EDITORIAL

Astori es la renovación

Astori terminará una vez más apoyando a un candidato que propone exactamente lo contrario a lo que piensa, hipotecando la suerte del país y comprometiendo su futuro. Y aceptará un nuevo cargo en la próxima administración si gana el FA.

El fin de año y el comienzo del 2018 trajeron algunas noticias de interés para lo que será este año preelectoral, pero en el que, como es tradición en nuestro país, se marcará la grilla de partida para la contienda. Desde filas del oficialismo y de la oposición se dan señales y se fijan plazos, con el mundial como mojón insoslayable.

En el último viernes hábil del 2017 el Ministro de Economía Danilo Astori anunció en el programa radial En Perspectiva que decidirá en marzo o abril —antes del mundial— si será precandidato a la presidencia. La definición de Astori es importante porque sería la primera ficha que se comenzaría a mover en la interna del oficialismo para definir a su candidato presidencial.

Al mismo tiempo, Astori realizó una ofensiva de prensa para marcar posiciones que vale la pena analizar porque señalan desde dónde piensa darle vida a su eventual postulación. El eje elegido, aunque pueda parecer curioso o incluso paradojal, es el de la renovación. El hombre que fue dos veces ministro de Economía y vicepresidente de los gobiernos del Frente y que cuenta hoy en día con 77 años se presenta a sí mismo como la renovación. Dice mucho también de su nuevo empeño presidencial que sea él mismo el que tenga que proponerse a falta de otras personas (y ni que hablar sectores) que lo impulsen.

Lo cierto es que, dentro de su propio sector, el Frente Líber Seregni, no existe consenso que oficie de plataforma de lanzamiento de la candidatura de Astori. Existen otros posibles postulantes como el presidente del Banco Central Mario Bergara o el canciller Rodolfo Nin Novoa que ya dudan del liderazgo de Astori e incluso legisladores de Asamblea Uruguay que reconocen por lo bajo que embarcarse en la candidatura del actual ministro de Economía sería directamente sacar pasaje en el Titanic.

No solo Astori fue derrotado las dos veces que se presentó como precandidato en la interna del Frente Amplio, primero con Vázquez y luego con Mujica, sino que las actuales circunstancias también complican su postulación dado el pronunciado descenso en su nivel de popularidad.

Basta ver la última encuesta sobre simpatía y antipatía de los líderes políticos difundida por la consultora Equipos para verificar que su estrepitoso descenso solo es superado por el récord Guinness de Raúl Sendic.

Astori, demostrando una vez más su candor adolescente, creyó que el apoyo que Mujica le había manifestado a la pasada en una recepción esta vez era real. "Choricés" de economista, diría el propio Mujica, es confiar en su respaldo. Mujica, como hizo en su anterior candidatura, marea a sus potenciales rivales, los tira sobre el candelero y los quema para quedar él, finalmente, como la única alternativa. Esta vez seguramente esté haciendo lo mismo, complementado por declaraciones vacías plagadas de lugares comunes donde jura y perjura que no será candidato. Exactamente igual que la vez que terminó siendo candidato y posteriormente presidente.

También es interesante que Astori busque posicionarse como la renovación. Dado que por razones naturales no puede hacerlo desde la novedad o desde la edad, lo hace desde el posicionamiento ideológico corriéndose hacia la derecha. Así es que acusa de antiguos a quienes se oponen al tratado de libre comercio con Chile y llama a una renovación en consonancia con la realidad mundial. De nuevo, Astori repite la fórmula que lo llevó al fracaso las veces anteriores, alejándose de la base militante y sectorial mayoritaria de su partido y tendrá como consecuencia los mismos resultados.

¿En que terminará este nuevo intento electoral de Astori? Indudablemente en el fracaso porque su popularidad es más baja que en los anteriores intentos, porque no lo apoya ni su propio sector y porque ha elegido una estrategia equivocada. ¿Qué terminará haciendo Astori? Apoyando una vez más a un candidato que propone lo contrario a lo que él piensa, hipotecando la suerte del país y comprometiendo su futuro para seguir teniendo un cargo en la próxima administración si triunfa el Frente Amplio.

Es indudable, sin embargo, que Astori sí representa la renovación en un sentido inequívoco. Es la renovación de la más siniestra estrategia de ser útil a quienes lo desprecian para agregar un nuevo cargo a su entrada en la Wikipedia. La renovación de la claudicación a llevar adelante sus ideas por un cómodo sillón. La renovación de cargar con la insoportable levedad del ser con que la historia reconocerá sus deméritos para con el país.

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