EDITORIAL

Angela Davis y Escohotado

Dos visitas que conmovieron Montevideo dejan en claro las derivas bien distintas que puede tener un intelectual. Mientras Davis sigue diciendo lo mismo que hace 40 años, Escohotado se ha animado a desafiar sus dogmas y con ello a enriquecer a la sociedad.

Esta semana, Uruguay tuvo dos visitas importantes. Dos visitas de figuras legendarias de la cultura popular de los sesenta y setenta, que bien podrían solidificar la leyenda de que a nuestro país la gente clave llega siempre 30 años tarde. Pero que a poco que se profundiza se puede ver esa afirmación no siempre es verdad.

La primera que arribó a suelo patrio fue la activista afro estadounidense Angela Davis, quien según la información oficial fue invitada por un grupo de organizaciones feministas con financiación de la Unión Europea. Davis es un icono del movimiento negro de los años 60 en Estados Unidos, y su vida es un testimonio vivo de esa conflictiva década.

Nacida en Alabama en plena época de la segregación, fue parte de un programa que permitía a jóvenes negros asistir a escuelas integradas del norte del país. Allí empezó una densa carrera académica que la llevó de Massachusetts a Frankfurt, y que hoy le concede uno de los mayores privilegios que brinda el sistema capitalista universitario americano: ser profesora con “tenure” de una cátedra llamada “Historia de la Conciencia y Estudios Feministas”, que en la universidad de Santa Cruz, que puede no estar entre las más prestigiosas, pero sí está en la zona más rica del norte de California.

Su vida es digna de película. De hecho, escribió una autobiografía a los 28 años. Fue activista de la causa negra, integró la cúpula del Partido Comunista de los EE.UU., tuvo un breve lapso de pertenencia a los Black Panthers, y estuvo acusada de asesinato tras haber financiado las armas con la que un comando de activistas negros atacó un juzgado, episodio en el que murieron 4 personas.

Su costado ideológico más crudo se pudo ver en 1975, cuando se enfrentó al activista pro democracia ruso Alexander Solzhenitsyn, quien le recriminó que pese a sus campañas contra los abusos carcelarios, no dijera palabra sobre los que ocurrían en el bloque soviético. Particularmente la polémica se centró en un grupo de presos checos que habían pedido su apoyo, algo a lo que no solo se negó, sino que dijo que “se merecían lo que tenían” por ser “fascistas sionistas que se oponían al socialismo”. De hecho, una de las primeras imágenes que se ven de Davis cuando se busca en Google es una donde posa a pura sonrisa nada menos que con Erich Honecker, último dictador de Alemania Oriental, responsable directo de más de 1.500 muertos.

Su mensaje en Montevideo mostró que poco ha cambiado su manera de pensar en los últimos 40 años. Ostentó mucho de este paternalismo de los activistas de izquierda del primer mundo, que vienen aquí a elogiar todo lo que no se hace en sus países, y ni siquiera se toman el trabajo de estudiar a dónde van, como prueban sus embarazosos comentarios reivindicando a los charrúas.

Días después llegó a Uruguay el ensayista español Antonio Escohotado. Se trata de una figura legendaria de la contracultura de los años 70. En común con Davis tiene que también supo ser militante comunista, y que su primer libro fue sobre Herbert Marcuse, quien fue mentor de la americana. Pionero de la movida en la Ibiza en la apertura democrática, cuenta la leyenda que Escohotado intentó incluso enlistarse para ir a pelear contra EE.UU. en Vietnam.

En esta zona se lo conoció a fines de los 80, cuando a caballo de su monumental obra Historia General de las Drogas, donde estudia al detalle todo el proceso de la prohibición, vino a Buenos Aires y casi termina preso por apología.

Mucha agua ha pasado bajo el puente desde entonces, y Escohotado no se ha quedado fosilizado en sus ideas. Si bien sigue defendiendo la absoluta liberalización de todas las drogas, su foco ha cambiado hacia la política, y hacia el comercio. Sus estudios sobre el marxismo lo han llevado a revisar su ideología, y hoy afirma que tanto Marx como Lenin fueron dos de los personajes más negativos de la historia de la humanidad. Y a defender que el comercio, el liberalismo político, y el mercado, por el contrario, son las fuerzas que han permitido el mayor avance de la civilización en siglos. Sus dos presentaciones en Montevideo se han visto desbordadas de público, lo cual revela la sed que hay en Uruguay por mensajes que salgan de la chatura marxista que la hegemonía que la cultura de izquierda ha impuesto en el país.

Más allá de reconocer que se trata de dos figuras relevantes a nivel mundial, es bueno marcar una diferencia. Y es entre una formación intelectual abierta, dispuesta a autodesafiarse, a cuestionar sus dogmas, y quien se quedó anclada en su era dorada, mientras disfruta de las mieles que genera el mismo sistema del cual ha hecho una forma de vida el pasarse criticando.

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