Editorial

De balsas y bañaderas

La lista seguiría hasta el infinito. Incluiría el déficit de 800 millones de dólares de la seguridad social, una muerte anunciada que no impidió que se inventara una costosa “solución para los cincuentones”, a cuenta del endeudamiento de por vida de sus hijos y nietos.

Con su habitual ingenio, nuestro columnista Ricardo Reilly Salaverri se refirió ayer al oficialismo frenteamplista como una balsa sin timón. Siguiendo con las metáforas de transporte, el diputado del MPP Alejandro Sánchez declaró a la periodista Valeria Gil de nuestro diario que solicitará al presidente del Frente "que alquile una bañadera (sic) y que suba todos esos nombres que son valiosos y salgamos a recorrer". Así alude a la catarata de precandidatos oficialistas que el gobierno anuncia un día sí y otro también, demostrando cuán concentrado está en la solución de los problemas del país y cuán ajeno a las ambiciones electorales…

La danza de nombres a veces resulta hasta divertida, sobre todo si quien da manija al organito es el expresidente Mujica, siempre ocurrente y contradictorio. En cierta forma, la bañadera del diputado Sánchez es un símbolo del andar lento y destartalado, a golpes de baches y volantazos, de un gobierno que desgobierna y que exhibe sus desavenencias internas con la impudicia de un reality show.

Un gobierno que sigue aumentando el gasto, y al mismo tiempo persiste en no asignar los recursos que demanda la puesta en marcha de la ley contra la violencia de género, uno de los flagelos más alarmantes del Uruguay de hoy. Se muestran muy preocupados con esto a nivel declarativo. Ninguno escapa a la puerilidad de decir "todos y todas", pero hablando en plata, nada hacen.

Es también un gobierno que se enfrenta a la academia, limitando un derecho básico de todo país democrático, al decretar la prohibición de difundir aquellos análisis de calidad del agua que no sean los oficiales.

Un gobierno que incumple la promesa voluntarista de asignar el 6% del PBI a la educación, pero ahora propone que la ANEP compre la planta industrial de Pili, una empresa fundida por el canto de sirenas chavista de otros tiempos. (Así quieren arreglar todo, siempre: con la plata de los contribuyentes).

Un gobierno que se declara derrotado en la batalla contra un puñado de malvivientes que asuelan algunos barrios, al punto de que los carteros del Correo agregaron el ítem "zona roja" a los comprobantes de correspondencia no entregada, ante el riesgo de ser rapiñados o asesinados en cumplimiento de sus funciones. Un gobierno que en lugar de proteger a los profesionales de la salud que asisten a esos barrios, estudia la propuesta de cambiar el color de las luces intermitentes de las ambulancias, ¡para que los narcos no las confundan con patrulleros!

Con una ministra de Desarrollo Social que nos acaba de aclarar, en una entrevista de Radio Uruguay, que las personas en situación de calle no son indigentes, y poco menos que son todos profesionales universitarios con problemas psicológicos. Es una perla más del collar de justificaciones inverosímiles, como aquella en que Arismendi explicó la proliferación de personas a la intemperie en que había malos uruguayos que dejaban sillones y sofás en la vía pública. O cuando el intendente Martínez atribuyó al aumento de consumo que hubiera contenedores desbordados de basura.

La lista seguiría hasta el infinito. Incluiría el déficit de 800 millones de dólares de la seguridad social, una muerte anunciada que no impidió que se inventara una costosa "solución para los cincuentones", a cuenta del endeudamien-to de por vida de sus hijos y nietos. O la sorpresiva marcha atrás con la aventura cannábica, según la cual ahora sí reconocen que deben hacer campañas deses- timulando su consumo, al ver cómo creció gracias a la promoción irresponsable que habían hecho en defensa de esa ley insólita.

En tal contexto de improvisación generalizada, un grupo de padres de escolares lanzó la idea de eliminar las moñas azules y cambiar las túnicas blancas por verdes, y el gobierno no encontró mejor ocasión de salir a refutar la idea por antipatriota.

Hay que reconocerles su gran capacidad de instalar debates frívolos, absolutamente irrelevantes, en vez de estar trabajando por una educación pública en serio, que no excluya a los más débiles sino que los ponga en condiciones de superar su desamparo.

Se dicen de izquierda, pero han logrado los peores resultados en políticas sociales, a pesar del viento a favor de la economía. Mataron su propio caballito de batalla. 50.000 empleos privados menos, 70.000 empleos públicos más.

Solo falta que suban a Raúl Sendic y Michelle Suárez a su inefable bañadera. Pero atención: pueden llegar a destino. Les sobran minutos de propaganda en televisión, obtenidos sin cargo alguno gracias a su propia ley de medios.

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