EDITORIAL

El caballo de Atila

Déficit fiscal similar a la crisis de 2002, la educación y la asistencia social con generosos presupuestos que no paran el auge de la delincuencia y una sociedad que ha sido vaciada de valores marcan la tónica del Frente Amplio.

Atila, rey de los hunos —un pueblo nómade de cazadores y ganaderos— conquistó gran parte de Europa Oriental allá por el siglo V de nuestra era y estuvo a punto de hacer caer al Imperio Romano que se debatía en su etapa final. Se le recuerda como paradigma de la destrucción y la leyenda decía que "por donde pisa el caballo de Atila, no vuelve a crecer la hierba".

Tras doce años de gobiernos frenteamplistas, la sensación que hay —sobre todo al influjo de la presidencia de Mujica— es bastante parecida: muy poco queda de la época de bonanza y para salir adelante el gobierno ha tenido que recurrir al argumento del ajuste fiscal, la suba de tarifas y prender velitas a la inversión extranjera para que llegue al país de la mano de UPM. El déficit fiscal trepó a un 3,7%, similar al del 2002 el año de la gran crisis. El dinero que debería haber en caja ha desaparecido o lo desaparecieron.

Las administraciones del Frente han dilapidado alegremente recursos que no le pertenecen. Hiere y mucho a la sociedad ese manejo irresponsable de millones y millones de dólares que se esfumaron de Ancap, Pluna, el Fondes y otras aventurillas menores. Desde que el FA alcanzó el gobierno, el número de funcionarios públicos aumentó en 70.000 aproximados. Son sueldos y beneficios que el Estado debe pagar y el Estado paga con los recursos que extrae a los ciudadanos, no tiene otra.

La educación y la asistencia social han fracasado en su cometido de integrar a los sectores más carenciados y desde hace años somos testigos de un crecimiento de la delincuencia y la existencia de búnkeres inexpugnables en algunos barrios donde campean y mandan las bandas de narcotraficantes

Pero la destrucción más grave es en la pérdida de valores y la decadencia ética. Han vaciado de ellos a la sociedad. El gobierno da el ejemplo: miente y engaña impunemente. No hay respeto hacia los ciudadanos. Y no es solo Mujica con el "como te digo una cosa te digo la otra".

Tenemos un vicepresidente que durante años engañó a la gente con una carrera y un título de licenciado en genética que nunca tuvo. Mintió. Pero también mintió la senadora Topolansky cuando dijo que había visto ese título que nunca existió. ¿Y qué decir de todo el Frente Amplio cuando sobre ese tema acusó al periodismo de "menoscabar la imagen y credibilidad de integrantes del gobierno como así también debilitar la institucionalidad democrática del país"? ¿Cuál era el objeto de uno y de otros al decir lo que dijeron?

El gobierno ha hecho gárgaras con el interés de China en firmar un TLC con Uruguay. O sea, ellos abren sus mercados para productos uruguayos y Uruguay abre sus mercados para producto chinos. Un disparate, solo "humo" para justificar un viaje del Presidente a ese país, como quedó claro en el mes de diciembre, cuando por decreto del Poder Ejecutivo se limitó las compras por Internet a solo tres. Salvo que cuando ingresen los productos chinos solo se puedan adquirir tres. Y entonces, ¿para qué firmar un TLC con China? ¿Cuál puede ser el interés de China en firmar un TLC con Uruguay?

"El operativo fue un éxito", dijo el ministro Bonomi tras la suspensión del último clásico. Y uno se pregunta ¿se nos cree tan pobres de aspiraciones que se nos invita a aplaudir un hito del bochorno nacional? ¿Donde la diferencia entre la vida y la muerte de un policía radicó solo en la mala puntería de quien arrojó una garrafa de 13 kilos?

Lo peor, es que lo de Bonomi fue superado: cuatro pacientes de un total de trece de una ONG de Salto murieron cuando se los trasladó a un centro de Montevideo por decisión del Mides. La ministra Arismendi concurrió al parlamento, defendió los traslados y anunció que continuarán, porque la forma que se atiende a los pacientes en esa ONG no se ajusta "al nuevo modelo o paradigma"… ¿El nuevo paradigma? ¡Por favor!

El Presidente de la República quiere tener avión propio para sus traslados y otras yerbas. Está en su derecho. El problema es que el Tribunal de Cuentas de la República, organismo constitucional con específicas funciones de contralor y legalidad del gasto, observó la compra, lo que provocó el malhumor público del Ministerio de Economía y del Ministerio de Defensa. No se trata de si hay "fundamento" para el gasto como dijo Astori, sino si se respeta o no el dictamen del Tribunal de Cuentas. Es el Presidente de la República, así de simple.

Podíamos seguir; lo cierto es que si el gobierno sigue empujando hacia el deterioro de los valores en una sociedad que ya viene bastante cascoteada, Atila y el Frente Amplio cabalgarán con el mismo resultado. O ya lo hicieron.

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