Editorial

Y apareció Bolsonaro...

No vienen mal algunos cambios en el Mercosur. Una posibilidad es que en vez de una Unión Aduanera, ambicioso proyecto que nunca funcionó como tal, se baje un escalón y se llegue a una propuesta más pragmática, de creación de una zona de libre comercio.

Esta semana en nuestra capital tuvimos también nuestros vallados. A ciertas horas, circular en las inmediaciones del ex Parque Hotel, hoy sede del Mercosur, estuvo complicado. Aunque a decir verdad, a años luz de lo ocurrido en la vecina orilla. Cuando Buenos Aires juntó a tantos primeros mandatarios de todo el mundo, incluidos los peces más gordos, como Mr. Trump, el Presidente de Estados Unidos, la todavía primera potencia mundial y a Xi Jimping, el enigmático Premier de China, país que viene comiéndole los talones a Uncle Sam.

La reunión en Montevideo de los presidentes de Uruguay, Paraguay, Brasil y Argentina tenía como gran motivo el traspaso de la titularidad del bloque que hasta el momento estaba en manos de Tabaré Vázquez, al Presidente argentino, Mauricio Macri. Pero esta instancia no era una simple situación protocolar, sino que elementos removedores hoy sobrevuelan a los mercosurianos. La inminente llegada de Jair Bolsonaro al Palacio del Planalto el 1° de enero ha sido una turbonada de proporciones, por lo que en el vecindario todos se encuentran expectantes.

Es cierto que ya empezaron a notarse novedades en el ambiente al cambiar el sesgo político del gobierno argentino, tras el suceso de Cambiemos que logró algo casi impensable; destronar al peronismo y a los kirchneristas. Luego en Paraguay, sobrevino el éxito de Mario Abdo Benítez sobre Efraín Alegre, su rival de izquierda. En el bloque se terminó la concordancia ideológica izquierdista y se produjo una situación de empate, mientras el PT (Lula y Dilma) gobernaba en el otrora imperio lusitano. Pero en la actualidad solo va quedando en Uruguay el Frente Amplio y tal vez, no por mucho tiempo a juzgar por los vientos que soplan. Aunque lo de hacer vaticinios más vale dejárselo a Casandra, la sacerdotisa de Apolo.

La arremetida electoral del hasta no hace mucho ignoto legislador de pasado militar, ha sido como un tsunami cuyo fuerte oleaje ha traspasado fronteras y también golpea contra las barreras del Mercosur. Nadie sabe a ciencia cierta qué pensar y las señales son contradictorias. Si bien una de sus futuras ministras se despachó abruptamente en contra el Tratado, por otro lado Bolsonaro eligió para comandar el Ministerio de Hacienda a un "Chicago boy." Aunque no tan "boy", Paulo Guedes es reconocido como un hombre de ideas liberales y por lo tanto, más partidario del libre mercado que del proteccionismo. Más allá de que pueda no ser esa la inclinación de ciertos poderosos sectores industriales brasileros, como por ejemplo el automotor, que ha conseguido muy buenos beneficios en la zona. Y el propio Guedes ha hecho cierto ninguneo del Mercosur, al declarar que no se trata de algo que tenga mucha importancia para Brasil.

Lo peor es que si vamos a los números, es la pura verdad. Al tiempo que los negocios intra Mercosur mueven unos US$ 40.000 millones, para Uruguay representa un 30% de su comercio, para Paraguay un 40%, para Argentina un 25% y para Brasil solo un 9%.

En el actual panorama, ante la incertidumbre que provoca Bolsonaro con el estilo políticamente incorrecto que le llevó a ganar en las urnas, no faltan los augurios negativos, tanto en la prensa, como en los sectores políticos y en parte de la sociedad, pero también existe el peligro de caer en el simplismo de hacerle un identikit que lo confunda demasiado con Mr. Trump. Más allá de que tienen puntos en común.

En ánimo de no ver el medio vaso vacío y sino el medio lleno, se puede pensar que no viene nada mal que se produzcan algunos cambios en el tratado del Mercosur y que haya una modernización del mismo. Una posibilidad es que en vez de una Unión Aduanera, ambicioso proyecto que nunca funcionó como tal, se baje un escalón y se llegue a una propuesta más pragmática, de creación de una zona de libre comercio. Esto abriría las puertas a sus integrantes para poder hacer negociaciones país por país. Y si no, recordemos el malhadado episodio cuando el canciller brasileño Amorim viajó hasta Montevideo, para acompañar las presiones que ya estaba haciendo por su parte el ministro uruguayo Reynaldo Gargano, de Relaciones Exteriores, de triste memoria, para torpedear el TLC con Estados Unidos que apoyaba entusiastamente el ministro Danilo Astori, quien fue derrotado como tantas otras veces, por esa ceguera ideológica que aún afecta a mucha gente del FA, tales como el diputado Groba, cuyo pensamiento cavernario y totalitario es de esperar que no prospere. Aquello fue una oportunidad perdida, muy grave, que nos pateó décadas hacia atrás.

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