EDITORIAL
diario El País

El cambio necesario para 2020

El año que comienza viene con muchas promesas de cambio.

Particularmente debido a la opción que determinó el pueblo en las urnas, de poner fin a 15 años de período frenteamplista en el poder. Pero los cambios de fondo que el país necesita no se completan simplemente con la rotación partidaria, sino que deberían ir más allá.

La primera modificación que el país necesita con urgencia es tener un gobierno más de acciones que de declaraciones. Y si no basta ver las noticias de la última semana. El presidente Vázquez llamó a una conferencia de prensa a dos meses de finalizar su período, para plantear algunas medidas que considera urgentes. Habló de cosas realmente muy serias, como la violencia contra las mujeres, la contaminación de las fuentes de agua potable, y los medicamentos de alto costo. Son asuntos tan, pero tan importantes, que la gran interrogante que deja esta conferencia, es por qué no se hizo nada al respecto mucho antes.

Es presidente Vázquez lleva casi 5 años al mando de un gobierno con mayorías propias en el Parlamento ¿qué le impidió tomar medidas sobre estos temas tan importantes?

Pero no es solo de Vázquez el problema. Tal vez es un tema generacional, pero el hablar mucho y hacer poco ha sido una característica de los tres gobiernos pasados. Y si hay algo que este país no necesita más son diagnósticos y análisis. Precisa políticos que actúen sobre los problemas, no que los comenten.

Un segundo tema muy importante que el país necesita encarar pensando en el futuro, es un cambio drástico de tono político. Durante los últimos 15 años hemos vivido un clima político confrontativo y exasperado, donde quienes ocupaban el poder se sentían los representantes excluyentes de la verdad y todo lo bueno que hay en el mundo. Donde era más importante satisfacer las demandas de cualquier grupito interno, por más ínfima que fuera su fuerza electoral, antes que escuchar a medio país que estaba del lado de enfrente. Donde nunca existió la voluntad de construir grandes consensos, o abrirse a verdades ajenas, sino todo lo contrario.

Parte de la responsabilidad del clima de virulencia que se vivió en la recta final de la campaña, tiene que ver con ese tono que buena parte de la dirigencia del FA le impuso a su comunicación con la ciudadanía. Un tono mesiánico y despectivo, que llevó a que sectores de sus votantes directamente no pudieran asumir el hecho de que en una democracia, la alternancia en el poder no solo es parte de las reglas de juego, sino que es algo necesario y positivo. Alcanza con leer las intervenciones recientes de gente como el todavía ministro Murro, o de la ex ministra Cosse, para entender que eso está en las antípodas de lo que necesita el país a futuro.

Uruguay es un país pequeño, de cercanía, con una sociedad igualitaria, y con una masa crítica de gente con capacidad y formación que es de una escala limitada. No se puede dar el lujo de despreciar lo que tiene para decir medio país. Se precisa un gobierno activo, con un rumbo claro, pero capaz de dialogar y recibir las ideas y propuestas positivas, sin importar de donde vienen.

Por último, hay un tema central para el futuro del país que implica cambiar el concepto muy bastardizado, de solidaridad. Si hay algo de lo que se ha hecho abuso y manoseo político menor es del concepto de lo que implica ser solidario y comprensivo de las diferencias que anidan en una sociedad.

Alcanza ver el planteo que hizo el presidente Vázquez sobre los medicamentos de alto costo, los cuales para poder pagarse, muchos uruguayos se han visto forzados a recurrir a los tribunales de Justicia. Resulta que un gobierno, de un partido que ha hecho gárgaras hasta el asco de ser los paladines de la solidaridad, busca limitar el acceso a la justicia de las personas más frágiles (los enfermos más delicados) por motivos económicos. Usted imagínese si eso lo hubiera planteado un gobierno de otro partido. ¡No! Se puede cortar en cualquier otro lado, pero un gobierno que tenga la solidaridad bien entendida como norte, no puede limitar el acceso a los medicamentos a sus ciudadanos. Y algo parecido ocurre con la ayuda social. Esta no puede ser un vehículo de manipulación política respecto de los sectores más vulnerables como se ha visto en la última campaña. Sino que debe ser un apoyo para que esas personas puedan potenciar sus talentos y virtudes y mejorar su calidad de vida.

Si el gobierno que empieza el 1° de marzo, logra ejecutar estos tres grandes cambios, la promesa de un país más justo, integrado, y exitoso, estará más cerca que nunca de ser una realidad.

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