EDITORIAL

Balance en rojo

Es evidente que el presidente tiró la toalla y solo aspira a terminar su período sin que lo molesten mucho, y en eso se encuadra la estrategia de ganar tiempo haciendo anuncios tras anuncios, que nunca se concretan.

El 2017 comienza a despedirse y, como es habitual, con el fin del año llegan los balances personales, de las empresas y, también, el del gobierno. Resulta tremendamente desalentador ver lo poco que se ha hecho en lo que va de la administración Vázquez, y ni que hablar en el 2017.

No hay un solo proyecto concretado, una sola medida que haya mejorado la vida de los uruguayos, una sola obra que entusiasme.

Entre la inercia y la desidia, el gobierno parece estar terminando, cuando recién atravesó la mitad de su período.

Esta situación no sólo comprende al gobierno nacional, algo similar puede decirse de las empresas públicas y de la Intendencia de Montevideo. Por estos días el intendente Martínez anunció grandes proyectos para el 2018, en especial, uno importante de obras para la ciudad. No necesitaría mucho para destacarse; desde que gobierna el Frente Amplio no se ha hecho una sola obra de importancia en infraestructura en la ciudad que merezca recordarse. O mejor dicho, dada la experiencia de la única obra que realizaron, es mejor esperar que no hagan nada, como lo demuestra el tristemente célebre corredor Garzón. No solo costó millones de dólares a los montevideanos y resultó un verdadero monumento a la incompetencia más atroz que pueda imaginarse, también viene dejando un lamentable saldo de vidas en accidentes.

Los anuncios de Martínez no parecen creíbles porque llevamos dos años de promesas incumplidas. No es que extrañe demasiado dada la experiencia previa del intendente. Según Sendic, lo único que él hizo como presidente de Ancap fue seguir los planes dejados por Martínez, el que entonces vendría a ser el responsable intelectual del desastre protagonizado por la empresa estatal.

Lo mismo atañe a los distintos jerarcas del gobierno, desde el Ministerio de Economía, al de Obra Pública y al propio presidente de la República. Recientemente se anunció el tarifazo que nos aplicarán a partir de enero, con absoluta desconexión de la pérdida de competitividad que sufrimos y que estamos pagando en pérdidas de miles de puestos de trabajo y empresas fundidas. El Ministerio de Economía no ha tenido otra idea que seguir aumentando el gasto público como cuando la economía crecía al 5% y para mantener el déficit (porque no ha bajado desde que comenzó el actual gobierno) ha aplicado un ajuste fiscal atrás de otro, sin misericordia por el contribuyente.

Jamás se le ocurrió que alguna vez el ajuste lo podrían hacer los políticos, gastando menos de la enorme cantidad de recursos que dilapidan en asesores, adscriptos, choferes, secretarias, celulares, autos oficiales, viajes en primera, hoteles 5 estrellas y los múltiples privilegios de que disfrutan. Siempre la cuenta de la fiesta de los políticos la pagan los ciudadanos con más impuestos y mayores tarifas.

Como ciudadanos y contribuyentes tenemos que estar más alerta de esta situación. Falta mucha consciencia respecto a los derechos que tenemos por pagar impuestos y alimentar al fisco, a no ser esquilmados cada vez que el gobierno necesita más recursos.

El Ministerio de Obra Pública también es un típico ejemplo de cataratas de anuncios de planes que no se concretan. Basta recorrer el país y ver el estado de las rutas, si uno quiere confiar en el análisis clínico, o ver el informe sobre las obras por participación público-privada que se adjunta cada año a la Rendición de Cuentas, si se quieren ver los números. La nada misma es el saldo cuando a comienzos de la actual administración se había anunciado con bombos y platillos un plan de más de 12.000 millones de dólares. Pero debemos estar tranquilos, dicen que para el año que viene se van a concretar las obras...

Y, finalmente, debemos mencionar al principal responsable institucional de este balance negativo, que es el propio presidente de la República. No solo es evidente que tiró la toalla, que no le preocupa demasiado cuidar el futuro del país, como dejó en evidencia con la solución que propuso para el tema de los cincuentones y el contrato entreguista que firmó con UPM.

Es evidente que el presidente tiró la toalla y solo aspira a terminar su período sin que lo molesten mucho y en eso se encuadra la estrategia de ganar tiempo haciendo anuncios tras anuncios, que nunca se concretan. Desde las múltiples veces que hallaron petróleo, a la novedad de nuevas obras o algún tratado comercial. Triste e innegable realidad la de nuestro país, por la que el gobierno gana tiempo, aunque el tiempo lo está perdiendo el país.

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