EDITORIAL

Chile y el Frente Amplio

La situación social y económica de Chile se coló en nuestra campaña electoral.

Algunos reivindicaron lo que ocurre en el país trasandino como un modelo a seguir, como el candidato Talvi, y otros, como Mujica en el Frente Amplio, señalaron que en realidad estamos mucho mejor que Chile.

Siempre que se busque un espejo en el cual compararse habrá dimensiones positivas y otras negativas. Es claro por ejemplo en este sentido que Chile es un país cuyo índice de Gini, que mide el reparto de la riqueza, es de los peores del mundo. Y es claro también que arrastra hace décadas un problema serio en relación a su integración cultural plural, en particular con el aporte y la diferenciación mapuche. Ningún país es perfecto y Chile no lo es.

Sin embargo, es un análisis muy mediocre hacer hincapié en estas dos dimensiones de la situación chilena para negarse a ver los grandes avances que allí se han dado y que perfectamente pueden ser tomados como ejemplo para el desarrollo de nuestro país. En efecto, desde el retorno de la democracia en Chile hubo procesos sociales y económicos muy importantes: se bajó sustancialmente la pobreza monetaria; se abrió la economía del país a tratados de libre comercio con las principales potencias del mundo; se controlaron las principales variables económicas - déficit fiscal, inflación, deuda pública - de forma de asegurar un crecimiento sostenido de largo plazo; y se multiplicaron las oportunidades de trabajo y de bienestar sobre todo para las clases medias y populares, de forma de asentar un gran y masivo desarrollo social.

Todo esto se tradujo en que las nuevas generaciones de las clases populares chilenas alcanzaron niveles educativos formales muy superiores a los que pudieron obtener en su momento sus padres y abuelos. En concreto, por ejemplo, el hijo de una empleada doméstica de origen humilde hoy puede lograr alcanzar la universidad. Y estos cambios, con un país abierto al mundo, generaron a su vez una rápida modernización que trajo consigo reclamos de igualdad y de justicia social, sobre todo protagonizados por los más jóvenes cuyos horizontes son de una mucha mayor realización personal que las de sus padres o abuelos.

Esta apuesta por el equilibrio económico, la apertura comercial, la mayor inversión privada, el avance de la calidad y cantidad de los empleos, la mayor formación de las nuevas generaciones y las mejoras sociales que repercuten sobre todo en las clases populares, ha hecho de Chile un país que, de estar relegado hace 30 años con respecto a otros del continente, ha pasado a ser ejemplo de crecimiento y mayor justicia social. Por supuesto, es un camino que sigue teniendo escollos y dificultades. Pero sin duda debe ser mirado con atención, porque Chile empezó comparativamente más atrás que nosotros en varios índices sociales y económicos relevantes, y hoy se encuentra bien adelante, como por ejemplo en el PBI por habitante según paridad de poder adquisitivo.

Lo políticamente asombroso de todo esto es cómo el Frente Amplio se ha preocupado por criticar a Chile, cuando en realidad fueron presidentes de izquierda, como Ricardo Lagos en particular entre 2000 y 2006, los que protagonizaron todo este éxito. Fueron gobiernos de izquierda los que firmaron tratados de libre comercio con la Unión Europea y con Estados Unidos; los que se aseguraron de cumplir con reglas fiscales que dieran estabilidad a las cuentas del Estado; y los que se preocuparon por mantener la inflación baja. Y cuando le tocó gobernar en Chile a la derecha, ¡por supuesto que mantuvo todas estas políticas de sentido común! Continuaron abriendo la economía, promovieron el crecimiento y el empleo, y fueron firmes en el manejo de las variables macroeconómicas con responsabilidad.

Si hay una muestra clara de que el Frente Amplio se abraza internacionalmente a modelos perimidos, como el desastre de corrupción y mal manejo económico del Partido de los Trabajadores en Brasil o la vergüenza política y económica de Venezuela, es esta posición que ha adoptado en campaña electoral de no valorar lo que ha hecho Chile en estos veinte años con gobiernos de izquierda sensatos y modernos. Y esta actitud no debiera de extrañarnos en verdad, porque por ejemplo el tratado de libre comercio que Uruguay firmó con Chile pudo aprobarse por los votos blancos y colorados del Senado, ya que el Frente Amplio falló allí al momento de apoyarlo.

Chile es un modelo exitoso en la región. El Frente Amplio prefiere la corrupción de Lula y Roussef y la dictadura de Venezuela. Que quede bien claro.

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