EDITORIAL

Campaña sucia y delirante

El uso de los canales de comunicación oficiales con total desparpajo y desvergüenza muestra un grado de desesperación más allá de lo imaginable.

En la recta final rumbo a las elecciones nacionales del 27 de octubre las opciones se divisan con mayor claridad. De un lado, un gobierno y un partido desgastado, sin proyecto, con un candidato presidencial que no da pie con bola, al que ha abandonado toda la dirigencia principal, mientras debe ocultar a la candidata a la vicepresidencia de los carteles de vía pública y de los medios porque consigue ser todavía más piantavotos que el presidenciable.

La alternativa es una coalición de partidos encabezada por el Partido Nacional que muestra un candidato sólido que ha superado con creces las pruebas que debió sortear en la campaña, tiene un programa de gobierno desarrollado y creíble en base a un trabajo de equipos técnicos durante años, un reconocido equipo político y técnico y un proyecto de futuro para el país.

Todas estas características serían suficientes para justificar el cambio de gobierno, pero el desarrollo de la campaña muestra algunas características que deben llamarnos la atención. En primer lugar, la forma descarada en que se están utilizando los mecanismos oficiales como la secretaría de prensa de la presidencia de la República, para hacer campaña electoral. Nunca antes en la historia del país se había visto que se hiciera uso y abuso de estos medios oficiales para ataca rivales políticos e incluso difundir mentiras, como ocurrió con la andanada orquestada hacia declaraciones de Azucena Arbeleche.

Ya no son solo las “campañas de bien público” utilizadas en forma pura y dura como propaganda, o la publicidad de organismos oficiales. El uso de los canales de comunicación oficiales con total desparpajo y desvergüenza muestra un grado de desesperación más allá de lo imaginable. Por si fuera poco, la justificación por parte de funcionarios públicos, arguyendo que tienen derecho a contestar, muestra una cumbre de cinismo indigerible.

En segundo lugar, los argumentos esgrimidos, buscando llevar al barro a sus oponentes, tergiversando las declaraciones de los políticos opositores, mintiendo sobre los contenidos de los programas o de las iniciativas y poniendo a un ejército de trolls en las redes, casi todos rentados (siendo generosos con el casi), en favor de estrategias de campañas sucias orquestadas, son el síntoma más evidente de la degradación a la que el Frente Amplio quiere llevar la contienda electoral.

La forma en que se quiso hacerle decir a Azucena Arbeleche lo que no dijo sobre el grado inversor, que en cualquier interpretación verosímil lo único que hizo fue ayudar al gobierno y al país, de modo alguno dañarlo, habla por si sola. O la forma en que se intenta sembrar pánico por la idea de presentar una ley de urgente consideración al Parlamento, cuando el Partido Nacional anuncia que lo hará en base a negociaciones que conlleven las mayorías necesarias, es un mecanismo que prevé nuestra Constitución, que ha utilizado el Frente Amplio sin que se levantara ninguna propuesta y que simplemente marca la urgencia con que deben encararse algunos de los pesados problemas que dejará el actual gobierno, muestra otra faceta de la caída libre del oficialismo.

Al lado de esta campaña, los deslices del candidato Daniel Martínez serían una mera anécdota, si no fuera porque muestran la peligrosa desconexión con la realidad en que viven los políticos frentistas. Este lunes, en una entrevista concedida al diario paraguayo Última Hora durante una misteriosa visita relámpago a ese país, el candidato frentista declaró que "Llegan las vacaciones y todo el mundo está en Miami". Amén del ridículo candoroso de Martínez, que en su afán por ocultar los graves padecimientos de los uruguayos en materia de empleo, ingresos, seguridad, educación o vivienda, entre muchos otros, está demostrando que no conoce al país que quiere gobernar.

Es muy bueno que el candidato del gobierno vaya a vacacionar seguido a Miami, pero no es la realidad de la mayoría de los uruguayos. Martínez se olvida que el 18% de nuestros niños vive en la pobreza. Esos niños no vacacionan en las playas de Miami ni van a comprar ropa de marca a los shoppings del balneario favorito de Martínez. Un millón de uruguayos tiene al menos una necesidad básica insatisfecha, de acuerdo con el último estudio oficial de este tipo, por lo que, evidentemente no van a vacacionar a los mismos lugares que Martínez. El delirio al que llega al querer ignorar todo esto es un gravísimo problema y el candidato frentista evidentemente va camino a tragarse sus propias mentiras. Afortunadamente el realismo le caerá de golpe, aunque no quiera verlo, cuan- do se abran las urnas, el próximo 27 de octubre.

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