EDITORIAL
diario El País

Eso fue apenas la primera prueba

La intendenta de Montevideo Carolina Cosse pasó la prueba. Pero eso no quiere decir que resolvió el problema. Nos referimos a que por primera vez en muchos años, logró que en las de fiestas de fin de año, se hiciera la correspondiente recolección de residuos.

Hasta ahora, y durante décadas, esos días fueron de terror. Lo normal era que la basura se amontonara en forma fantasmal en torno a los contenedores y que por días nadie la recogiera.

Si el año anterior nadie se atrevió echárselo en cara, fue porque había asumido su cargo apenas unos días antes.

Esta vez, en cambio, puso manos a la obra e hizo lo que sus antecesores siempre debieron hacer: recoger los residuos.

Lo curioso es que las redes sociales festejaron el hecho como si fuera un logro extraordinario que solo una intendenta frentista podía realizar.

No fue un logro: hizo lo que correspondía hacer. De todos modos, como nadie lo venía haciendo en años anteriores, no está mal reconocer que ella sí se tomó en serio esta misión.

La celebración de los frentistas en las redes no deja de ser curiosa. Festejan porque lo hizo una frentista. Sin embargo, quienes fracasaron año tras año en las fiestas anteriores, fueron también intendentes frentistas. Ante ese hecho imposible de desmentir, la bulliciosa celebración parece algo exagerada. Una dosis de pudor hubiera venido bien.

De todos modos, la intendenta debe tener claro que lo que resolvió correctamente es la recolección en esas fechas críticas, pero la basura sigue siendo un tema pendiente. Todas las soluciones probadas desde 1990, cuando se intentó cumplir con la promesa de terminar con aquellos terribles basurales endémicos, no sirvieron para nada. Tan solo mutaron la definición de basural endémico.

Han pasado más de treinta años desde entonces y el viejo problema, que se manifiesta de modos diferentes, sigue tan campante como antes.

Carolina Cosse logró que por primera vez desde 1991 se recogiera la basura a fin de año. Pero, el verdadero desafío que enfrenta es una ciudad sucia, que por ese motivo se vuelve fea. Para encontrar soluciones hay que pensar en serio en mecanismos sin perjudicar al vecino.

Hay gente que recorre los contenedores uno a uno, revuelve la basura, se lleva lo que quiere y el resto lo tira afuera. Ya no son aquellos carritos tirados por caballos (tal vez haya menos), ahora vienen a pie, en bicicleta o en motocicleta. Y en cada contenedor que recorren, dejan un tendal en la vereda.

He ahí el primer gran problema. Hasta ahora ningún intendente desde que se instaló el sistema, se animó a resolverlo.

En consecuencia, existen tantos basurales endémicos como contenedores hay en Montevideo. Se calcula que la Intendencia tiene unos 13.000 distribuídos por la ciudad: son 13.000 basurales.

Los contenedores además, están puestos delante de las puertas y ventanas de casas donde vive gente. Esa gente debe convivir con la basura, con su olor, con las moscas y las condiciones higiénicas que eso significa.

Si se calcula que hay por lo menos cuatro casas afectadas por la cercanía de un contenedor, son no menos de 52.000 los domicilios directamente perjudicados por el sistema. Y si se calcula que en cada domicilio hay por lo menos tres habitantes, son 156.000 las personas afectadas. Se trata, claro, de un cálculo muy elemental: el numero seguramente es más alto.

El sistema de contenedores demostró ser salvaje, primitivo y cruel. Para quien tiene uno frente a su casa, es una pesadilla sin fin. Nadie le sacará esa maldición. En la Intendencia parecería ser que buena parte de sus jerarcas no tienen uno tan cerca.

Para colmo, los contenedores no resuelven el problema. Perjudican a mucha gente y siguen siendo fuente de micro basurales. Como dijimos, 13.000 de ellos repartidos por toda la ciudad.

En la medida que la ciudad es sucia, se vuelve fea, se hace desagradable vivir en ella y por cierto escandaliza a los turistas que nos visitan.

Ese es el verdadero desafío que enfrenta Carolina Cosse. Uno mucho más grande que el que superó, para las fiestas. Es más profundo y por cierto muy difícil de erradicar.

Para encontrar soluciones hay que ponerse a pensar en serio, ofrecer mecanismos eficaces sin perjudicar a los vecinos y también ser severos a la hora de sancionar a quienes deliberadamente ensucian la ciudad.

Ser severos no solo quiere decir anunciar medidas de rigor, quiere decir aplicarlas. Quien revuelve la basura y la esparce por las veredas debe saber que lo están mirando y que será apercibido. Hoy le da la mismo porque tiene muy claro que a nadie le importa.

Hasta ahora ni los intendentes del primer período democrático, ni los que vinieron después (todos frentistas) lograron dar con una solución. Pero la situación ya no permite más demoras.

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