EDITORIAL

Ancap no es Donald Trump

Los gastos de Ancap han sido faraónicos. Todas, absolutamente todas las obras que emprendió en los últimos años se adjudicaron por un precio pero se terminó pagando muchísimo más, en una danza obscena de millones y millones de dólares.

Tarifazo o no tarifazo lo cierto es que se nos vino el tradicional aumento de tarifas de año nuevo, acompañado por el —también tradicional— mensaje de Astori que nos explicó que es para "salvaguardar" el (hecho bolsa) equilibrio fiscal. Culpa de la herencia maldita (gobierno de Mujica). Impiadoso, pero con sorpresas: en un alarde de desvergüenza se incluyó una suba de los combustibles que vende Ancap del 8% a cuenta "del esperado aumento del petróleo" y el alza del dólar.

De esta manera el gobierno vuelve a aplicar la famosa paramétrica que tiene como principales componentes a estos rubros, a los que se agregó ahora la necesidad de hacer Caja para intentar tapar el agujero gigantesco del monopólico ente de los combustibles.

El precio del combustible en el país está congelado y la paramétrica archivada desde octubre de 2015. A lo largo de esos catorce meses el petróleo estuvo muy por debajo del precio de los combustibles, pero ni Ancap ni el gobierno se dieron por enterados. Esa paramétrica manejaba el precio del petróleo tipo Brent, que es el de referencia, a US$ 50,2 y el tipo de cambio en $ 29,6. La realidad del mercado fue que el precio promedio del Brent estuvo en US$ 42,6 (con momentos que rondaban los US$ 30).

Según estimaciones de hace un par de meses del senador Álvaro Delgado eso le permitió a Ancap recaudar "por izquierda" unos 125 millones de dólares que no le correspondían, que obviamente salieron de manera directa del bolsillo de los contribuyentes. Cuando el gobierno tuvo posibilidades de dar un respiro al ciudadano, se le negó. Cuando cambia la coyuntura y la opción parece al alza, rápido y presuroso se lanza a abrazarse a los aumentos.

Lo peor es que tras la tétrica conducción de Sendic, Coya y compañía, este Ancap que ahora manejan directamente Vázquez y Astori insiste en sus negocios nefastos y las pérdidas continúan acumulándose. Así surge de la comisión de Industria de la Cámara de Representantes convocada a pedido del diputado colorado Walter Verri para considerar la situación de la producción de cemento-portland por Ancap, donde quedó claro que esa Dirección tiene que comprarle el producto a su competencia local (Ciemsa, propiedad de los futbolistas Diego Lugano y Diego Godín) para cumplir con los clientes, pese a que sus costos de producción equivalen al doble de los que enfrentan los competidores. Este año tendrá pérdidas por US$ 25 millones que se sumarán a los US$ 200 millones que ya arrastra de años anteriores.

Veamos el "negocio" público del cemento-portland.

Ancap tiene dos plantas para trabajar este producto: una en Paysandú y otra en Minas. El Directorio resolvió apostar fuerte a este negocio e invertir 118 millones de dólares en reformas y mejoras. Pero… el costo final de las obras trepó a 251 millones de dólares. Más del doble y nadie dijo nada: se pagó y chau. Incluso en el mes de agosto de 2014, dos meses antes de las elecciones nacionales, se inauguró una de sus plantas (la de Minas). Hubo mucha promoción, una buena fiesta —aunque no al nivel de la Desulfurizadora con un costo de US$ 360 mil para 1.000 personas— y el presidente Mujica cortó la cinta. Abundaron las fotos. Pero la planta no estaba lista. Recién quedó pronta un año y dos meses después.

Se suponía —eso decían las preclaras mentes que el mismo Mujica había puesto al frente del Ente— que con la producción de cemento en las dos plantas de Ancap se abastecería el mercado interno y el excedente podría ser colocado en el exterior. Lo cierto es que con la producción de Ancap apenas cubre el 40% del mercado interno (el resto es industria privada) y sus precios son muy duros de absorber. .

En el tema de los gastos de Ancap podríamos seguir, porque todas, absolutamente todas las obras emprendidas en los últimos años se adjudicaron por un precio pero se terminó pagando muchísimo más, en una danza obscena de millones y millones de dólares. Como si Ancap fuera Donald Trump.

Lo peor es que el panorama para los ciudadanos no se agota con el tarifazo de las empresas públicas, sino que esto es solo una parte de la nueva consigna del gobierno frenteamplista que reza "recaudar, recaudar y otra vez recaudar". También a partir de enero del año próximo comenzará a regir el ajuste fiscal dispuesto a instancias del ministro Astori: mayores impuestos al trabajo y a las jubilaciones hasta alcanzar la cifra de US$ 335 millones.

No hay remedio, el gasto público creció mucho más que los ingresos del Estado y los "nabos de siempre" deberán hacerse cargo de los excesos y otras yerbas.

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