EDITORIAL

Año de esperanzas

No hay dudas de que el ciudadano común se hartó del Frente Amplio. Se cansó de pagar tanto impuesto y recibir servicio tan malo. Se cansó de que le metan la mano en el bolsillo para financiar la nada.

Se inicia mañana 2019. Siempre un año electoral es importante en la vida del país: porque en libertad y soberanamente el pueblo decide el rumbo que quiere seguir por cinco años más. Pero este 2019 en particular es además un año de esperanzas mayores.

En efecto, 2019 enfrenta unas perspectivas electorales que son completamente novedosas con respecto a las últimas dos décadas nacionales: por primera vez desde las elecciones de 1994 el Frente Amplio está recibiendo en distintas encuestas de opinión pública menos del 40% de intención de voto, es decir, menos apoyo que el que obtuvo a partir de 1999 y del cual nunca se bajó. También por primera vez desde 1994 la figura predominante de la izquierda, el actual presidente Vázquez, tiene por delante un futuro de retiro político. Además, las otras dos figuras sustanciales de estos años frenteamplistas en el poder, Astori y Mujica, tampoco tendrán protagonismo en la fórmula presidencial de la izquierda, por lo que el oficialismo concurrirá a estas elecciones sin las grandes figuras proselitistas que le dieron tanto resultado en estas dos décadas.

Todos estos cambios de opinión y de oferta electoral abren naturalmente un tiempo de esperanzas. Pero hay algo más importante aún que las ratifica: la sensación que todo el mundo tiene de que el Frente Amplio está agotado y que es hora de dar posibilidad a una alternancia partidaria en el poder. Se podrá atribuir a un potente viento regional que ha echado por tierra los proyectos izquierdistas del continente, o se podrá privilegiar la explicación nacional del desgaste propio de tres gobiernos con mayoría parlamentaria absoluta y resultados de gestión muy malos. Pero lo cierto es que la sensación está allí y bien extendida.

El propio slogan del precandidato Martínez así lo admite: “el nuevo impulso”. Es evidente que el Frente Amplio se quedó sin impulso: su candidatura pretende brindarle otro. Y ahí está la clave del agobio que la izquierda genera en la opinión pública: ¿qué de nuevo puede aportar Martínez, que participó activamente en el desbarranco de Ancap, que ha sido gran sostén de estos gobiernos y que no ha podido resolver nada, absolutamente nada, de los principales problemas de un Montevideo que dirige desde 2015? Más profundo y más sencillo: ¿qué nuevo impulso puede traer un dirigente socialista incapaz siquiera de marcar un perfil propio, digno y distinto con respecto a la inefable decisión de su partido de sostener las vergonzosas acciones de su figura histórica y espía internacional Vivián Trías?

Algo similar ocurre con Cosse, la otra precandidata de mayor peso frenteamplista. Pretende ser la novedad y conjugar el verbo del mayor protagonismo del género femenino en política. Pero su mayor visibilidad ocurre por un Antel Arena que se construyó con enormes sobrecostos y contrariando el criterio del Tribunal de Cuentas: se trata de un nuevo caso Sendic-Ancap, en el sentido de la utilización de dineros públicos para una carrera política personal. ¿Y qué novedad puede aportar Cosse cuando afirma que Cuba es diferente, y por tanto no la considera una dictadura, y que Maduro fue electo por el pueblo, por lo que tampoco hay dictadura en Venezuela? Si esa es la renovación democratizadora de Cosse, hay sobrados motivos para que la opinión pública le dé la espalda.

Finalmente, entramos en un año de esperanzas porque hay consciencia clara y extendida de que no podemos seguir así. Tocamos fondo en educación pública y popular, con nuestros jóvenes que aprenden poco y mal; en inseguridad, con la tasa de homicidios más alta de la historia del país; y en los daños a un sistema productivo nacional que precisa con urgencia cambiar de rumbo económico para poder enderezar el barco del mayor empleo y más competitividad.

La sensación que deja este 2018 es que la gente se hartó. Obviamente, no se cansó el militante frenteamplista de siempre, ese que enfrenta la vida política con espíritu religioso y que cree que Trías trabajó por el bien de la Patria o que Maduro es un demócrata. El que se hartó es el ciudadano común y corriente, el de nuestras clases medias que se cansaron de tanto impuesto y de tanto mal servicio. Ese uruguayo común y corriente que constata cómo la gente joven de su familia ha emprendido nuevamente el camino de la emigración internacional para poder salir adelante, porque el país de los gobiernos frenteamplistas le niega un futuro mejor entre los suyos.

Se abre un año de esperanzas. Ojalá el pueblo tome las riendas de su destino y cambie para mejorar. Feliz 2019.

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