EDITORIAL

180 años del Partido Nacional

Un día como hoy hace 180 años, el General Manuel Oribe, presidente constitucional de la República, decretó el uso para el Ejército Nacional de la divisa blanca con la inscripción "Defensores de Las Leyes".

Poco después se enfrentaban por primera vez en el campo de batalla blancos y colorados, aunque no podían presagiar entonces, quienes vieron su último sol en Carpintería, que eran protagonistas del acontecimiento histórico del surgimiento de los dos partidos tradicionales de nuestro país.

Los blancos con el tiempo, fueron forjando una idiosincrasia propia, construida por la sedimentación de los acontecimientos, más que por el designio de algún hombre. Sin desconocer los antecedentes del artiguismo y el lavallejismo, es innegable que fue Manuel Oribe, no solo el fundador del Partido Blanco sino quien le imprimió a la colectividad naciente algunas características que le serían indisociables, como el quisquilloso apego a la legalidad y el amor a la independencia nacional y la soberanía. Oribe fue también el primer estadista del Uruguay independiente. Su gestión de gobierno fue ejemplar en todo sentido y sentó las bases del Estado nacional con visión de futuro.

Luego de los tumultuosos tiempos de la Guerra Grande el país emerge de la crisis política y económica con un extraordinario presidente blanco que fue Juan Francisco Giró. Temprano artiguista, comprometido con la cruzada libertadora, constituyente de 1830, hombre del Cerrito y electo presidente en 1851 por una Asamblea General de mayoría blanca, Giró merece ser recordado en este aniversario dentro de la mejor historia del Partido Nacional.

Otro hito de la construcción de la identidad blanca fue el gobierno de Bernardo Berro, uno de los mejores presidentes de nuestra historia. Su obra modernizadora, de neto cuño liberal, es una fiel representación del partido en el gobierno. Su colofón con la invasión de Venancio Flores al servicio del Brasil y la Argentina y el gobierno provisorio de Atanasio Aguirre, le dieron particular dramatismo a esta etapa coronada con el sacrificio de Leandro Gómez en Paysandú. La defensa de Paysandú, máxima expresión de la defensa de la soberanía, eleva la figura de Leandro Gómez a héroe nacional.

Cuando el partido blanco pasa a ser el Partido Nacional al calor de la fuerza de la juventud idealista de 1872, los valores fundamentales se ponen en negro sobre blanco con la primera carta orgánica redactada por Juan José de Herrera, Agustín de Vedia y Francisco Lavandeira. La trágica muerte de Lavandeira cuando el golpe de 1875 lo convertiría, además, en un mártir de la Libertad.

La gesta de Aparicio Saravia, bajo las insólitas consignas de voto limpio y secreto y la representación de las minorías, es uno de los episodios más extraordinarios de nuestra historia. Una revolución que nunca fue por el poder sino por ideales y garantías para todos, es lo más blanco que pueda pedirse.

La Asamblea Constituyente de 1916, donde brilló Washington Beltrán y en la cual también participaban Aureliano Rodríguez Larreta y su hijo Eduardo, logró plasmar las conquistas democráticas por las que luchó Saravia. Luis Alberto de Herrera le dio al Partido Nacional vocación de gobierno y el armazón intelectual que recogía la ya larga historia partidaria. Los nacionalistas independientes, abrevando en la misma fuente, le dieron su propia tonalidad al partido. Los colegiados surgidos de las elecciones de 1958 y 1962 modernizaron al país.

Wilson Ferreira también es un símbolo de esta historia, reformulando al partido dentro de su tradición en 1971, resistiendo a la dictadura y pagando todos los costos políticos imaginables por poner el interés nacional antes que cualquier otro, en tiempos de la restauración democrática.

Un último hito que merece recordarse es el gobierno de Luis Alberto Lacalle. La impronta modernizadora, liberal y de verdadero avance social que distinguen a ese gobierno nacionalista, recogió la mejor tradición de Oribe, Berro y los colegiados. Esta humilde evocación pretende resaltar que el tronco es fuerte y la rama es alta porque la raíz es honda y sana. Más aún, dentro de esta hermosa tradición nacional, popular y liberal se encuentra no solo una visión de nuestra historia sino una cargada de futuro.

Las mejores páginas del Partido Nacional se escribirán en los próximos años, y lo harán los hombres y mujeres que parados sobre hombros de gigantes, sepan adaptar los valores inmutables con los desafíos urgentes de los tiempos nuevos. ¡Felices 180 años Partido Nacional!

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