editorial

Aldeanos contra Google

El Plan Ceibal intentó avanzar en un acuerdo con la empresa transnacional con sede en Estados Unidos, Google, para difundir aplicaciones que mejoraran la calidad de la enseñanza, sobre todo la vinculada a las ceibalitas.

Así, tanto el correo electrónico de Gmail, como el almacenamiento ilimitado de información en la "nube" virtual y el acceso gratuito a una gran variedad de aplicaciones educativas iban a ser los beneficios principales con los que contarían los estudiantes. Herramientas de oficina y programas para utilizar en colaboración con otros niños en la web vendrían a enriquecer las posibilidades de creación y trabajo en equipo.

En este sentido, las "Google Apps for Education", que así se llaman, no son aplicaciones desconocidas: más de 40 millones de personas en todo el mundo las utilizan ya. Dentro de las instituciones que se benefician de estos servicios de Google se encuentran las universidades más prestigiosas del mundo.

¿Cuál es el interés de Google en trabajar con el Plan Ceibal? Esencialmente, la extensión que ha tenido su ejecución en estos años, que ha permitido una amplísima cobertura escolar. Pero, sobre todo, el interés está en la pequeña escala de nuestro país que permite una fácil universalización del producto. En efecto, comparativamente, la conectividad del Uruguay a escala mundial es muy buena y somos menos de 3.5 millones de habitantes. Universalizar estos servicios de Google implica entonces la posibilidad de llegar a todos con los beneficios que traen aplicaciones potentes y probadas internacionalmente.

Se trata de democratizar el conocimiento, y sobre todo para el Plan Ceibal, de poner a disposición contenidos de calidad a los que pudieran acceder las nuevas generaciones. Si había algo que había quedado en rezago en estos años en materia de ceibalitas, era justamente el tema de no haber logrado potenciar plenamente sus contenidos. El acuerdo con Google tenía la ventaja entonces de cubrir ese déficit. Difícilmente pues, se podía pensar que alguien objetara su interés y beneficio.

Pero ello implicaba no contar con el corporativismo esencial y los temores aldeanos de una parte relevante de nuestra geronte intelectualidad, esencialmente vinculada a la esclerosada Universidad de la República (UdelaR). Hubo inefables declaraciones fijando la sospecha y el resquemor por este acuerdo de la decana María Simon. Sí, es la misma que hace unos años relativizó la pertinencia de las pruebas PISA. Pero con todo, los temores de la exministra de Educación no fueron los más ridículos dentro del amplio espectro izquierdista-universitario. Porque quien se ha llevado todos los premios de la tragicomedia de declaraciones desatinadas es el mismísimo rector de la UdelaR, Markarian. Pidió que se "analicen alternativas nacionales para lo que se haría con Google", porque "el conocimiento que damos a los jóvenes tiene que ser un conocimiento formado por uruguayos". ¡Nada de conocimientos venidos de otras latitudes! Todo debe ser de nuestra aldea. Nada de promover lo bueno por conocer.

El rector insistió sobre lo bien fundado de este patriotismo de las ideas, y puso un ejemplo asaz esclarecedor: "Los países tienen que tener su sistema de formación de gente propia. Yo me niego a que los chinos vengan a decirme cómo tengo que enseñar". ¡Ni los chinos, ni Google! Todo ha de ser resuelto aquí, en nuestra aldea, por uruguayos de pura cepa, como el propio Markarian (¿de prosapia guaraní, tal vez?).

La visión geopolítica del rector acompaña su patriotismo. Markarian teme por el espionaje del que puedan ser objeto los beneficiarios de estas aplicaciones de Google, es decir, fundamentalmente, nuestros niños, por parte sobre todo de los Estados Unidos. ¡Y no es para menos! Porque el rector recordó que "ahora se supo que tres presidentes de Francia fueron espiados sistemáticamente. Parece que no aprendimos que los mecanismos de espionaje transitan por los dispositivos que están en discusión ahora". Hay que estar prevenido, porque el imperio tiene una compulsión obsesiva por el espionaje: tanto da niños uruguayos, como presidentes extranjeros. ¡Cuidado! Este acuerdo con Google puede ser, en realidad, una engañifa de la CIA para hacerse de nuestros secretos mejor guardados que, se sabe, se esconden entre nuestra población infantil.

Parece muy cómico pero en realidad es trágico. Porque a pesar de que sus declaraciones aldeanas y medrosas dan vergüenza ajena, ganaron: con sus presiones parecen haber logrado impedir que prospere el acuerdo del Plan Ceibal con Google.

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