EDITORIAL
diario El País

Los buenos y los malos

El video difundido en las últimas horas por el ministerio del Interior no deja lugar a dudas.

Los incidentes ocurridos en la Plaza Seregni hace unas semanas estuvieron en las antípodas de ser una salvaje represión policial contra unos pacíficos tamborileros, tal y como denunciaron livianamente casi todos los dirigentes influyentes del Frente Amplio.

Como ya ha ocurrido al menos en cuatro o cinco ocasiones desde que asumió el nuevo gobierno, los principales dirigentes de la oposición salen destempladamente a acusar a la Policía de represiva y violenta, sin siquiera esperar a ver cual es la realidad de los hechos. Pasó con aquel funcionario municipal que denunció haber sido abusado, ocurrió con aquel malabarista que molestaba a la gente con machetes... etc, etc, etc.

La gran pregunta que cabe hacerse a esta altura es cómo dirigentes políticos con experiencia, y con antecedentes de responsabilidad política de primer nivel, siguen teniendo estas reacciones, que ponen seriamente en cuestión su sentido del ridículo.

Se podría atribuir el fenómeno a la frustración tras haber perdido el poder luego de 15 años. O al hecho de que han perdido el “músculo”, el hábito de ejercer el rol opositor. Pero, francamente, esas explicaciones dejan gusto a poco. Tiene que haber algo más. Para eso, nada mejor que hacer lo que los dirigentes del FA, o “de izquierda”, como gustan autodefinirse sus ideólogos afines, hacen demasiado poco. Esto es leer la prensa y a los autores que no piensan como uno. Tratar de entender el marco mental en el que se mueve la gente que luego hace estos comentarios tan delirantes y alejados de la realidad.

Por ejemplo, esta semana se publicó en La Diaria una columna de una abogada de nombre Laura Fernández, que se define como dirigente de Fuerza Renovadora, el nuevo grupo liderado por Mario Bergara. Bajo el sugerente título de “Del odio no se vuelve”, se pueden hallar allí todos los clichés que marcan la forma de pararse ante la realidad de la nueva generación de dirigentes del FA.

Bajo un absolutamente falso postulado de buscar eliminar la llamada “grieta” política, lo que se hace es dividir maniqueamente a la sociedad entre buenos y malos. Entre solidarios amantes de la igualdad, y los reptilianos defensores de la “bocanada restauradora”. Una postura que la autora no titubea en definir como “anti pichi”, “anti pobre”, “anti joven”. Una visión a la que acusa de mentir sobre las políticas asistenciales, de ejercer el miedo y la mano dura, de “confundir los problemas sociales con problemas policiales”. Su gran argumento autocrítico es que “la izquierda” comete un error en atacar a “los militares” o a “la Policía”, porque en general se trata de gente humilde que se gana su sueldo en esa tarea. Un descubrimiento que rivaliza con el de Cristóbal Colón.

Los videos sobre lo ocurrido en plaza Seregni vuelven a dejar en falsa escuadra a una dirigencia opositora que sigue replicando discursos binarios infantiles, y que no termina de asumir que una mayoría de la sociedad optó libremente por otra propuesta.

No conforme con esto termina reivindicando la “ética gramsciana” (!!!), y edulcora todo el texto con referencia a letras de murgas, a Saramago, y en general todo con un tono sentimentaloide, binario, y con la complejidad de una novela de las 5, no apta para diabéticos.

La conclusión cuando uno lee este tipo de textos, que dominan los medios y las expresiones de los dirigentes opositores, es que o tienen un nivel de hipocresía bizantino, o realmente se la creen.

Realmente piensan que el mundo se divide entre buenos y malos de esa manera tan infantil. Que todo se trata de intenciones, de sensibilidades, y que de un lado del muro están los buenos y probos, y del otro los malos, represores, miliqueros, y fascistas. Como mucho, en el medio hay un grupo de gente ignorante, que se deja llevar por las tapas de los diarios y las noticias flechadas de los informativos. ¡Pavada de amor propio!

La realidad, claro, es muy diferente. Y es que luego de tres elecciones de darle poder absoluto al FA, y que no se resolvieran temas como la pobreza y la inseguridad, pese a los millones invertidos, la gente quiso probar otra cosa. Que muchos de quienes votaron el cambio son jóvenes, son gente humilde, y que son los que más sufrieron las consecuencias de los delirios mesiánicos de esta elite dirigencial tan pagada de sí misma. Que confundieron armar estructuras burocráticas millonarias, con ayudar a los pobres. Que creen que los conflictos sociales se resuelven con abrazos y flores. Y que creen que quienes no piensan como ellos o son malos, o son tan burros que se dejan manipular por los medios.

Mientras sigan mirando la realidad desde ese Olimpo clase B, arrullados por el sonido de las murgas compañeras y leyendo a teóricos del marxismo pre Muro de Berlín, el gobierno puede trabajar tranquilo.

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