Publicidad

Barack Obama, luces y sombras

El sueño americano de la igualdad de oportunidades encontró en Barack Obama su histórica victoria: un hombre negro, de origen humilde puede tener el sueño de convertirse en Presidente de los Estados Unidos y puede ver cómo ese sueño se hace realidad.

En pocos días, el presidente Barack Obama entregará el mando a su sucesor Donald Trump, poniendo fin a ocho años de mandato. Será la ceremonia oficial porque la despedida con los ciudadanos estadounidenses la realizó la semana pasada en Chicago, la ciudad que lo vio nacer en su carrera política, rodeado de su familia, sus principales colaboradores y sus amigos, con lágrimas de emoción y mucho reconocimiento a la ayuda recibida.

"Es bueno estar en casa. Esta noche es mi oportunidad para decir gracias; cada día aprendí de ustedes, ustedes me hicieron un mejor presidente y un mejor hombre", fueron las primeras palabras de una larga exposición donde alertó de las amenazas a la democracia y defendió la inmigración, la creatividad y la igualdad de oportunidades.

Justamente esa, la igualdad de oportunidades, encontró en Barack Obama su histórica victoria: un hombre negro, de origen humilde puede tener el sueño de convertirse en Presidente de los Estados Unidos y puede ver cómo ese sueño se hace realidad a caballo del sistema educativo. Como dijo el propio Obama cuando asumió la Presidencia: "Este es el significado de nuestra libertad y nuestro credo, por lo que hombres, mujeres y niños de todas las razas y todas las creencias pueden unirse en esta celebración y por lo que un hombre —a cuyo padre no hace ni 60 años quizás no le habrían atendido en un restaurante local— puede estar ahora aquí, ante vosotros, y prestar el juramento más sagrado".

Como todo presidente, la gestión política de Obama tuvo sus claroscuros. El gran legado para los estadounidenses, fue recuperar la economía del país, duramente golpeada por la crisis inmobiliaria que lo llevó a cifras solo conocidas en la Gran Depresión de 1929, a la que se sumó el abultado gasto de las intervenciones militares en el exterior de la era Bush que multiplicó la deuda externa. Para ello, apostó fuerte a los sectores de innovación tecnológica. De las cinco empresas más grandes en el área a nivel mundial, tres (Apple, Google, Microsoft) son made in Estados Unidos. Y tuvo bien presente fortalecer más el sistema educativo sostén y motor de este proceso.

Bajó notoriamente el desempleo, pero no pudo solucionar la situación de sectores medios y pobres que han visto estancados sus ingresos en los últimos 30 años y que ha llevado a que la situación de los blancos con educación incompleta sea similar a la de los afroamericanos a fines del pasado siglo. Un factor que costó la derrota a Clinton y al Partido Demócrata.

Buscó solucionar la angustiosa situación de la atención médica para los sectores pobres de la sociedad. Trabajó duro para instalar la ley de Cuidados de Salud (el Obamacare), una iniciativa que le dio muchos dolores de cabeza y que, tal vez, quede por el camino en la nueva administración. Por lo menos, eso es lo que dice por ahora Donald Trump.

No sin dificultades impuso su agenda social a través de una confrontada interpretación del aborto y el matrimonio homosexual, pero fracasó en su cruzada para lograr el desarme de los ciudadanos y atenuar los enfrentamientos raciales que se disparan periódicamente por la muerte de afroamericanos a manos de la policía y las reacciones de venganza.

En materia de política exterior, su gestión mantuvo el contraste de luces y sombras. Sin lugar a dudas que para la región el deshielo con Cuba abre perspectivas de paz. El embargo comercial era solo un elemento de condena internacional y seguir haciendo lo mismo y esperar obtener un resultado diferente parecía absurdo. Obama demostró su pragmatismo en materia de política internacional y dio los primeros pasos para terminar con el aislamiento del régimen castrista y, de alguna manera, perforar el Muro de Berlín levantado hace años en América.

Queda la cuestión de Siria y el terrorismo islámico. El primero plantea la duda de si su decisión de no bombardear al dictador Bashar Al Assad en 2011 hubiera evitado la sangría en que se ha convertido el mayor conflicto bélico (y de desplazados) de lo que va de este siglo. Y por otro lado, el compromiso y el empeño de que hizo gala en la persecución de AlQaeda por los ataques a los EE.UU. del 9 de septiembre de 2001 hasta la muerte de Osama Bin Laden que observó en directo, no tiene nada que ver con el nivel actual de la lucha contra el Estado Islámico.

Con un 53% de popularidad según las últimas encuestas, Obama deja la Casa Blanca como un presidente bien valorado y los ciudadanos con la certeza de que el sueño americano de la igualdad de oportunidades es mucho más que un sueño. El "Sí, se puede" que alentó su primera campaña presidencial le mostró a los Estados Unidos y al mundo que era verdad.

EDITORIAL

Publicidad

Publicidad