EDITORIAL
diario El País

La batalla del Mides

El Mides fue el “mascarón de proa” de los 15 años de gobierno del Frente Amplio en el país. Y fue tal vez la prueba más contundente de sus virtudes, y de sus defectos.

La gestión iniciada por Pablo Bartol al frente de ese ministerio, no solo está logrando mejorar en muy poco tiempo la gestión y los resultados en ese rubro tan sensible. Sino que ha destapado acomodos y miserias de las gestiones anteriores, por lo cual viene recibiendo fuego cruzado de parte de la oposición.

Por eso es vital tener bien claro una cosa: lo que pase en el Mides en estos años, será un factor decisivo en cuanto al futuro de esta nueva era política que recién empieza en el país.

En las últimas horas, exjerarcas, militantes y dirigentes del Partido Comunista, sus satélites, y figuras mediáticas de esas siempre dispuestas a arrimar un poquito el hombro cuando hace falta a la causa, se han lanzado con todo contra el ministro Bartol. El objeto de sus pullas es un comentario del ministro sobre que hasta el café que se servía a los invitados en esas oficinas, estaba vencido. Detrás de esas supuestas humoradas, que buscan señalar que no se habría logrado encontrar mucho, de toda la corrupción y desmanejo administrativo que se denunció durante años en ese ministerio, hay intenciones muy claras.

Las mismas que mueven a un actor de lo más insólito que se viene activando en los últimos días con el mismo objetivo que los previos: los supuestos sindicatos de ONG que trabajaron durante años en el Mides, y que no están de acuerdo con los cambios en la forma de trabajo de esa cartera. Sí, como lo oye. Organizaciones no gubernamentales que se benefician de fondos y ventajas impositivas porque supuestamente trabajan sin fines de lucro para ayudar a los necesitados, protestan y amenazan con huelga porque no les gusta el cambio de sistema en el ministerio. Y son apoyadas por otros sindicatos como Fuecys, que se supone representa a empleados de comercio y servicios. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

No hace falta ser muy incisivo para darse cuenta de que estas ONG no protestan contra el cambio de forma de trabajo en el Mides. Su molestia es por el cambio de gestión política en ese ministerio, dejando en evidencia una de las denuncias más generalizadas durante el período electoral: que ese ministerio se aprovecha de las ONG para contratar de manera irregular a gente afín políticamente, y para derivar recursos a estas entidades aliadas, salteando los controles administrativos que tendrían si esas actividades fueran hechas por el propio ministerio con funcionarios presupuestados. Una especie de “tercerizaciones compañeras”, destinadas a estafar a la sociedad.

La realidad es que desde que asumió la gestión de Pablo Bartol, son numerosas las denuncias y descubrimientos de irregularidades que confirman todos los peores indicios en el Mides. Desde pagos por duplicado y contrataciones irregulares, hasta armas cargadas en cajas fuertes del ministerio. Desde depósitos llenos de productos de primera necesidad abandonados, hasta contratos con refugios que no respetaban los mínimos derechos de los que debían ser amparados.

Que en un ministerio creado para ayudar a los necesitados haya 60 kg de café vencido, o 150 kg de leche en polvo caduca, o 23 mil pañales pasados de fecha, lejos de ser chistoso, es una muestra lacerante de una forma de trabajar y de despreciar los dineros públicos.

El exjerarca del Mides Federico Graña acudió a las redes sociales para intentar hacerse el gracioso con el comentario de Bartol del café vencido. Lo que no es gracioso es que en un ministerio financiado por los uruguayos para ayudar a los que menos tienen, se den el lujo de tener 60 kilos de café vencido. O 150 kilos de leche en polvo vencida, o 23 mil pañales vencidos. La gente necesitada, y el contribuyente que pagó, no se están riendo mucho que digamos.

Lo que todo esto confirma es lo que siempre se sospechó. Que el Mides fue un gran experimento llevado a cabo por el Partido Comunista para hacer política menor, premiar a sus militantes con dinero de todos, y formar una estructura leal por fuera de los instrumentos administrativos legales. Y con todos los defectos que esta ideología liberticida y fracasada suele exhibir: burocracia idiotizada, fanatismo sectario, ineficiencia y desprecio por los recursos de todos.

Es vital tener claro qué está pasando en ese ministerio, y cuanto más se avance en destapar ollas podridas, y en cortar con prebendas y desvíos de dineros públicos, más gritarán la claque enardecida y sus satélites mediáticos. Porque son conscientes de lo que allí se juega. Su discurso durante años fue que eran los únicos preocupados por los pobres y sufrientes. Si se confirma que otros pueden ayudar a los que necesitan de manera más eficiente y sin coacciones ideológicas, su futuro político estará asegurado en el llano por muchos años.

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