EDITORIAL

Breve historia del Mides

El gran fracaso ha sido su conducción: Marina Arismendi, cargada de una ideología política perimida y obtusa (y a la que Vázquez nombró dos veces) no ha logrado otra cosa que asalariar la pobreza.

El Ministerio de Desarrollo Social fue creado en marzo de 2005, en los albores mismos de las administraciones frentistas. Su objeto fue enfrentar las consecuencias de la gran crisis (2002-2003). Contó con el respaldo de todo el espectro político y se le asignó un presupuesto inicial de US$ 67 millones. Hoy su presupuesto anda por los US$ 290 millones y en los 14 años de su funcionamiento el dinero asignado al Mides supera los 2.000 millones de dólares. El número de funcionarios del Mides alcanza los 1.500, sin contar a las numerosas oenegés que se contratan y operan como un brazo extensivo del ministerio. Marina Arismendi (Partido Comunista), ha estado al frente de él en las dos presidencias de Vázquez, mientras que Mujica se manejó con gente de otros sectores —como Daniel Olesker— pero que no se apartó de la tónica fundacional.

La primera presidencia de Vázquez y la de Mujica tuvieron a su favor la mayor bonanza económica de la historia como consecuencia de una coyuntura internacional formidable, donde los precios de los commodities alcanzaron cotizaciones excelentes. Con el viento a favor se aplicaron generosos planes asistenciales de ayuda social, que en las primeras de cambio tuvo buenos resultados. Lástima que poco después se vio que simplemente se había invertido en asalariar la pobreza, pero no en herramientas (educación sobre todo) para superar esa situación. Si alguien pensó que con el paso de los años se iba a reducir la pobreza y con ello el monto de la ayuda social, se equivocó feo: la realidad de hoy dice que en vez de disminuir la emergencia y sus necesidades han aumentado y, con esta gestión en el Mides, pintan para eternas.

El gran fracaso fue justamente la conducción: Marina Arismendi, cargada de una ideología política perimida y obtusa, no calificaba para el cargo, aunque Vázquez la nombró dos veces. De entrada nomás, apenas con un par de meses en el cargo, la flamante ministra buscó un protagonismo demagógico, desubicado y peligroso a raíz de un motín en la Colonia Berro del INAU, con toma de rehenes. El episodio ocurrió en la noche del 14 al 15 de junio de 2005 y sorpresivamente aparecieron en el lugar la ministra y el entonces senador comunista (actual embajador en Cuba) Eduardo Lorier: con el argumento de que se trataba de "mis gurises", desplazó a las autoridades naturales (incluso policiales) en las negociaciones con los amotinados, que estaban armados y concluyó con la fuga de los menores. El senador Lorier debió actuar como chofer de los fugados.

Con el paso del tiempo se vio que el Mides no despegaba. Sus denominadas políticas de reinserción social coincidían con el aumento en el consumo de pasta base, el crecimiento delictivo y los barrios copados. Hasta llegar a este Mides de hoy donde los datos de Educación y de Seguridad coinciden en su fracaso. Allí están los recreos donde los niños juegan con tiza molida a vender pasta base, o los menores que se han convertido en "perros" de los capos y dejaron de ir a clase, o los que fuman marihuana en horario escolar, mientras los docentes le disparan a los barrios marginales para enseñar y muchas veces ni siquiera el Estado ha llegado ahí.

Y en cuanto a la seguridad, ahí están las declaraciones del Director Nacional de Policía Mario Layera, de que la policía no accede a determinada información que tiene el Mides y que en definitiva el Estado se verá superado y nos espera un futuro como el de Guatemala o El Salvador. Y ahí están las declaraciones de Gustavo Leal, Director de Convivencia del Ministerio del Interior, de que "es muy fácil repartir, pero en algún momento hay que cortar el chorro y creo que llegó ese momento (…) No puede ser que se use al Estado para los beneficios sociales y después terminen procesados por narcotráfico, por extorsión y sigan cobrando. Ahí hay algo que no funciona".

Con ese panorama, no sorprende entonces que este Mides obtenga la opinión negativa del 48% de la población del Uruguay y solo un 38% a favor. No hay dudas de que los pésimos resultados de una gestión paupérrima e ideologizada juegan en contra y no hay dudas tampoco de que un cambio drástico en su conducción puede encauzar la ayuda social en forma correcta. En tal sentido han sido esperanzadoras las declaraciones Pablo Bartol, Director del centro educativo Los Pinos y asesor de Lacalle Pou que reclama un Mides que "realmente saque a la gente adelante (…) Este Mides ha burocratizado la asistencia social porque reparte la inversión en más de 60 programas y a cada uno solo le llega un puchito. Hay que sacar mucho cacique y poner más indios en la cancha".

Esperamos que un día se pueda escribir la segunda parte de la historia del Mides, con un final feliz.

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