Editorial

Aratirí, Mujica y el FA

El proceso de Aratirí en el país dejó un largo rosario de episodios que son elocuentes sobre cómo maneja el Frente Amplio los grandes temas y, sobre todo, esa ruleta rusa que fue Mujica presidente.

La demanda de Zamin Ferrous, grupo que impulsó el proyecto minero Aratirí, sacudió el tablero político. No es para menos, reclama 3.356 millones de dólares por daños y perjuicios a raíz de un cambio indebido de reglas de juego; una suma que aparece como letal para la economía uruguaya.

Si bien hay coincidencia en todos los Partidos de que son muy escasas las posibilidades de éxito, no deja de ser una preocupante amenaza porque ningún juicio está ganado de antemano, como dijo el senador Bordaberry. A diferencia de lo ocurrido con la demanda de Philip Morris (era por US$ 25 millones y terminó pagando US$ 7 millones por concepto de gastos del demandado y del tribunal), aquí no hay argumentos de fondo sobre vida y salud de la población, sino que tiene un marcado y prácticamente exclusivo perfil comercial.

El mismo Bordaberry, duro crítico del acuerdo que suponía la explotación minera a cielo abierto, explicó que no advierte mayores elementos que puedan considerarse responsabilidad del Estado en los perjuicios invocados por Zamin Ferrous. Más bien "muchos de los cambios a la legislación fueron para favorecer a medida a Aratirí". Ojalá tenga razón.

El proceso de Aratirí en el país dejó un largo rosario de episodios que son elocuentes sobre cómo maneja el FA los grandes temas —Aratirí representaba el desafío de romper el molde tradicional de Uruguay país agropecuario— y, sobre todo esa ruleta rusa que fue Mujica presidente.

1) Aratirí surgió a la luz a mediados de 2011, pero ya existía desde 2007 (primer mandato de Vázquez) y había sido ocultado en el más absoluto secretismo mientras se negociaba. Nadie se enteró de su existencia hasta que asumió como cabeza de Aratirí en Uruguay el expresidente de la Administración Nacional de Puertos (2005-2010) y actual Director de Desarrollo Ambiental de la IMM, Fernando Puntigliano. El principal motivo fue actualizar el Código de Minería del año 1982 para contemplar la minería de gran porte.

2) Aratirí manejaba una inversión de 3.000 millones de dólares (la mayor inversión privada en el país), que incluía la planta donde se trituraría la roca para extraer por imanes (no productos químicos) el hierro, embalse de relave de agua, el mineroducto de agua doble para transportar el producto (el mismo líquido que lo lleva vuelve luego al embalse) de una extensión de 212 kilómetros hasta las costas de Rocha, donde se instalaría un puerto de aguas profundas para barcos contenedores.

3) Se procesarían por año 55 millones de toneladas de roca para extraer 18 millones de toneladas de hierro (un 30%) y se explotaría durante un lapso de 20 años. El precio de mercado era de US$ 170 la tonelada de hierro, aunque cinco años antes se situaba en US$ 60. El cálculo de lo que se podía percibir se ba-só en una cifra promedio y conservadora.

4) El proyecto Aratirí contemplaba una ocupación de unas 1.500 personas en forma directa, en tanto unas 15.000 se beneficiarían en forma indirecta.

5) El presidente Mujica estimó que quedarían para las arcas del Tesoro unos 500 millones de dólares anuales.

Con todo, aparecieron críticas de productores agropecuarios, sectores ambientalistas y vecinos del interior que veían como una amenaza el proyecto. Allí apareció Mujica en todo su esplendor: un día habló de someter el tema a un plebiscito consultivo, al otro que lo iba a decidir solo el gobierno, al otro que iba a consultar al pueblo para decidir qué hacer con el dinero y al otro que lo iba a guardar para cuando cambiaran los vientos económicos favorables. Incluso también planteó que el Estado uruguayo se convirtiera en socio de Aratirí. En ese divague, comenzaron a correr los días y los meses, como ocurre con UPM-2

Algo parecido sucedió con el puerto de aguas profundas; que "yiraba" entre las zonas de La Angostura o del Palenque en Rocha, en tanto el propio Mujica calificaba de "roñosos" a los ambientalistas. A todo esto, el informe de la Dirección Nacional de Medio Ambiente sobre el proyecto nunca se conoció y aún se desconoce (si existe).

Con ese panorama, Aratirí se fue lentamente diluyendo, ayudado por la baja del precio del hierro en el mercado internacional, hasta que perdió todo interés y se fue. Desapareció el proyecto, pero quedó aquella frase de Mujica de que "Si no se multiplica la riqueza, no hay qué repartir" y ahora esta demanda.

Sobran motivos al senador Jorge Larrañaga y a toda la oposición para reclamar una urgente interpelación. Una espada de 3.356 millones de dólares se balancea amenazante sobre las cabezas de todos los uruguayos.

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