Editorial

El chambón impune

El efecto de la comisión investigadora sobre Ancap no sólo ha permitido conocer de primera mano el desmanejo en la principal empresa del país. Ahora también está permitiendo a un amplio sector de la sociedad comprobar la calidad como político, gestor, y hasta como ser humano, de uno de los principales dirigentes que ha tenido el Uruguay en el último cuarto de siglo: el expresidente José Mujica.

Por ejemplo, hace apenas dos días, consultado en la radio El Espectador por el periodista Daniel Castro acerca de los desaguisados en Ancap, Mujica dijo muy suelto de cuerpo que "no lo conocía, lo conozco hace poco, pero sí, es cierto, "en el manejo financiero la chamboneamos". Si no fuera tan grave, sería para reírse. En una sola frase el expresidente reconoce que no estaba al tanto de lo que pasaba en la principal empresa del país. Y justifica un cumulo de errores que costarán más de mil millones de dólares en "una chambonada". Chambonada será olvidarse de las llaves de la casa, no llegar a una reunión, perderse un ómnibus... Dilapidar esa plata de la gente, golpear a la producción y al turismo con tarifas inmorales, dejar que funcionarios de medio pelo destruyan el patrimonio nacional, parece ameritar un calificativo un poquito más fuerte. Pero eso no fue todo.

No contento con esas palabras, el ex presidente otorgó una entrevista al semanario Brecha donde vuelve a la carga con argumentos propios de la literatura fantástica. De arranque se larga contra el ministro Astori, cuyas recientes críticas al manejo del gobierno anterior le "dolieron y mucho". Y agrega que "hubo cosas que no son propias de compañeros". Quien así habla es el mismo que hace unos meses dijo de su exvice para un libro: "Pobre Danilo. Le falta sex appeal. Siempre está por ser presidente y va a seguir ahí porque no tiene picardía, le falta maldad". Y luego agregó que "Danilo sufrió como loco en la campaña electoral conmigo. Una vez lo quise llevar a mear en medio de una multitud, a escondidas, y no pudo. Es muy formal. Te pone la barrera y ahí es donde vos sentís la distancia de clase". Al parecer, esa es la forma propia de tratarse entre "compañeros".

Casi tan grave como los conceptos personales que maneja el expresidente en esa nota, son los políticos y económicos. Por ejemplo, reivindica que las empresas públicas tienen que invertir, aunque eso irrite a quienes viven pendientes de los equilibrios macroeconómicos. Cosa que retrotrae al pensamiento político de los años 60 y 70, que llevaron a todo el continente a la ruina. ¿No aprendió nada Mujica?

Pero además, vuelve con la cantarina de que detrás de las críticas a la gestión de Ancap, hay un intento de volver con las privatizaciones y la venta de "las joyas de la abuela". Una excusa infantil e irreal, que no se cree ni su señora esposa. Veamos, ¿quién ha hablado de privatizar nada en estos días de indignación popular ante las cosas que se han sabido de Ancap? Nadie. Ni un solo dirigente político de primera línea (o de segunda) ha mencionado el tema. Es más, desde el resultado del referéndum de las empresas públicas, nunca más ningún dirigente político intentó replantearlo de manera diferente. Muy distinto a lo que hizo la fuerza política de Mujica que cada vez que perdió un voto popular, sea sobre la ley de caducidad o el voto del exterior, ha intentado imponerlo por otros caminos, desconociendo la voluntad popular.

Y así sigue Mujica. Si Ancap perdió millones con una aventura de construcción naval chapucera, es un "error técnico". Si se gastaron 400 mil dólares en una fiesta para agasajar a su amiga Cristina Kirchner, se muestra indignado y no sabía nada. Si se le habla de sobrecostos en las inversiones, se pone a filosofar sobre cómo eligió Conaprole a su gerente general. Si se le pregunta por qué Ancap se fundió y UTE puede andar bien, se pone a pontificar sobre que si AEBU apoyara al BROU habría una nacionalización de la banca de hecho.

Como cierre de todo este disparatario, Mujica llega a decir que la comisión investigadora es un desastre, que él no la quiso y "no me dieron pelota". Palabras increíbles de un dirigente que, apenas dos párrafos antes, reconoce que se enteró de buena parte de los destrozos en Ancap por lo que surgió de esa misma comisión. ¡Él, que era el Presidente de la República! ¿Cómo nos íbamos a enterar el resto? ¿No teníamos derecho los dueños de Ancap a conocer lo que pasó?

Todo este caos discursivo, esta total falta de coherencia, todo este desprecio por la capacidad intelectual de sus interlocutores y conciudadanos, pintan de cuerpo entero a Mujica. Un Mujica que cuanto más se lo conoce, cuanto más se conoce de su "obra", queda en claro que su gobierno fue uno de los peores de la historia del país.

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