EDITORIAL

La “autocrítica” de Astori

El principal responsable del manejo de la economía desde 2005 dice que se gastó mal, a lo que habría que agregar además cantidades nunca vistas de recursos extraídos del bolsillo de los uruguayos.

Una de las novedades de esta semana es la reaparición pública del Ministro de Economía Danilo Astori, oculto desde hace tiempo seguramente por los pésimos números que viene mostrando la economía uruguaya. El lector los conoce; economía estancada, pérdida de decenas de miles de puestos de trabajo, número récord de empresas en concurso superando al año 2002, aumento sideral de la deuda pública, entre otros.

Astori, fiel a su estilo, hizo una “autocrítica” que si fuera consecuente debería abandonarlo y no votarlo en la próxima elección. Reconoció que lo tomó la corrupción y que reaccionaron mal, que el gasto público se le fue de las manos y que se gasta mal y todo esto sin inmutarse, con cara de piedra. La misma cara con que critica las propuestas de la oposición por irresponsables cuando él es el mayor irresponsable de la historia contemporánea del Uruguay.

Vale la pena detenerse a diseccionar las declaraciones del ministro para comprobar qué tan tontos cree que somos los uruguayos. Según recogió ayer nuestra cobertura del acto de intento de resucitación del Frente Líber Seregni ante unas pocas decenas de personas, declaró Astori: “Sabemos que hicimos cosas mal. No hemos sabido manejar la calidad del gasto público. No avanzamos suficiente en seguridad y educación. La corrupción llegó también a nosotros y no la podemos permitir.”

Lo de la calidad del gasto es de Ripley. El principal responsable del manejo de la economía desde 2005 dice que se gasto mal, a lo que habría que agregar además cantidades nunca vistas de recursos extraídos del bolsillo de los uruguayos por un aumento asfixiante de la presión fiscal. Fiel a sus mejores costumbres, comenta la realidad como si estuviera en una tertulia radial y no tuviera la posibilidad de actuar sobre ella. ¿Para qué sigue en el cargo si reconoce su más absoluta impotencia? ¿Qué necesita, más tiempo? Difícil de entender una tomadura de pelo tan grande a los uruguayos.

Otra parte interesante de sus declaraciones es cuando reconoce que la “corrupción llegó a nosotros”, más viniendo del líder de un sector que le ha proporcionado al gobierno un buen porcentaje de sus corruptos y las sanciones brillaron por su ausencia. Es evidente que la corrupción está carcomiendo al Frente Amplio y al gobierno, mal que se agudiza con los años de permanencia en el poder. Y ante ello Astori no ha hecho absolutamente nada salvo, claro está, comentarlo como si lo estuviera viendo por TV.

Lo curioso del asunto vendría siendo cómo pide el voto para un partido que reconoce que llevó adelante políticas públicas que fracasaron estrepitosamente, que se gastaron mal los dineros de los uruguayos y que fue cercado por la corrupción. Es indudablemente un análisis para un psicólogo, o un psiquiatra, no para un editorialista.

Astori también brindó una entrevista de prensa a Radio Monte Carlo el lunes en que se despachó con otros comentarios memorables. En primer lugar cuestionó el programa de gobierno de Lacalle Pou y, en particular, el shock de austeridad propuesto que prevé ahorrar unos 900 millones de dólares anuales. En segundo lugar acusó al economista Ignacio Munyo de actuar con motivaciones políticas por su análisis de la evolución del producto. Las dos cosas, bien miradas, son improcedentes.

Quien desde 2007 no emboca una previsión de déficit fiscal y dejará al país con una deuda histórica tiene el tupé de cuestionar un programa de gobierno serio que, como se desprende de sus palabras, no leyó. En el shock de austeridad previsto en el programa del sector Todos se especifica rubro a rubro y monto a monto de dónde saldrá el ahorro. Astori se escuda en que el gasto público no se puede tocar, a lo que aplica que lo que uno no es capaz de hacer se piensa que tiene validez universal. En otras palabras, Astori evidentemente no pudo, hay otros profesionales más capaces que piensan que sí se puede.

Atribuirle intenciones a un economista profesional y solvente como Ignacio Munyo, cuando realizó un análisis técnico en un evento académico y es respaldado por muchos de sus colegas, también es un desliz inaceptable. El ministro, sencillamente, no tiene derecho de atribuir intenciones, menos aún a quien actúa profesionalmente y con ánimo de mejorar el debate público.

En definitiva, el ministro Astori termina reconociendo la ineptitud y la corrupción de su gobierno, al tiempo que critica sin argumentos a quien ose cuestionar su versión oficial del relato económico. Triste final para un hombre que en su juventud debe haber aspirado a contribuir a hacer un país mejor.

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