos sustanciales sobre su desempeño económico merecen claro destaque. Por un lado, la inflación en Chile está completamente controlada y hace mucho tiempo que no llega al 3% anual.

En el discurso del oficialismo el diagnóstico sobre lo que ocurre “en la región” es que todo va muy mal. Pero la realidad es diferente. La idea del Frente Amplio y de sus candidatos en particular, es dar a entender que gracias a su gestión en el poder se pudieron evitar escenarios de crisis como los que ocurren “en la región”. Para ello refieren a la difícil situación argentina, en donde sobre todo responsabilizan al gobierno de Macri de la actual crisis económica y social, sin decir una palabra de la pesadísima herencia dejada por el kirchnerismo. O señalan las dificultades que arrastra Brasil, sin tampoco hacer mención alguna sobre las terribles consecuencias sociales y económicas del desastre de los gobiernos del Partido de los Trabajadores de ese país, aliado al Frente Amplio.

Pero la realidad es que “la región” cuenta con más países que Argentina o Brasil, y que si se ve lo que ocurre en otras partes el balance de estos años no es tan negativo como lo dice el Frente Amplio. Alcanza con fijarse, por ejemplo, en lo que está pasando en Chile, gobernado por una coalición de partidos de centro derecha desde marzo del año pasado.

En primer lugar, dos datos sustanciales sobre su desempeño económico merecen claro destaque. Por un lado, la inflación en Chile está completamente controlada y hace mucho tiempo que no llega al 3% anual.

De hecho, medida a 12 meses en abril pasado, fue de 2% anualizada, guarismo que está dentro del rango meta fijado por su Banco Central, y cifra que asegura, sobre todo a los más pobres, una estabilidad de precios que aleja el temor de la pérdida de poder de compra de los salarios.Por otro lado, el crecimiento económico de 2018 fue de 4%, el mayor en cinco años, y por supuesto muy superior al de Uruguay. Las expectativas para 2019 y 2020 varían según distintos analistas, pero nunca son menores a un 3% de crecimiento cada año, lo cual también es un dato muy superior a lo que se prevé para nuestro país y, por supuesto, para la acotada visión de “la región” en la que siempre prefiere mirarse el Frente Amplio.

Estos muy buenos datos de Inflación y crecimiento son dos dimensiones que seguramente expliquen que en las encuestas más del 55% de los chilenos consideran que su situación económica familiar y personal es buena o muy buena: otra diferencia enorme con relación a lo que ocurre hoy en día en nuestro país.

Además, el presidente Piñera ha puesto el foco en la clase media, en un país que ha bajado los guarismos de pobreza al eje del 10% de su población total. Reconociendo que esa clase media ha logrado salir adelante “con esfuerzo y dedicación” y que ha avanzado a “costa de sacrificio” sin que nadie le haya “regalado nada”, el gobierno chileno ha decidido ponerla en el centro de sus prioridades de políticas públicas.

Así las cosas, ha previsto un programa amplio que señala que “queremos que la clase media sepa que el Estado cuenta con herramientas y beneficios en los cuales se puede apoyar cuando enfrente una grave dificultad o sufra accidente en el ciclo de su vida”. Facilitando entonces el acceso a la información sobre todo a través de internet, la gestión estatal favorece a esa clase media que no siempre tiene claro cuáles son sus beneficios y sus derechos desplegados en distintas oficinas estatales.

Pero además, para el caso de sufrir la inseguridad, por ejemplo a raíz de ser víctima de un delito violento, el gobierno de Chile ha decidido fortalecer su programa de apoyo a las víctimas, con el objetivo de que puedan recibir orientación y apoyo sicológico, social, y/o jurídico, con una cobertura las 24 horas del día y los 7 días de la semana. También decidió enviar un proyecto de ley al Parlamento para modernizar la carrera policial, mejorar su probidad y eficacia, especializar sus labores preventivas, de protección y de investigación, e intensificar las rondas de patrullaje.

Todas estas medidas tan bienvenidas por toda la población, y en particular por la clase media chilena, ocurren en un contexto de inseguridad que es mucho menos grave que el que se verifica en Uruguay. El gobierno de Piñera decide así tomar medidas preventivas mucho antes de que todo empeore y de que pueda llegarse al infierno cotidiano que sufren, por ejemplo, los barrios populares de Montevideo.

Chile es un buen ejemplo de un país que se preocupa por su clase media y presenta resultados económicos muy positivos. Nos muestra que aquello de que en “la región” las cosas van mal es simplemente un verso frenteamplista con el que la izquierda intenta justificar sus pésimos resultados.

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