EDITORIAL

Los bueyes y la carreta

El discurso de cierre de la Expo Prado del presidente de la Asociación Rural suele ser tema de conversación por varios días. Y esta vez no fue la excepción. Aunque el tono personal y reflexivo que le imprimió esta vez Gabriel Capurro llevó a que tomara algunos días hacer un análisis en profundidad del mismo. La conclusión es que el alerta que emitió a través suyo el sistema productivo nacional, debería ser escuchado en este año electoral, más por los ciudadanos de a pie que por los dirigentes políticos tradicionales.

Muchos se sorprendieron por el formato del discurso de Capurro. Lejos de las consignas impostadas, del lenguaje técnico, de los gritos y reclamos airados, se trató casi de un diálogo del jerarca con los presentes. Y a través de ellos, con toda la sociedad. Y el mensaje no podía quedar más claro: un país que no brinda a sus ciudadanos un ambiente favorable para trabajar y producir, es un país que se cava la fosa y condena a su gente a la pobreza y a vivir de las dádivas públicas. Es, como bien dijo Capurro, “poner la carreta delante de los bueyes”.

Para empezar, dio un dato potente como pocos: “Se gasta mucho. Pasamos de US$ 3.000 millones de gasto a más de US$ 18.000 millones en 15 años”. Imagínese el lector lo que significa esta cifra, vista así fríamente. El Estado extrae todos esos recursos al país productivo con el fin de cumplir sus cometidos básicos. Está claro viendo la calidad de los servicios públicos, que no lo logra. Y ni siquiera le alcanza, ya que pese a esa formidable catarata de dinero fresco que le ingresa, hoy sigue gastando cada año un 5% más de lo que produce todo el país. ¿A dónde va toda esa plata?

Aún más grave que eso es el impacto que esta sangría de recursos genera en el tejido productivo genuino. Porque el costo que le significa a la economía absorber esa carga pública, hace que nada de lo que se produce en Uruguay pueda competir con el mundo.

Capurro señaló algunos ejemplos muy claros como el arroz, un sector con “la mayor productividad y calidad del mundo”, intensivo en mano de obra, y que este año va a plantar la menor área de los últimos 25 años. También mencionó a la lechería y la agricultura, donde los empresarios invirtieron millones en tecnología para una mayor productividad y sin embargo hay escenarios adversos. “Todos sacamos músculo, menos el Estado que sigue acumulando grasa”, afirmó Capurro.

El dirigente gremial se metió también con los prejuicios nefastos que desde el partido de gobierno se siguen alimentando para dividir a la sociedad entre buenos y malos, entre oligarcas y trabajadores. “Más del 80% de los socios de la ARU son productores de menos de 1.000 hectáreas, considerados medianos y pequeños productores”. Y recordó, seguramente para alegría de la ministra María Julia Muñoz, que su familia estudió siempre en instituciones públicas.

Sin embargo, denunció el clima tóxico que el gobierno ha impreso a las negociaciones laborales. “Nos retiramos de los Consejos de Salarios no por problemas con los trabajadores rurales, todo lo contrario”. Expresó que “ojalá el salario rural fuera más alto. No queremos ser competitivos en base a salarios bajos de los trabajadores, pero para que los trabajadores ganen bien a las empresas les tiene que ir bien”. “No queremos salarios bajos. Pero salarios altos y dólar bajo es pan para hoy y hambre para mañana. Es la carreta delante de los bueyes, y cuando ponemos la carreta delante de los bueyes, la carreta se para. Lo primero es la competitividad”, afirmó.

También se metió con dos temas que no tienen el suficiente destaque en la discusión pública: la concentración de la tierra y el despoblamiento del campo. “En los últimos 18 años se produjo la mayor concentración de tierras de los últimos 120 años en el país”, informó. Y “nos estamos quedando sin productores, y sin gente en el campo no hay futuro”, alertando que menos del 5% de la población de Uruguay vive en el campo, lo que significa menos de un habitante por kilómetro cuadrado, cuando en Italia hay 80, en Alemania 61, en España 21… “estamos muy mal”, afirmó Capurro.

Podríamos seguir y seguir, ya que se trató de una oratoria que duró más de una hora y media, recargada de conceptos y datos reveladores. Pero hay un dato clave para cerrar este comentario. Capurro mostró que los productores rurales no son un grupo de ricachones despectivos, que lucran del sudor de las peonadas, como ha querido sembrar en el imaginario colectivo el partido de gobierno. Es gente como cualquiera, que quiere producir y que el país prospere. Y si el agro no prospera, como reza el tradicional dicho, el país entero perecerá con él.

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