EDITORIAL

La caída del turismo

El tema es que en esos años de mayor crecimiento turístico, la gestión de Kechichian fue excesivamente ensalzada por toda la izquierda. En vez de asumir con humildad que lo que ocurría era sobre todo consecuencia de decisiones coyunturales económicas en Argentina.

La recepción de turistas internacionales en el verano de 2019 bajó con relación a 2018: hubo 29% visitantes menos. Se trató de la segunda caída más importante desde 2002. Y es una estadística que muestra a las claras que el autobombo de todos estos años de la gestión de la ministra Kechichian era solamente eso: propaganda sin sustento real alguno.

Los datos de la evolución estructural del turismo internacional son conocidos porque son estudiados por la Organización Mundial del Turismo (OMT). Por un lado, hay una perspectiva de mayor movimiento turístico en todo el mundo, con crecimientos diferentes por zonas geográficas pero casi siempre positivos. Según los datos de la OMT, Sudamérica en este sentido no es la excepción, con un aumento por ejemplo de un 6% entre 2014 y 2015, y con una perspectiva de crecimiento de largo plazo de más del 4% por año hacia el horizonte 2030.

Por otro lado, se sabe que cuatro de cada cinco llegadas de turismo internacional en el mundo tienen su origen en la misma región. En este sentido, el destino Uruguay depende mucho entonces de lo que ocurra con los movimientos turísticos de nuestra región, y en particular con los de Argentina. Cuando en 2016, por ejemplo, Uruguay como destino turístico creció muchísimo, fue sobre todo y antes que nada gracias al impulso que vino desde la vecina orilla: fueron, como se recordará, los cambios económicos de la por entonces novel administración Macri, que nos beneficiaron enormemente porque mejoraron la predisposición argentina a viajar al exterior.

El tema es que en esos años de mayor crecimiento turístico, la gestión de Kechichian fue excesivamente ensalzada por toda la izquierda. En vez de asumir con humildad que lo que ocurría era sobre todo consecuencia de decisiones coyunturales económicas tomadas en Buenos Aires, el oficialismo alabó a la ministra y a su equipo como si hubieran sido ellos los grandes forjadores de ese crecimiento turístico internacional que benefició al país.

El autobombo pasó por decir que la gestión de Kechichian había logrado fijar una especie de posicionamiento diferencial del Uruguay en el mercado argentino, y que las publicidades, los viajes y los trabajos institucionales del equipo de su cartera eran el gran factor explicativo de tanto éxito y crecimiento.

Sin embargo, ya en ese entonces cualquiera que estudiara más en detalle los datos de esos años sabía que la realidad era bastante menos exitosa para la gestión del Frente Amplio en el poder que lo que la izquierda quería hacernos creer.

Por un lado, en 2004 éramos el tercer destino en el ranking de países del continente según llegadas de turistas internacionales, y en 2014 habíamos pasado a estar en el quinto lugar. Por otro lado, si bien es cierto que en 2014 recibíamos más turistas que en 2004, en esa década Chile y Perú, por ejemplo, habían hecho mejor las cosas, y habían ganado más mercado que nosotros.

Finalmente, con relación al boom de turistas argentinos de 2016, mientras que los argentinos que viajaron a otras partes del mundo extendían sus estadías, los que lo hicieron a Uruguay en realidad disminuyeron el largo de sus vacaciones.

En este sentido, la fuerte caída de 2019 se explica sobre todo por el factor argentino, que esta vez jugó en contra, ya que la crisis económica del vecino país hizo que muchos potenciales turistas con destino Uruguay no dispusieran de ingresos como para poder tomarse un descanso en verano. Así las cosas, la llegada de argentinos cayó un 40% en el primer trimestre del año en la comparación 2018- 2019.

Quizá sea ir muy lejos afirmar a partir de estos datos que el verdadero ministro de turismo es el tipo de cambio, es decir, las ventajas competitivas comparadas con respecto al dólar en Argentina y en Uruguay que hacen que resulte más barato o más caro para centenares de miles de argentinos de clase media poder tomarse unos días de vacaciones en nuestro país. En realidad, además de ese factor precio decisivo, importan también las activas políticas de turismo que destaquen nuestra plaza en la región y en el mundo. Se trata en definitiva de intentar captar un turismo regional cada vez más tentado por otras opciones de calidad en el continente, y un turismo mundial que aprecie conocer destinos emergentes como el nuestro.

Pero en cualquier caso, lo que está claro con esta gran baja turística de 2019 es que el peso de la circunstancia argentina, para bien o para mal, siempre nos es desequilibrante. No hay que creérsela: la gestión de Kechichian nunca fue descollante.

Ni antes, ni ahora.

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