EDITORIAL

Un cambio cultural

La reacción del canciller Nin ante la noticia de un contrato polémico en su ministerio es igual a la de algunos intendentes frente a casos similares. No comprenden que hay un cambio cultural en la sociedad y que hay cosas que ya no se toleran.

El canciller Nin Novoa se mostró muy enojado ante una noticia difundida por El País acerca de que había contratado a la hija de un asesor cercano al presidente Vázquez, veterinaria de profesión, para trabajar en su entorno de confianza. Nin se despachó contra lo que definió como un discurso "antisistema" y de un clima "de enchastre que no es propio del Uruguay".

Las palabras del ministro no son nuevas, así como tampoco es nuevo su enojo con la prensa, con la que tiene una relación compleja desde hace años. Eso a diferencia de lo que ocurre con dirigentes de su propio partido, que lo insultan, ningunean, y mandan callar públicamente día por medio, pero para quienes jamás tiene palabras de molestia del nivel que muestra hacia la prensa. Curiosidades de la política nacional de hoy.

Pero tampoco hay que tomárselas con el Canciller en forma personal. Dentro de todo, su actuación ha sido un cambio saludable comparado a lo vivido en el período pasado, y para ser una persona que no tiene ni un voto propio, hay que reconocer que ha hecho bastante para llevar un poco de razonabilidad a una política exterior que desde que llegó el Frente Amplio al poder, ha sido absolutamente irracional 99% del tiempo.

La realidad es que el síndrome que padece Nin Novoa, lo sufren también muchos intendentes y dirigentes políticos de todos los partidos cada vez que se los deja en evidencia por abusos en el manejo de la cosa pública. Lo que no quieren entender estos jerarcas es que los tiempos han cambiado, y que la sociedad uruguaya no está dispuesta a tolerar el nivel de soberbia y dispendio de recursos públicos que hasta ahora se consideraba parte "normal" del juego político. De parte de nadie.

Para ejemplificar, volvamos al canciller y a su "explicación". Según Nin Novoa, se requería un veterinario en su entorno para "coordinar con el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca los temas sanitarios y arancelarios", agregando que "yo preciso que atiendan a 44 países concurrentes que tenemos, que no tienen embajadas en Uruguay, con los que tenemos negociaciones por habilitaciones". "Yo no puedo hacer un concurso para tener a una persona a mi lado que no sé qué orientación filosófica y política tiene, manejando temas internos del ministerio. Personal de confianza es personal de confianza", sentenció.

Por más vehemencia y enojo que ponga en sus palabras, lo que dice Nin Novoa no tiene pies ni cabeza. ¿Se necesita un veterinario para coordinar con el MGAP? ¿Qué sabe un veterinario de temas arancelarios? ¿No tiene la cancillería gente idónea en temas comerciales de este tipo? Las respuestas son obvias.

Pero hay otra serie de preguntas todavía más incómodas a hacerle al ministro. ¿Necesita alguien de confianza política para manejar temas de habilitaciones y arancelarios? ¿Necesita que quien maneje estos temas sea de su misma orientación "filosófica y política"? ¿Por qué? ¿Qué parte de la coordinación de negociaciones sanitarias tiene que ver con filosofía y política?

Acá solo hay dos respuestas posibles. La primera, que la Cancillería, que debería velar por los intereses de todos los uruguayos, se ha convertido en un nido de intrigas sectoriales del FA, por lo cual Nin Novoa siente que no puede confiar en muchos de los funcionarios que ya trabajan en la cartera. Si ese es el caso, el Canciller debería primero denunciarlo y cambiarlo, no traer más gente de afuera a costo del contribuyente.

La segunda, es que todo es un cuento, y que se trata de un favor que se hace para darle una mano al hijo del asesor del jefe que está en la mala. Como antes se hizo al aspirante a yerno, y con tantos otros. Como hay intendentes que contratan a toda la familia cercana, o le suben el sueldo a la pareja, etc., etc., etc.

Todo esto era medianamente tolerable hace unos años, cuando había recursos, cuando la sociedad tenía otras preocupaciones, cuando no había tanta facilidad para que se difundiera este tipo de información. Eso ya no es más así.

La sociedad uruguaya está hoy particularmente sensible a este tipo de abusos, esta podrida de que le tomen el pelo, y de pagar impuestos suecos a cambio de servicios africanos, para que su dinero se termine escurriendo en sostener a una clase política que no solo cobra ya de por sí altos sueldos comparados a la actividad privada, sino que además pretenda acomodar a su familia aprovechando su autoridad transitoria.

No es un clima de enchastre ni de antipolítica. Es cansancio ante los abusos. Un cansancio sano, constructivo, que es de esperar sea bien leído por la clase política. Y que si no, tendrá un costo altísimo en las urnas.

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