editorial

La aplazada televisión digital

Desde la llegada al gobierno del Frente Amplio los temas del "apagón analógico" y el tránsito hacia la televisión digital con la consiguiente mejora del servicio, estuvieron siempre en el candelero.

El problema es que desde el primer gobierno de Tabaré Vázquez hasta hoy la resolución del asunto ha sufrido reiteradas postergaciones pese a la fijación de fechas precisas en las cuales debía ocurrir el pregonado cambio de sistema.

Todo empezó alrededor del 2006 cuando se supo que los cuatro socios del Mercosur acordaron adoptar de forma conjunta la norma europea de televisión digital desechando las ofertas de Estados Unidos y Japón. En 2007 Vázquez firmó un decreto consagrando esa solución y tiempo después se estableció que en 2010 se haría el gran cambio para beneficio de los televidentes uruguayos. Después de mucho hablar del asunto, Vázquez delegó su definición en el gobierno entrante, el que a la postre presidiría José Mujica Era previsible que ese traspaso traería problemas.

Y así fue. A poco de asumir, persuadido por el gobierno brasileño, Mujica torció la disposición de su predecesor al elegir la norma japonesa en vez de la europea. Lo mismo resolvieron los otros socios del Mercosur. El presidente Lula jugó sus cartas tras cerrar un ventajoso trato con Japón que incluyó el montaje en Brasil de una planta de semiconductores y fuertes rebajas en los precios. En su "estribo" fue Uruguay en medio de las advertencias sobre la necesidad de prepararse para recibir las señales digitales, ya fuera contratando a una empresa de cable, comprando una nueva TV con decodificador incluido o simplemente adquiriendo un decodificador. Todo eso sucedería desde el día del "apagón analógico" en el cual los televisores quedarían cegados, una perspectiva que resultaba alarmante para el conjunto de la población, en especial para los hogares de menos recursos sin acceso al cable.

Después de muchas vueltas, el gobierno de Mujica, al igual que su antecesor, terminó posponiendo el día tan temido. Así fue que en 2013, a la vista del cúmulo de problemas sin resolver sobre el "encendido digital" se estipuló de manera oficial que el cambio en los televisores quedaba para el 21 de noviembre de 2015. Otra vez, una administración frenteamplista, incapaz de solucionar el dilema, prorrogaba las definiciones y se las trasladaba al siguiente gobierno. Así, como un boomerang, el tema volvió a manos de Vázquez para lo que debía ser su resolución definitiva.

Al comenzar el actual período de gobierno se aseguraba que habría un subsidio para que los sectores de menos recursos pudieran comprar los decodificadores y acceder a la nueva tecnología. Era una noticia para tranquilizar un ambiente conmovido por las críticas a la vigente ley de medios generadora de incertidumbre en el sector de la comunicación audiovisual. A ello se sumó un fallo del Tribunal de lo Contencioso Administrativo que barrió con un decreto del gobierno de Mujica por el cual se llamó a interesados en operar los canales de televisión digital.

Con tantos contratiempos de por medio y con adjudicaciones del formato digital ya definidas, el gobierno aplazó nuevamente el "apagón analógico" que no se hará el próximo 21 de noviembre sino en fecha indeterminada y posiblemente lejana.

La tan prometida llegada de la televisión digital con su consiguiente mejora en la calidad de imagen y sonido así como en la cantidad de canales que pueden recibirse queda otra vez para más adelante, quizás para la próxima administración. Posibilidades del nuevo sistema como la interactividad, es decir conexiones de ida y vuelta incluida internet, seguirán como modernos sueños de futuro.

Como en tantos otros de sus proyectos, el Frente Amplio se quedó en las palabras, carente de capacidad realizadora. A dos gobiernos de esa coalición política —y quizás a tres— con la televisión digital le pasa lo mismo que con la recuperación del ferrocarril, la construcción del puerto de aguas profundas, la llegada de la minería de gran porte o las sustanciales rebajas del IVA que algún día llegarían. Mucho ruido y pocas nueces, características típicas de la falta de seriedad con que la izquierda gobernante encaró estos y otros temas.

Otros países, más o menos ricos que Uruguay, ya universalizaron la televisión digital para beneficio de sus habitantes. Aquí, en tanto, se siguen contratado asesores, creando comisiones y hablando hasta por los codos del asunto para terminar traspasándole la responsabilidad al gobierno siguiente. ¿Se hará lo mismo otra vez?

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