EDITORIAL

Los cambios de los días feriados

Todo esto podrá parecer anecdótico, pero en realidad no lo es. En todos estos años, con los gobiernos del Frente Amplio en el poder, se ha avanzado muchísimo en políticas que procuran quitar hondura y valor a las fechas patrias.

Hoy es feriado porque se movió la conmemoración del desembarco de los 33 Orientales en la Agraciada, que ocurrió en verdad un 19 de abril. Se trata de un buen ejemplo de algo que luego de más de dos décadas de implementado habría que volver a evaluar: el corrimiento de los días feriados que desvirtúan completamente la memoria colectiva en torno a episodios históricos claves.

Son muy pocos los feriados de fechas patrias que no se corren, es decir, que se conmemoran cada año en la fecha efectiva en que ocurrieron: 18 de julio y 25 de agosto, a los que se suman el 19 de junio, natalicio de José Artigas. Pero hay dos más, el 19 de abril (desembarco de los 33 Orientales en 1825) y el 18 de mayo (batalla de Las Piedras de 1811), que sufren el traslado en función de conveniencias que se han vinculado siempre a la promoción de un mayor turismo y a una mayor posibilidad de descanso laboral.

Este año en particular, muestra hasta qué punto ese argumento es a veces muy flojo. En efecto, el 19 de abril cayó en plena época de semana santa o de turismo, es decir, en pleno momento en que de por sí ya se está en un período de mayor descanso laboral.

En este sentido, el corrimiento del feriado hacia el día de hoy prolonga excesivamente un período feriado ya de por sí muy largo, en donde muchos uruguayos ya han aprovechado para hacer turismo interno y también en el exterior. A lo que se suma, por cierto, que más allá del feriado movido, al ser considerado laborable, en realidad el país pasa a funcionar a media máquina este 22 de abril, con algunos uruguayos más privilegiados que pueden no trabajar, y con otros que no perciben ningún beneficio por este corrimiento.

Todo esto podrá parecer anecdótico, pero en realidad no lo es. En todos estos años, con los gobiernos del Frente Amplio en el poder, se ha avanzado muchísimo en políticas que procuran quitar hondura y valor a las fechas patrias. Así por ejemplo, desde la primera presidencia de Vázquez se intentó que el 19 de junio dejara de ser fecha de Artigas, para pasar a ser el día del “nunca más terrorismo”. O también más comercialmente, el día de los abuelos. A su vez, el período de presidencia de Mujica, cultor de la patria grande sudamericana, intentó dejar de lado toda la pompa de la conmemoración de fechas patrias en las que se asentara, justamente, la memoria colectiva en torno a nuestra construcción nacional propia, independiente, de un país diferente y singular, con relación a los demás de la región.

En todo el lapso izquierdista se han abandonado las simbologías nacionales propias del Uruguay, para pasar a tener, por ejemplo, una presidencia que comunica con un sol a medio camino entre el amanecer y el ocaso. La fecha del 25 de agosto, tan importante en la gesta independentista nacional, ha ido cambiando en un sentido izquierdista que festeja, ese día, la jornada de su “comité de base”. Y así en más, prácticamente no hay símbolo vinculado a la Historia Nacional que no haya quedado relegado en este afán refundacional de la izquierda en el poder. Las consecuencias son bien conocidas por todos. Desde actores relevantes de la cultura en los gobiernos de izquierda hasta el más común de los ciudadanos más jóvenes del país, son muy pocos los que realmente conocen qué es lo que se conmemora en cada 19 de abril, 18 de mayo, 18 de julio o 25 de agosto. Todo lo que de esta manera recuerda colectivamente las raíces más profundas de la nacionalidad, en torno a sacrificios, por demás heroicos en los que, por supuesto, no fueron protagonistas ninguna de las figuras más representativas de la historia del Frente Amplio. Han sido convenientemente ocultadas, disimuladas, relativizadas y dejadas de lado en esta década larga, de gobiernos izquierdistas. ¿Cuánto hemos perdido en integración nacional, en sentimiento colectivo de formar parte de una misma nación con un futuro común y venturoso, con estas medidas que mueven feriados y pierden el sentido de conmemoración nacional que forja nuestra identidad como país? En este tiempo de mayor globalización internacional importa tener claro que no hay futuro posible, próspero y bienaventurado, sin conocimiento cabal de la historia que forma nuestra comunidad nacional. Cuya enseñanza en las aulas a menudo deja mucho que desear, no despertando el interés de los alumnos. Con este infame espíritu refundacional izquierdista, está claro que es absolutamente necesario reevaluar estos corrimientos de feriados. Ellos, de una u otra forma, terminan menospreciando las grandes jornadas de nuestra Historia.

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