EDITORIAL

Dos casos muy diferentes

Se le atribuye a José Mujica haber propiciado durante la asunción de Dilma Rousseff un breve diálogo entre el vicepresidente de Estados Unidos, Joseph Biden, y el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, a raíz del cual surgió una propuesta de intercambio de prisioneros que nadie termina de entender.

Es que Maduro ofreció liberar al político opositor venezolano Leopoldo López a cambio de que Estados Unidos hiciera lo propio con Óscar López Rivera, un ex- guerrillero puertorriqueño preso en una cárcel de Indiana. Se trata de dos personas recluidas en condiciones radicalmente distintas.

Basta ojear el currículo de ambos prisioneros para calibrar el desatino de la propuesta formulada por el presidente venezolano. Leopoldo López es un joven político y economista que resultó electo en dos ocasiones, por voto popular, alcalde del municipio de Chacao, un cargo en el que se destacó por su eficiente administración. El otro López fue el líder de un grupo guerrillero formado para luchar por la independencia de Puerto Rico que cometió décadas atrás varios atentados terroristas en Estados Unidos con un saldo de seis muertos y decenas de heridos.

Mientras que el puertorriqueño fue juzgado y condenado a 70 años de prisión de los cuales ya cumplió casi la mitad, el venezolano lleva casi un año recluido sin juicio ni acusación con pruebas concretas de los delitos que se le imputan. Sus situaciones no son para nada comparables. Uno se convirtió en guerrillero y tomó el camino de la lucha armada asestando golpes sangrientos en procura de una causa como la independencia de Puerto Rico que comparte una ínfima minoría de sus coterráneos. El otro, en cambio, es un ascendente político enfrentado al autoritarismo chavista que participó en las protestas populares realizadas en Caracas y otras ciudades venezolanas un año atrás, y a quien no puede acusarse de haber robado, secuestrado, matado o colocado bombas como es el caso del puertorriqueño.

Poner a ambos presos en pie de igualdad es una burla de Maduro al sentido común y una manera de rebajar a quien considera su más peligroso enemigo, el exalcalde de Chacao, hoy convertido en el preso político número uno del régimen chavista. Un hombre que fue perseguido por el propio Hugo Chávez cuando en 2008 intentó postularse como alcalde de Caracas y recibió a cambio una arbitraria inhabilitación para ejercer cargos políticos que lo dejó fuera de competencia. Por entonces, numerosos organismos internacionales, entre ellos la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, condenaron esa decisión como violatoria del Estado de Derecho, un estado de cosas que Maduro agrava actualmente al mantenerlo en prisión sin fundamento alguno.

Nada de esto pesó hasta el momento en el ánimo de los socios de Venezuela en el Mercosur, un bloque regional que aprobó una cláusula democrática según la cual pueden adoptarse sanciones contra un gobierno asociado que viole los derechos y libertades fundamentales de su pueblo. Los gobernantes de Uruguay, Argentina o Brasil siguen haciéndose los distraídos en esta materia tolerándole a Maduro y su cohorte chavista que —en medio de la crisis económica que padece Venezuela— cercenen la libertad de prensa, inhabiliten a políticos opositores a su antojo, presionen a la justicia o encarcelen a todo aquel que consideren una amenaza a sus pretensiones hegemónicas.

Como no podía ser de otro modo, el intercambio propuesto por el presidente venezolano recibió el inmediato aplauso de La Habana en donde se describió al puertorriqueño López Rivera como un "mártir aherrojado en las mazmorras del Imperio". En cambio, en Venezuela la gente interpretó este pedido de liberación de un antiguo guerrillero de Puerto Rico como algo que poco le importa al país y que se trata simplemente de una excusa para molestar a Estados Unidos. Si bien podrá decirse que López Rivera cumplió una condena muy larga y que hoy está lejos de ser un peligro para la sociedad, la opción de liberarlo queda en manos de la justicia estadounidense que, como es sabido, sostiene una línea en sus decisiones cada vez más dura en todo lo concerniente al terrorismo.

En suma, el diálogo ambientado por Mujica entre Biden y Maduro fue desaprovechado por este último que, una vez más, demostró carecer de la sensatez mínima que debe poseer un gobernante. Tan así es que con toda razón muchos se preguntan dentro y fuera de Venezuela si la idea del canje se la sugirió ese pajarito que, según él, se le aparece de vez en cuando para trasmitirle los mensajes que Chávez le envía desde el más allá.

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