EDITORIAL

¿Alguien piensa en Montevideo?

Los partidos opositores deben quebrar la lógica imperante, que para el votante resulta muy cómoda. Lógica que implica que como no hay propuestas que realmente compitan con lo ya existente, se sigue votando lo de siempre.

Al renunciar como Intendente de Montevideo para dedicarse a su candidatura, Daniel Martínez marcó un nuevo mojón en la campaña electoral.

El proceso que llevó a la asunción de su sucesor, por otro lado, mostró como también en el Frente Amplio gobernar la capital del país es visto como un asunto menor. Un primer suplente fue descartado porque su prioridad era dirigir la Asociación Uruguaya de Fútbol. La segunda suplente al parecer prefería continuar en su función actual, en otro lugar del Estado.

La designación, entonces, recayó en el tercer suplente que, al menos, ya tenía algo de experiencia en la gestión municipal. Esta danza de nombres revela un problema que no es de ahora, sino que arrancó hace cinco años cuando se confeccionó la lista. Todo indica que resuelto quién era el titular, los suplentes no eran relevantes. Hubo en ese momento, como se repitió ahora, algo así como un tatetí de nombres.

Aun pese a esa indiferencia, el Frente Amplio viene gobernando Montevideo desde 1990, o sea hace casi 30 años.

Mientras tanto, ¿qué han hecho los partidos opositores para recuperar lo que se transformó en un sólido bastión frentista?

¿Qué han estado haciendo esos partidos desde la última elección, cuando con el “Partido de la Concertación” en marcha, tampoco lograron ganar la Intendencia? ¿Qué planes para mejorar la ciudad y el departamento elaboraron? ¿Cuál es su visión alternativa a la impuesta desde la izquierda? ¿Qué nombres están manejando para ponerse al frente de esa recuperación?

Podrá argumentarse que a los frentistas les basta poner una heladera para ganar. Pero es obvio que esa pauta no sirve para los partidos opositores. Si quieren ganar, tienen que hacer algo más que poner una versión propia de heladera, o buscar candidatos de último momento, que serán muy serios y sólidos, pero no por ello conocidos por la población ni preparados para la función.

Es obvio que no basta sumar los votos de todos los partidos opositores para ganar. Hasta ahora esa suma nunca alcanzó. Ni siquiera ocurrió con el Partido de la Concertación. El Frente, es verdad, redujo su electorado, pero igual tuvo votos suficientes como para ganar con comodidad. Se trata entonces de algo más que sumar votos de diferentes partidos opositores. Falta seducir a gente que por ahora no tiene en sus planes votar por ellos.

La otra conclusión es que los partidos opositores no pueden ponerse a pensar en que hacer con Montevideo recién hasta después de terminada la segunda vuelta de la elección nacional. Para entonces es demasiado tarde.

Los partidos ya deberían estar trabajando en ese tema, armando equipos competentes que definan propuestas y liderazgos, que diseñen estrategias exclusivamente dirigidas a ese objetivo, incluso si eso exige estar por fuera de lo que cada partido está haciendo en su esfuerzo por competir en las internas y en ganar las nacionales. Son cosas complementarias pero diferentes.

El deterioro de Montevideo tras tres décadas de gestión frentista es evidente. Nada de lo que se ve en tantas otras ciudades del mundo, que han sabido preservar y ensalzar su patrimonio y a la vez modernizarse para ser más funcionales y garantizar calidad de vida a sus habitantes, ocurre en nuestra capital.

Es hora de que esto cambie y para ello los partidos opositores deben persuadir a los montevideanos de que tienen algo mejor, que tienen propuestas serias, que apuestan a un mejor funcionamiento de la ciudad y a su embellecimiento en beneficio de sus pobladores para alcanzar mejor calidad de vida y más seguridad.

Los partidos opositores deben quebrar la lógica imperante, que para el votante resulta muy cómoda. Lógica que implica que como no hay propuestas que realmente compitan con lo ya existente, se sigue votando lo de siempre.

Es la peor alternativa. No obliga al Frente Amplio a tomarse en serio la tarea de gobernar, adormece a una oposición que al creer que no puede ganar ni siquiera hace el esfuerzo de hacerlo, y perjudica a los montevideanos que ya no tienen expectativas de vivir en una ciudad mejor. Para evitar que esto pase, sería saludable ver a los partidos opositores ya en acción. Que a la vez que se preparan para las internas y las nacionales, desde hoy mismo muestren sus cartas para las elecciones municipales de mayo de 2020. Y eviten caer en lastimosas improvisaciones, con candidatos sacados de la galera y enviados al sacrificio, a una batalla en soledad y sin destino como ocurrió en el pasado. Los montevideanos merecen algo mejor.

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