editorial

Los carguitos de Martínez

Trascendió que el intendente electo por Montevideo ofreció participación a ediles representantes de la Concertación en la futura nueva administración. Es un planteo importante porque permite definir responsabilidades políticas de fondo.

Primero, el ofrecimiento no es políticamente inocente. Como se sabe, hay un sordo enfrentamiento cruzado entre sectores del Frente Amplio que hace que en Montevideo ningún representante del MPP tenga cargos relevantes en la administración, y que en Canelones pase lo mismo pero con integrantes del PS. La iniciativa de Martínez procura entonces ganar cierto apoyo político fuera del Frente Amplio, con alguna señal de gobernabilidad de parte de la bancada de ediles de la Concertación que sea una consecuencia lógica de esta integración al equipo de gobierno de la Intendencia.

Segundo, el ofrecimiento también juega a dividir a la Concertación. Como se sabe, el liderazgo electoral de Novick se tradujo en una posición política dura de futura oposición a la gestión de Martínez. Su objetivo es controlar y plantear alternativas, lejos de cualquier participación en la administración que se iniciará en julio. Sin embargo, el planteo del intendente electo intenta seducir al menos a una parte de esa Concertación de partidos, de forma de tratar de hacer explícitas diferencias que puedan existir en la oposición. Trata por tanto de debilitar de antemano una posición que pueda ser muy intransigente en la crítica hacia el Frente Amplio en la Intendencia de Montevideo.

Estas motivaciones políticas explican claramente la naturaleza del planteo de Martínez.

No se trata de una coparticipación en serio, que implique responsabilidades de primer plano para la Concertación en la gestión de la Intendencia. Por el contrario, el ofrecimiento nada dice sobre direcciones generales, todas atribuidas a personas de confianza política de Martínez, sino que refiere a carguitos de segundo nivel. Con ellos, nada relevante podrá decidirse por parte de los representantes de la Concertación. La conducción política de los temas de gestión será toda del Frente Amplio. Sin embargo, con esos pocos cargos se querrá hacer creer a la opinión pública de que hay entendimientos generales y de que la Concertación también está involucrada en las decisiones de gestión que se tomen por parte de la administración Martínez.

Cuando los resultados electorales están tan cerca y fueron tan contundentes, lo mejor siempre es referirse a ellos. Lo que los montevideanos votaron en mayo pasado fue una intendencia frenteamplista; una oposición con ediles de Concertación en la que debe destacarse el peso de la figura electoral de Novick; y finalmente, en particular en dos municipios a los que están vinculados más de 300.000 residentes de la capital, dos alcaldes del Partido Nacional electos por la Concertación.

En este esquema sencillo de entender, Martínez tiene mayoría propia para gobernar con su partido y es allí donde debe encontrar sus respaldos políticos. Del otro lado, la Concertación tiene una tarea de contralor y de legislación en la Junta Departamental y un importantísimo desafío de gestión en el primer nivel de gobierno en barrios muy poblados y urbanos de Montevideo.

Martínez es el candidato frenteamplista a Intendente que menos votos directos recibió de la población montevideana desde 1989. Es natural que precise y busque acuerdos que le permitan hacerse de una espalda política más ancha que la que tiene ahora. Pero también es cierto que las cinco anteriores gestiones frenteamplistas de Montevideo terminaron con déficits enormes en temas esenciales que difícilmente puedan resolverse rápidamente. El responsable de todo ello es todo el Frente Amplio. Y el responsable de la gestión que se inicia en julio también debe ser el Frente Amplio, sobre todo porque Martínez tendrá que demostrar que es capaz de cumplir con sus promesas de mejoras de gestión y calidad de vida en Montevideo.

Los montevideanos deben, así, tener claro quién está en el gobierno y quién en la oposición. Así votaron en mayo pasado, definiendo claramente responsabilidades políticas diferentes para cada actor partidario. Y así debe ser cuando llega el momento de gobernar efectivamente la Intendencia.

Lo mejor es entonces que cada uno cumpla con sus funciones y se atenga a sus cometidos. De esta forma, cuando llegue una nueva instancia electoral en 2020, los montevideanos podrán votar con claro conocimiento por la continuidad frenteamplista o por el cambio en la Intendencia.

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