EDITORIAL

Una de cal y otra de arena

De los dos mensajes recibidos de organismos internacionales la semana pasada, el gobierno recibió uno con gusto y el otro con disgusto. Se trata de los comentarios que hicieron directivos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) sobre la política económica del Frente Amplio en los últimos años.

Los comentarios que agradaron al equipo económico fueron los de Alejandro Werner, director del FMI para el hemisferio occidental, quien destacó la situación de Uruguay y la calificó como "una de las mejor posicionadas" para afrontar la crisis regional. Según él, nuestro país conservará "su salud financiera y económica" pero eso sí, "haciendo un esfuerzo más grande que en el pasado porque no se puede alcanzar lo mismo con el mismo esfuerzo en un entorno más difícil", lo que equivale a avisarnos que hay que seguir ajustándose el cinturón. Werner también elogió "el ajuste fiscal como medida paliativa ante la desaceleración de la economía regional".

Esas opiniones fueron vertidas en una conferencia internacional titulada "América Latina: reformas estructurales para impulsar el crecimiento económico" celebrada en Montevideo y organizada por el FMI y el gobierno uruguayo. Por nuestro país habló el presidente del Banco Central, Mario Bergara, quien no pudo ocultar su satisfacción al escuchar las palabras de Werner, al igual que otros representantes del Poder Ejecutivo presentes en la reunión. Satisfacción que la mayoría de la gente obviamente no comparte vista la advertencia del director del BM de que se exigirán esfuerzos todavía mayores.

Sorpresas te da la vida, dice una vieja canción, y vaya si esto se aplica al espectáculo brindado por un gobierno del Frente Amplio que organiza actividades conjuntas con el FMI y se solaza con los elogios que sus directivos le prodigan. Hasta hace poco más de una década el Fondo era mala palabra en la mesa ejecutiva del FA, en los comités de base, en la bancada de legisladores de izquierda y entre los aspirantes frenteamplistas a manejar la economía del país. Ahora, de golpe, no solo se amigaron con esa institución tan vilipendiada por los progresistas sino que se les infla el pecho de orgullo cuando reciben sus alabanzas.

¡Y atención! Son alabanzas por el ajuste fiscal perpetrado por el gobierno frentista con el aumento de tarifas y los inevitables recortes presupuestales a los cuales se añadirá a comienzos de 2017 la aplicación de las dolorosas nuevas franjas del impuesto a los sueldos. Piensen por un momento que si los elogios del FMI se hubieran destinado al gobierno de un partido tradicional el FA, el Pit-Cnt y la troupe izquierdista habrían incendiado la pradera.

De todos modos, las sonrisas ante los dichos del director del FMI no duraron mucho porque en seguida, otra conferencia, en este caso la organizada por el Banco Mundial, fue portadora de un mensaje que desagradó al equipo económico uruguayo. Es que el economista jefe de ese banco para América Latina y el Caribe, Augusto de la Torre, englobó a Uruguay entre los países que en la última década se beneficiaron con un crecimiento basado en la suba de los precios de los "commodities". Dijo que esos países aumentaron mucho el gasto público y alentaron un incremento excesivo del consumo interno. Refiriéndose específicamente a nuestro país, el ejecutivo del BM dio a entender que faltó capacidad de ahorro y que no se aprovecharon correctamente "las ganancias inesperadas" por los altos precios de los bienes exportados. Todo lo cual es verdad.

A diferencia del caso anterior, estas afirmaciones levantaron protestas en la delegación compatriota. Mario Bergara y sus asesores defendieron durante la conferencia la gestión del gasto público realizada en los últimos años. Uno de los argumentos utilizados es que se invirtieron muchos recursos en "bajar la pobreza", lo que podría explicar apenas una porción del déficit superior al 3.5% dejado por el gobierno de José Mujica, pero no justificarlo en su totalidad ni disimular el despilfarro registrado en empresas públicas como Ancap, el engorde de la burocracia estatal con 60.000 nuevos funcionarios o la ausencia de indispensables obras de infraestructura.

Una de cal y otra de arena: complacidos con el FMI y descontentos con el BM. Así, los miembros del equipo eco-nómico de este gobierno de izquierda mostraron cuánto valoran el veredicto de los organismos financieros internacionales sobre su gestión. Esos mismos organismos que ellos despreciaban cuando estaban en la oposición y gobernaban los partidos tradicionales. Cambia, todo cambia.

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