EDITORIAL
diario El País

Biden versus Putin

Creíamos que la sarta de frases salidas de tono, por decir lo menos, a las que el Presidente Trump nos tenía acostumbrados habían terminado.

Se notaba en Washington un ambiente de moderación con una notoria diferencia de estilo cuasi aburrido, cuando su sucesor en la Casa Blanca lanzó un inesperado exocet verbal que tomó al mundo por sorpresa. Preguntado por un periodista de la prestigiosa cadena británica BBC, si consideraba que el Premier ruso Vladimir Putin era un asesino, sin eufemismo alguno Joe Biden contestó que sí.

Una opinión compartida al menos por medio mundo, por abundantes razones pero suena muy diferente y con una distinta connotación, si lo dicho proviene de labios del Presidente de Estados Unidos. Como era de esperarse, la resonancia abarcó al planeta, incluido el Kremlin. Desde donde el aludido, con el sarcasmo que le caracteriza le envió una respuesta que, dado de quien viene, hasta podría interpretarse como una amenaza, con los repetidos deseos de buena salud enviados al mandatario estadounidense.

Las crispadas relaciones con el Sr. Putin, curiosamente aceitadas en tiempos de Trump, vienen de larga data y las provocaciones también. Ante las sanciones impuestas por Estados Unidos tras el avance y posterior anexión de la península de Crimea, el ruso irónicamente respondió “nuestros misiles nucleares se mueren de risa frente a ellas”. Y en efecto, aunque la economía de ese país de espasmos imperiales es apenas más grande que España y es menor a la de Italia, su poderío nuclear es nada despreciable.

Puede llegar a afirmarse, sin demasiado temor a equivocarse, que nadie realmente concibe un enfrentamiento atómico debido a sus inconmensurables consecuencias, ni aún un personaje tan rocambolesco y sanguinario como el dictador de Corea del Norte, pero nunca se sabe el grado de superior locura al que puede llegar el desequilibrio de algún poderoso. La historia de la humanidad está regada de cadáveres que lo demuestran. Entonces, no deja de llamar la atención que quien gobierna a la gran potencia del norte trate sin rodeo alguno, de criminal al gobernante de otro país, a no ser que se esté directamente en guerra. Así ocurrió cuando Winston Churchill se lo echó en cara a Adolf Hitler. Pero estaban ya envueltos en una sangrienta masacre.

Aunque sus servicios de inteligencia le hayan confirmado el intento de muerte de Navalny, (otro más) ese valiente e idealista opositor que escapó de milagro a la muerte por envenenamiento y ahora se encuentra encerrado en lo que él mismo describe como un cruel campo de concentración, tras su quijotesco y principista regreso a su país, no parece prudente que el líder de una nación diga semejante cosa de otro. Si algo de este calibre no trae efectos mayores cabrá preguntarse si en la actualidad, (felizmente) es cuestión de observar cómo los dignatarios se gruñen y muestran los dientes, de un lado y otro del ruedo.

Las crispadas relaciones con el Sr. Putin, aceitadas en tiempos de Trump, vienen de larga data. Ante las sanciones impuestas por EE.UU. tras la anexión de Crimea, el ruso irónicamente respondió “nuestros misiles nucleares se mueren de risa frente a ellas”.

Sin embargo, esa crudeza del Presidente Biden le ha caído bien a gente como el Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Heiko Maas, quien elogió el “lenguaje muy claro de Estados Unidos hacia Rusia sobre su política en Siria o sus intentos de influir en las elecciones de su país”. Y lo cierto es que Biden debe tener buenos motivos para estar furioso con la repetición de ingerencia cibernética rusa en las elecciones norteamericanas. En los comicios del 2016, en apoyo de Donald Trump contra Hillary Clinton y el año pasado nuevamente, para que el candidato demócrata no llegara a la presidencia y volviese a gobernar el republicano, más afín a los intereses de Moscú, según se ha podido observar. Tal como escribiera, acertada y ocurrentemente, Claudio Fantini en su columna del jueves, Putin le envió a Estados Unidos un misil llamado Trump, de vasto poder destructor.

Cuando la apropiación de Crimea, Estados Unidos le aplicó varias sanciones, no solo a altas personalidades del entorno del Kremlin sino también de tipo económico que afectaron seriamente a la economía rusa debido a las restricciones a las exportaciones. Esto, sumado a la baja mundial de los precios del petróleo tuvo graves efectos y fue cosa seria la caída del mercado ruso en 2014. El miércoles, la Casa Blanca anunció que extendería las restricciones a la exportación de productos sensibles a Rusia y amenazó con sanciones a todas las entidades involucradas en el proyecto del gasoducto Nord Stream 2 entre Rusia y Alemania. Además de sanciones, para al menos 7 personas cercanas a Putin, y otro tanto ha determinado la UE.

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