EDITORIAL

Aniversario de dos magnicidios

Al cumplirse medio siglo de sus asesinatos, en Estados Unidos y en el mundo se recuerda a Martin Luther King y a Robert Kennedy, dos figuras relevantes de una época de convulsión y violencia.

Estados Unidos se apresta a conmemorar el cincuentenario de dos asesinatos que conmovieron a ese país y al mundo: los de Martin Luther King y Robert Kennedy. Ambos magnicidios, cometidos en abril y junio de 1968 respectivamente, tuvieron vastas consecuencias sociales y políticas en un país atormentado por la segregación racial y la guerra de Vietnam. Consecuencias que todavía se hacen sentir.

King no había cumplido 40 años cuando fue ultimado en Memphis, Tennessee, por un fanático racista. Por entonces era una figura emergente como líder del movimiento por los derechos civiles de los afroestadounidenses y como activista contra la intervención yanqui en la guerra de Vietnam. Pastor de la iglesia bautista empleó —a lo Gandhi— medios no violentos para sentar su protesta por la situación de pobreza y discriminación que padecían sus hermanos de raza, algo que resultó decisivo para que se le concediera el Premio Nobel de la Paz en 1964.

Templado en las acciones de protesta en los estados sureños en donde desafió —y fue víctima— de la brutalidad policial, la figura de King alcanzó su mayor dimensión con la "Marcha sobre Washington por el Trabajo y la Libertad", en agosto de 1963. Allí, ante el edificio del Congreso, rodeado por una multitud pocas veces vista, pronunció su célebre discurso que incluía una frase que perduraría: "Yo tengo un sueño". En los años siguientes buena parte de los derechos reclamados por su movimiento se convertirían en las leyes de derechos civiles y de derecho al voto.

Soportó varios atentados, entre ellos el ataque de una mujer que lo acusó de ser un jefe comunista y le lanzó una puñalada que rozó la aorta de King y estuvo cerca de matarlo.

Varias veces fue encarcelado y sometido a tratos humillantes, pero eso no lo apartó del camino iniciado ni del método de la no violencia. En su actividad sin tregua por los derechos civiles, abril de 1968 lo encontró en Memphis apoyando una huelga de los basureros, en su mayoría negros, que reclamaban por salarios y un trato más digno.

Allí, en un motel, el 4 de abril fue baleado en la garganta por James Earl Ray, uno de los tantos racistas que detestaban su prédica. Su asesinato levantó una ola de motines en más de 100 ciudades del país. Más de 300.000 personas, entre ellas representantes del gobierno, asistieron a sus funerales. Su nombre fue reivindicado por todo lo alto y el tercer lunes de enero de cada año fue declarado fecha patria en Estados Unidos en honor a la memoria de King.

Miembro de una célebre familia de la política norteamericana, Robert Kennedy, hermano menor de quien fuera presidente de Estados Unidos, John Kennedy, fue un defensor del movimiento de derechos civiles encabezado por King desde su cargo de Fiscal General de Estados Unidos que asumió a comienzos de la década del sesenta.

Fue un asesor directo de su hermano John en instancias tales como la crisis de los misiles en Cuba, al tiempo que como Fiscal logró éxitos resonantes en el combate contra el crimen organizado. Tras el asesinato de John, abandonó ese cargo para ser electo senador por Nueva York. Desde el senado discrepó con el entonces presidente Lyndon Johnson por la conducción de la guerra de Vietnam y mantuvo su solidaridad con la causa de los negros sureños.

En 1968, en el apogeo de su carrera, se lanzó a competir en las primarias demócratas para ser candidato a la presidencia de Estados Unidos. El éxito lo acompañó en varios Estados incluida California, su mayor victoria en junio de ese año. Allí, en un hotel de Los Ángeles, tras hablar ante sus seguidores en un ambiente de festejo, recibió un balazo mortal de Sirhan Bishara Sirhan, un hombre joven de ascendencia palestina quien dijo haber obrado por su cuenta. Mucho se habló, al igual que en el caso de su hermano, de un complot organizado para ejecutarlo por fuerzas de extrema derecha o por grupos mafiosos. De esa manera, a los 42 años, en la cima de su popularidad, terminó abruptamente su carrera cuando aumentaban sus perspectivas de alcanzar la presidencia del país.

Cincuenta años después su nombre sigue vigente. En estos días, el partido demócrata designó a Joseph Kennedy, nieto de Robert, como el congresista que deberá contestar el discurso sobre el Estado de la Unión que pronunciará Donald Trump en la jornada de hoy. Si bien es un gran espaldarazo para la carrera de un joven político es también un homenaje a su abuelo Robert, ya que el discurso de refutación al presidente es una distinción personal de gran significación.

Martin Luther King y Robert Kennedy, dos nombres para recordar en este año 2018.

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