EDITORIAL 

Ancap, que viva el monopolio

En el gobierno del Frente Amplio y sus socios del Pit-Cnt, se sigue insistiendo en que lo más conveniente para Uruguay, es contar con una planta autóctona, monopólica y estatal que refine el petróleo, que sí o sí debemos importar, puesto que en las entrañas de nuestro territorio no se ha encontrado jamás, ni un gramo del codiciado oro negro. A pesar de las variadas prospecciones y las exitistas afirmaciones del presidente Vázquez en su primer período. En el actual ha sido más cauto, pero quien no recuerda aquellos eufóricos anuncios de que nuestro suelo marino frente a las costas de Rocha, era potencialmente multimillonario en hidrocarburos.

Aparte de lo lejos que estamos de tener una refinería con una productividad que la haga rentable y permita vender los combustibles a un precio más razonable que el que deben soportar los sufridos contribuyentes locales, basta comparar cuantos operarios tiene la plantilla vernácula y el rendimiento por barril de los obreros uruguayos, vis a vis la forma de trabajar más racional de otros países, para darse cuenta de que con este sistema nunca podremos ser eficientes.

A esta situación se van agregando perlas como la novedad de que la justicia dictaminó en contra de Ancap en el litigio que mantenía con Axion y Petrobras. Dos grandes petroleras a las que inopinadamente les cambiaron las reglas de juego el año pasado y a las que tendrá que abonarles alrededor de US$ 10 millones, según informara el miércoles el Observador. Aunque las autoridades han salido ahora a explicar que en realidad fue un buen negocio para la empresa local porque la medida les generará un ahorro en el negocio con las distribuidoras. El monto a pagar entonces, sería cercano a US$ 7 millones. Una cifra que se agrega a la de otro juicio también perdido el año pasado, con la firma Exor, dado que el Tribunal de lo Contencioso Administrativo condenó al Ente, a pagar US$ 5,6 millones, más intereses.

Quien crea que las personas al frente de esta megaempresa del estado van decir algo distinto a que lo hacen extremadamente bien, se equivocan de medio a medio. Y si no, recordemos los perjuicios de los tiempos de su presidente Sendic, el licenciado que no fue, ascendido al honorífico puesto de Vicepresidente de la República, sin que nunca se reconociera públicamente la pésima gestión. La cual seguía, a decir verdad, los lineamientos de la época en el que hoy candidato del F.A, Daniel Martínez era su titular. Los uruguayos, de forma imperativa tuvimos que ser parte de un financiamiento de US$ 800 millones, para el monopolio fundido, ese que ahoga a la producción uruguaya y le impide ser más competitiva. Una cosa de Ripley, de un estilo parecido al de los casinos del Estado uruguayo, cuando se supo que perdían plata en el primer período del Frente Amplio, en la Presidencia.

Por lo tanto, no es de extrañar que el subdirector de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto haya salido al cruce del candidato del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou, quien tiene en su abundante y trabajada agenda de gobierno, la idea de liberar la importación de combustibles. Ese proyecto formará parte de la ley de urgente consideración y esperan que en 90 días se apruebe. El próximo Poder Ejecutivo, si Lacalle triunfa en las elecciones, determinará una reglamentación paulatina para que Ancap se prepare para la competencia. Sin embargo, para Martínez, a los países les conviene refinar siempre en su país (aunque no tengan petróleo) y para Santiago Soto, “la libre importación no rebajaría sustantivamente los precios, porque solo afecta al primer eslabón de la cadena, sin tocar los costos de venta y distribución”. Marta Jara por su parte, hizo un comentario distinto el año pasado en un seminario organizado por el ente, y le saltaron encima los muchachos de Fancap, por haber dicho que Ancap tendría “cero problema” si se liberara el mercado y tuviera que competir. De inmediato, enarbolaron las conocidas consignas de que Ancap seguirá siendo estatal, pública y monopólica, haciendo referencia al plebiscito del 2003, cuando no prosperó la reforma impulsada bajo el gobierno de Jorge Batlle, en la misma línea de lo ocurrido durante la Administración de Luis Alberto Lacalle. Es que no solo los jerarcas, una vez que son designados en la dirección de una empresa del Estado se vuelven irracionalmente estatistas, por más que anteriormente tuvieran otras posturas, sino que todas ellas se han convertido en preciado botín de los sindicalistas.

Todo ello en su propio beneficio y para conservar sus canongías. Que el país se arregle como pueda y que siga estancado y vegetando.

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