EDITORIAL

La alternativa existe

El domingo 27 votamos y entre todos le daremos rumbo al país que queremos. Pueden ser 5 años más de deterioro frustrante o un nuevo comienzo con mejores expectativas.

A pocos días de las elecciones nacionales es que todos los uruguayos comenzamos a cobrar conciencia de lo relevante que será la decisión colectiva que tomaremos el próximo domingo 27 de octubre. No hay dudas de que habrá una segunda vuelta el último domingo de noviembre, ya que a poco de la elección ningún partido está ni remotamente cercano a la mayoría absoluta. Más aún, el Frente Amplio votará por debajo del 40% según casi todas las encuestas, o todas las que no se hacen por Facebook, lo que augura que una victoria de la oposición y un nuevo gobierno con aportes de diversos partidos asoma en el horizonte.

El Frente Amplio, y sus acólitos que ven venir la sombra de las 8 horas con salarios sensiblemente menores de los que cobran en el Estado, se muestran desesperados, en una campaña de miedo, mentiras y engaños como pocas veces -si alguna- vio el país. Desde la propia secretaría de prensa de la Presidencia de la República, a jerarcas de los ministerios, asesores ministeriales otrora gente seria que arenga en las redes sociales como barrabravas, y ejércitos de trolls en las redes muestran una campaña sucia ajena a las tradiciones republicanas del Uruguay.

Ante la imposibilidad absoluta que tiene el Frente Amplio de realizar promesas hacia el futuro ante el fracaso de su gestión y en especial de este último período donde la economía se estancó y se perdieron cerca de 70.000 trabajos, ha recurrido a una campaña de miedo, mediocre y rastrera. Buscándole la quinta pata al gato a cualquier declaración, mintiendo sobre que una ley de urgencia es inconstitucional, cuando ellos mismos han usando el mecanismo en múltiples ocasiones, o sembrando dudas sobre los compromisos planteados, el Frente Amplio hunde la campaña electoral en el barro, donde se siente cómodo.

A falta de un nuevo proyecto simplemente pueden repetir como en su jingle que van a hacer mejor lo mismo que ya vienen haciendo, que a juzgar por los resultados es un programa muy poco promisorio para los uruguayos. El tema no es mejorar un poco la nada que ha sido este gobierno del que no se recordará una sola obra importante en ningún nivel, sino en cambiar. Uruguay necesita un cambio de rumbo que nos permita soñar con un mañana mejor, en que podamos mejorar el drama de la inseguridad que nos puso en la cabeza de los países más violentos del continente, en que un número récord de empresas cierran y en que decenas de miles de uruguayos pierden su trabajo en una sangría que no cesa.

Esa alternativa, afortunadamente existe, y es la que encabeza el Partido Nacional en la oposición, con el concurso valioso y necesario de muchos otros partidos. Luis Lacalle Pou, a diferencia de Daniel Martínez, ha construido puentes con los otros partidos, ha buscado coincidencias programáticas y ha construido vínculos personales que son fundamentales. En tanto el candidato frentista, que ha atacado y hasta insultado a los demás candidatos, en una faceta de su personalidad hasta hace unas semanas desconocida, no solo demuestra una falta de temple absoluta para ser presidente, sino su incapacidad para convocar a nadie más allá de sus filas. Incluso dentro de sus propias filas, porque es evidente que hay sectores del Frente Amplio que hacen campaña sin mencionarlo, solo preocupados por sus bancas al Parlamento ante la inminente derrota.

En el horizonte va clareando en un amanecer que transite la esperanza de un nuevo comienzo, donde las exclusiones de ideas, la discriminación por pensar diferente y la defensa de las dictaduras no tendrán lugar. Es posible recuperar la dignidad nacional y el orgullo, volver a tener una economía que trabaje para la gente y un sistema educativo que reduzca desigualdades en vez de aumentarlas. Un gobierno multicolor, donde no primen los brazos de yeso para votar cualquier iniciativa por perniciosa que sea, simplemente porque un partido político cierra filas a su interior y a la razón. Es tiempo de pensar en grande, de asumir nuevos desafíos y de alentar la idea de que en esta elección la esperanza de un cambio para mejor derrotará al miedo y a la mediocridad.

El domingo 27 votamos y entre todos le daremos rumbo al país que queremos. Pueden ser 5 años más de deterioro frustrante o un nuevo comienzo con mejores expectativas y realidades. Luis Lacalle Pou está preparado para encabezar ese gobierno, el Partido Nacional está unido y preparado, los equipos técnicos hicieron un trabajo extraordinario y las condiciones para un gobierno de todos están edificadas. Es urgente. Y es ahora.

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