EDITORIAL

Cambio de escenario

El Partido Nacional realizó una elección ejemplar, fue el partido más votado y Luis Lacalle Pou salió fortalecido por la contundencia de su victoria y por haber logrado cerrar la formula esa misma noche.

A quien se haya ido del país unos días antes de las internas y haya retornado esta semana sin haber recibido noticias le costará reconocer el escenario político. Previo a la interna el partido de gobierno tenía una campaña sosa, en que los candidatos parecían competir por no distinguirse, no mostrar cualidades ni apartarse mucho de una afectada unidad que a cartas vistas resultó cartón pintado. Unos días antes de las internas el Partido Nacional enfrentaba una situación compleja, con cruces entre candidatos y una campaña sucia contra quien lideraba las encuestas como nunca se había visto en la historia del país.

Pues bien, la unidad frentista se desmoronó a los pocos días de la elección, casi en seguida de conocidos los resultados. Daniel Martínez, demostrando una impericia política poco creíble se peleó con todos los líderes y casi todos los sectores del Frente Amplio. Logró incluso el milagro de dejar enojados a Mujica y Astori a la vez, por el proceso de casting público que siguió para resolver “el asunto de la mujer”, como lo definió Mujica y terminó seleccionando a una ilustre desconocida.

Los uruguayos tuvimos dos noticias a la vez con la nominación vicepresidencial del Frente Amplio: que Graciela Villar existía y que iba a ser candidata. Una de las características claves para elegir un candidato es que sea conocido por la gente, como es evidente, no se puede votar a quien no se conoce. Sin embargo, Daniel Martínez desechó a Cosse porque le cae mal según han manifestado varias fuentes frentistas, desechó otros nombres que le fueron sugeridos y escogió a una exedila de Montevideo como compañera de fórmula. Astori, Topolansky y en el día de ayer la propia Carolina Cosse salieron a criticar a Martínez, y argumentos no les faltan. La decisión no solo es desconcertante es notoriamente mala y ha generado malhumor entre sus militantes, como quedó en evidencia en los últimos días.

Villar puede levantar el griterío de la patota radical del Frente Amplio insultando a Manini Ríos llamándolo Hitler, defendiendo la dictadura venezolana y sus 7.000 ejecuciones extrajudiciales y criticando la propiedad privada, pero notoriamente esas ideas y esas formas están muy lejos de las de la mayoría de los uruguayos. Por si fuera poco, quedó en evidencia que había faltado a la verdad al presentarse como psicóloga social, título que no tiene y que varios expertos han opinado no tiene siquiera relación con el curso que Villar realizó en un instituto privado. El fantasma de Raúl Sendic, demasiado pronto, empezó a seguir a la figura de la candidata a vice, que comenzó, real y metafóricamente, con el pie izquierdo.

El Partido Nacional, por su parte, realizó una elección ejemplar, fue el partido más votado y Luis Lacalle Pou salió fortalecido por la contundencia de su victoria y por haber logrado cerrar la formula esa misma noche. Quienes hicieron más ruido por el estilo de la campaña y las propuestas demagógicas pasaron a ser una anécdota esa misma noche. Desde entonces, el Partido Nacional se ha mostrado unido, ayer mismo comenzaron las reuniones para alcanzar en breve el programa común del partido y ya se prepara la convención nacional para proclamar a la formula Luis Lacalle Pou-Beatriz Argimón.

Un destaque especial merece la forma en que se condujo Lacalle Pou durante la campaña y en los días siguientes. Afrontó la campaña electoral más sucia que se recuerde en este país, potenciada por la tecnología y la cobardía del anonimato con serenidad y tranquilidad de espíritu. Hasta unos días antes de la elección siguió esta campaña cloacal con sus maniobras despertando gente de madrugada, enviando mensajes mentirosos y realizando presuntas encuestas para transmitir encuestas falsas. Más temprano que tarde se conocerá a su autor y él y sus secuaces tendrán el lugar que le corresponde en la historia, el peor imaginable, que es el olvido por irrelevantes.

La noche de la elección el candidato nacionalista demostró ese mismo temperamento sereno y firme para conversar con los restantes candidatos y lograr una fórmula de acuerdo, que además, en contraste con la posterior del Frente Amplio, resultó un acierto. En los días siguientes continuó construyendo las bases de un amplio gobierno multicolor, de nuevo, resistiendo la tentación de la respuesta fácil y efectista.

Es indudable que el escenario cambió, hoy el Frente Amplio hace agua por los cuatro costados mientras el Partido Nacional y su candidato asumieron las responsabilidades que la hora exigía.

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