EDITORIAL

Alguien que entiende de temas

El Mides volcó un dineral a planes cuyos resultados dejan mucho que desear, tal vez porque en realidad practicó un embozado clientelismo político.

A medida que avanza la campaña, las cosas empiezan a ser más claras respecto a cómo cada candidato cree que el país podría o debería funcionar.

Uno de esos asuntos se refiere a las políticas sociales y su ejecución por parte del Mides. El pasado domingo, Pablo Bartol fue entrevistado por El País en una nota que invita a reflexionar sobre ese tema. Más, cuando durante tanto tiempo el Mides volcó un dineral a planes cuyos resultados dejan mucho que desear, tal vez porque en realidad practicó un embozado clientelismo político, una forma de dar favores para obtener apoyos y votos. Ese es el tipo de estrategia que da una solución muy básica a población necesitada, sin sacarla de esa situación: de esa manera esa gente se convierte en rehén de quien arbitrariamente administra los planes asistenciales.

Pablo Bartol es a quien Luis Lacalle Pou eligió para que sea su ministro de Desarrollo Social, en caso de acceder a la presidencia el año que viene.

Se trata de alguien con profundo conocimiento de la realidad social, no solo a nivel teórico sino por experiencia personal. Impulsó y dirigió un proyecto transformador en la zona de Casavalle, el Centro Educativo Los Pinos.

Cuando habla sobre qué debe y no debe hacerse desde ese ministerio, sabe lo que dice, demuestra conocimientos de fondo y una claridad conceptual envidiable.

Entre sus muchas ideas, cada una merecedora de un análisis por separado, está la de instalar el despacho del ministro en el propio barrio Casavalle. Eso no implicaría trasladar todo el ministerio de su actual ubicación en 18 de Julio y Javier Barrios Amorín, al cual sí le haría algún rediseño para ofrecer servicios que mucha falta hacen. Pero su idea es que sea el ministro quien debe instalarse en pleno barrio Casavalle para que su lugar de trabajo esté dentro de una realidad donde son evidentes los problemas que su cartera, en caso de ser el titular, deberá atender.

La propuesta también podría vincularse a una estrategia que otras ciudades han encarado (notoriamente Buenos Aires) que es que el Estado se instale con sus instituciones y locales, dentro de esos barrios marginales, marque presencia y por esa vía, le quite el estigma que lo caracteriza. No se trata de lograr que el barrio sea de un día para otro menos pobre (ello demandaría una estrategia más compleja), pero sí de integrarlo al resto de la dinámica urbana.

Lo que algunas ciudades han hecho, es instalar allí sedes importantes de diferentes organismos estatales y a la vez desarrollar una eficiente infraestructura urbana, desde la modernización del saneamiento, a un mejoramiento de la red vial, con calles pavimentadas y en algunos casos hasta debidamente señalizadas con semáforos. Es increíble como con esas medidas, barrios que hasta entonces eran tugurios descastados de la ciudad, pasan a integrarse al tramado urbano y terminan dando una mejor calidad de vida a sus habitantes.

Parte de esa tarea corresponde a un gobierno municipal, no al Mides, y habría que ver si el próximo intendente de Montevideo, a partir de las elecciones de mayo de 2020, estaría dispuesto a impulsar una política de ese tipo.

Lo cierto es que la propuesta de Bartol es, sin duda, visionaria. Sería un primer paso para que, estando el Estado adentro de esa zona, entren y mejoren los demás servicios, se devuelva un sentido de seguridad a quienes viven ahí, se mejore sus vidas cotidianas, y de a poco ese vecindario empiece a valorar que no vive separado del resto de la ciudad, que el desarrollo urbano pasa por las puertas de sus casas y así empiecen a recuperar un sentido de dignidad y pertenencia.

Se podrá argumentar que instalar allí las oficinas de apenas un ministro es poca cosa. Pero sería un paso que llevaría a otros, eventualmente necesarios y positivos.

Esta como otras ideas sobre las que trabaja Pablo Bartol muestran a alguien que entiende los problemas sociales y cuando habla no improvisa. Es alguien que a su vez integra el equipo de un candidato, Luis Lacalle, que ha sabido encontrar a los que más saben sobre determinados temas y sumarlos a sus propuestas para un futuro gobierno. Eso se llama liderazgo: la capacidad de articular buenas ideas aportadas desde diferentes lugares en un sólido programa a aplicar.

Conviene tenerlo en cuenta para cuando desde filas oficialistas se cuestionen los planes opositores. Hay ideas, son buenas, sensatas, centradas y equilibradas y responden a necesidades que, o bien no fueron atendidas o bien fueron mal resueltas por los gobiernos frentistas.

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