Editorial

Ancap, el final del principio

La Investigadora Parlamentaria de Ancap concluyó su tarea. No porque haya agotado el estudio de lo ocurrido en los últimos años con los catastróficos resultados conocidos, sino simplemente porque al momento de su creación, el Frente Amplio prestó los votos con la condición de que terminara en esta fecha.

Quedaron muchas cosas en el tintero porque a medida que se iba avanzando los negocios de Ancap se transformaron en una caja de Pandora y prefirieron hacer alarde de su intransigencia en el plazo antes que seguir las investigaciones para descubrir la verdad.

Con todo, el trabajo de la Investigadora destapó una realidad escalofriante. Se sabía —los números lo decían— que la cosa estaba mal, pero nunca se pensó que podía haber alcanzado el nivel que se descubrió, el cúmulo de explicaciones contradictorias que sumó y la magnitud de las operaciones en que se embarcaron con el mismo y patético resultado que marcó a todas: pérdidas y más pérdidas. Abundaron las obras con costos que se multiplicaban alegremente, el desdén por las garantías legales en las contrataciones, los servicios concedidos solo porque sí, el olvido de que los Entes son patrimonio de todos los uruguayos. No importa; después se rasgan las vestiduras y la juegan de heroicos defensores de las empresas públicas, cuando nunca nadie en tan poco tiempo, hizo tanto para hundirlas tan abajo.

En esa tarea, la discusión pública entre Sendic-Mujica por un lado y Astori y su equipo por el otro fueron la gran atracción. Penosa, es cierto; desnudó una vez más la tremenda fractura que hay en el oficialismo y amenaza este periodo de gobierno. Confirmó que para algunos, sin importar los altos cargos que ocupen, les pesa demasiado la responsabilidad y recurren invariablemente al argumento de que la culpa es de otro. Que los fracasos son huérfanos y nadie carga la cruz de su autoría. Que llegado el momento todos son o dicen ser inocentes y se elige mentir, antes que aceptar las consecuencias de sus actos. Que Pinocho es un bebé de pecho.

Astori responsabilizó de la debacle de Ancap directamente a Raúl Sendic, que ocupó la presidencia del Ente en el periodo crítico. Incluso dijo que oportunamente había advertido de esta situación al presidente Mujica en el seno del Consejo de Ministros (aunque hasta ahora nadie sabía nada de esa advertencia). Mujica negó esas afirmaciones y echó las culpas a Astori y al equipo económico (al institucional, no al paralelo que inventó en la OPP), pero tiene el inconveniente que nunca queda claro el grado de veracidad de lo que dice. Sendic también acusó a Astori por obligar a Ancap a hacerse cargo de los aumentos a los estacioneros, pero antes había intentado echarle las culpas a la evolución adversa del precio del dólar y luego al subsidio del boleto. Nada de esto se acerca "ni un poquito" a explicar las pérdidas de US$ 800 millones ni el endeudamiento por US$ 2.300 millones. Es muchísima plata en cualquier parte del mundo y aquí en Uruguay una fortuna casi imposible —Ancap lo logró— de gastar.

Lo que ni el actual y los anteriores directorios de Ancap logran explicar es cómo se siguió "invirtiendo" en obras faraónicas cuando los números del Ente se volvían cada vez más rojos. ¿Nadie se dio cuenta, nadie privilegió el equilibrio de ingresos con los egresos que se contraían? ¿Nadie se percató que había que parar la mano y dejar alguna obrita para mañana, cuando la situación fuera un poco mejor? ¿Era tan grande la vanidad de construir un imperio con el dinero ajeno? ¿Este país no tiene prioridades más urgentes que una cementera?

El tema Ancap ha marcado ahora y para los próximos años la gestión de este gobierno. Será su estigma. El presidente Vázquez, en el corto plazo, deberá resolver qué hace. ¿Capitalizará Ancap en señal del fracaso estrepitoso de la gestión de su antecesor? Eso seguramente irritaría —y mucho— al candidato al Nobel. ¿Tratará de tirar la pelota para delante en busca de un milagro o al precio de la jibarización de la ex gran empresa pública del Uruguay?

Da la impresión de que Vázquez ve en la capitalización la única alternativa de Ancap, lo que sería darle la razón a Astori. Pero no lleva un año en el gobierno y aún faltan más de cuatro. Mujica y cía. tienen una fuerte bancada, hacen cómoda mayoría dentro del FA y manejan a su antojo a la famosa Mesa Política. Si los enfrenta, tendrá que atenerse a las consecuencia y deberá encarar el largo trecho del camino que le queda por un sendero lleno de piedras y esquivando las que le puedan tirar.

Como si fuera poco, no tenemos dudas de que el tema Ancap terminará en la justicia. De repente por denuncia de algunos legisladores. De repente por denuncia de algún Partido. De repente por denuncia de todos los Partidos de la oposición.

Esto no termina aquí...

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