Editorial

Alerta: van por más impuestos

De comprometerse a no designar nunca más ineptos y corruptos al frente de las empresas públicas, nada. La solución siempre es sacarle un poco más al bolsillo del contribuyente.

Con diferencia de pocos días, dos precandidatos a la presidencia por el oficialismo dejaron en claro lo que nos espera a los contribuyen-tes, si vuelve a ganar el Frente Amplio.

El comunista Óscar Andrade debutó en la enumeración de promesas preelectorales con un cañonazo. Se comprometió a financiar más inversión en políticas sociales con la verborragia que lo caracteriza: "Yo no puedo decir tenemos que hacer todo esto y no mencionar de dónde vamos a sacar la plata", declaró a Radio Sarandí. Propuso implementar "un par de acciones tributarias que se caen de maduro". (Y uno no sabe si espantarse por el anuncio de un nuevo mazazo impositivo, o por el uso de la palabra "maduro"). Según él, "no podemos postergar la revaluación del catastro rural", y habrá que "aumentar el impuesto a las riquezas y a las ganancias". Una notable demostración de empatía con los productores rurales asfixiados por el peso del Estado y las tarifas públicas, y con los inversores que comparan países y terminan invariablemente eligiendo a Chile, Paraguay, Perú y Colombia, para invertir recursos que generarán fuentes de trabajo y prosperidad económica.

El lector dirá que la extravagancia de Andrade no es representativa del Frente Amplio y que hay un sector racional, alejado de esos dislates.

Y lamentamos defraudarlo. Porque en la edición de El País del domingo pasado, el expresidente del Banco Central Mario Bergara, a quien sus amigos posicionan como el precandidato "Supermario", ha admitido que si gana las elecciones, nos premiará también con más impuestos. Entrevistado por la periodista Valeria Gil, rechazó la idea de aplicar un ajuste, pero reconoció que habrá que hacer una "adecuación" o "corrección" fiscal. Como buen discípulo de Astori, apela a un eufemismo para no tener que recurrir a esa palabra tan desagradable, "ajuste". Su maestro la cambió por "consolidación" y él elige ahora "adecuación". Imaginamos al equipo económico frenteamplista dedicando horas de su valioso tiempo a recorrer las páginas de un diccionario de sinónimos, porque si siguen fracasando en el objetivo de bajar el déficit mediante la exprimidora al contribuyente, se verán obligados a avanzar hasta lo insospechado, en su sofisticada creatividad lingüística.

Aunque Bergara toma distancia de antiguos ajustes fiscales, admite que "puede haber modificaciones en el sistema tributario, pero en general no estamos hablando de cosas con impacto recaudatorio significativo". Menos mal. En 2014, Astori prometió que no incrementaría los impuestos y la realidad posterior lo contradijo. Tal vez por eso, su heredero ideológico no se anima a tanto. Reconoce que la extracción continuará, pero parece que por suerte no será significativa. Tiemblen uruguayos, tiemblen.

Hay algo en lo que "el Boca", radical, y "Supermario", moderado, están de acuerdo: como siempre, de bajar el gasto, ni hablamos. De ponerle coto al despilfarro, cero. De comprometerse a no designar nunca más ineptos y corruptos al frente de las empresas públicas, nada. La solución siempre es sacarle un poco más al bolsillo del contribuyente.

Y los otros precandidatos, que aún no se han pronunciado sobre este tema, ostentan antecedentes igualmente preocupantes.

Daniel Martínez con sus radares recaudadores, Carolina Cosse con su negativa a transparentar ante el parlamento por qué los costos de construcción del Antel Arena se duplicaron… y el enigma Mujica (que hasta el mismo día de la elección interna no sabremos si se candidateará o no), con su tendal de despilfarro, en el gobierno que será recordado como el peor administrado de la historia del país.

Lo importante es que la ciudadanía no debe llamarse a engaño: la fórmula económica del frenteamplismo, cualquiera sea su candidato y el sector que resulte mayoritario, es y será siempre expansiva del gasto y expoliadora del contribuyente. Está en su ADN colectivista: la ilusión de que siempre habrá pitucos y explotadores (aunque se trate de profesionales y pequeños emprendedores) a los que vampirizar, para pagar suculentos sueldos a sus inspectores de sal fina y sal gruesa, y sus empaquetadores de cannabis recreativo.

Los partidos de la oposición, en lugar de pelearse entre sí por nimiedades, tendrían que definir fuerte y claro que ese no será su camino. Que a más presión tributaria sobre empresas y personas, solo habrá menos producción y menos trabajo. Y que el esfuerzo esta vez deberá hacerlo el Estado, que en los últimos quince años, los tres sucesivos gobiernos frenteamplistas no pararon de engordar.

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