EDITORIAL
diario El País

Alcohol, conductores y debate

El debate en torno a la llamada “tolerancia cero” al alcohol en los conductores es probablemente la prueba más fidedigna de cómo ha descarrilado la discusión pública en Uruguay.

Donde todo se convierte en una pelea pasional entre puros y pecadores, en gente “progresista” y trogloditas que añoran la prehistoria, y donde los datos concretos no son más que armas arrojadizas o herramientas para solidificar posturas.

Los antecedentes son conocidos. En el marco de una cruzada contra el alcohol bastante anacrónica, llevada adelante por la gestión Vázquez, pero con el apoyo de muchos dirigentes blancos y colorados de entonces, se aprobó bajar a cero la cantidad de alcohol en sangre tolerada en un conductor. El argumento era uno y excluyente: esto generaría una percepción tan fuerte de intolerancia respecto de quien toma y maneja, que impactaría de manera extraordinaria en las cifras de accidentes y en la cantidad de casos positivos de alcoholemia.

Pasados ya unos cuantos años de esta medida, podemos decir claramente que el objetivo no se cumplió. No hay ningún estudio serio o creíble que diga que han bajado los accidentes de tránsito gracias a esta medida. Y las cifras de positivos de alcohol entre quienes protagonizan accidentes, son más o menos iguales que antes de la “tolerancia cero”.

Del otro lado de la ecuación, han aparecido algunos problemas. Primero, mucha gente que ha tenido accidentes y que pese a tener toda la ley de su lado, la detección de cantidades ínfimas de alcohol (a veces ni siquiera producto de ingesta de bebidas), ha sido perjudicada o por las sanciones administrativas y legales, o por la postura de las empresas de seguros, que se agarran de esto para no cumplir sus contratos.

También se ha señalado, y esto es más discutible, que habría un perjuicio al sector vitivinícola, que asocia la caída de sus ventas, a esta medida, ya que gente que antes salía a cenar y tal vez tomaba una copa de vino, habría dejado de hacerlo. De nuevo, muy discutible.

Ahora bien, esto es un tema netamente técnico y administrativo. La cuestión es: todos queremos menos accidentes, todos entendemos que el alcohol y la conducción de vehículos son incompatibles, y nadie quiere muertes inútiles. La solución pasaría por una evaluación racional de lo hecho y sus resultados, y una comparación realista con lo que hacen los países más avanzados del mundo. Que, dicho sea de paso, salvo alguna excepción muy rara, ninguno ha impuesto un cero tan drástico.

Sin embargo, en Uruguay todo se ha vuelto un debate pasional e iracundo. Gente que sale a acusar a los impulsores del cambio en la norma de trogloditas que solo quieren mamarse y salir a matar gente, comunicadores que se rasgan las vestiduras y ponen sobre la mesa casos espantosos. Y dirigentes políticos que usan esto como herramienta menor de política aun más pequeña.

Hay cosas que a esta altura deberíamos tener claras como sociedad.

Primero, que los accidentes de tránsito son un problema muy serio en nuestro país, y si hay dos cosas que los generan mucho más que el alcohol son el estado de las calles, rutas y vías de señalización. Y por otro la seguridad de los vehículos, que en Uruguay no respeta normas básicas internacionales.

Cualquiera de estas dos cosas, son de solución estatal, no de los individuos. Y deberían haber estado mucho más arriba en el ranking de prioridades de los gobernantes pasados, que el tema del alcohol. Claro, es más fácil tirarle el fardo a la gente, que hacerse cargo.

Lo que debería ser un debate técnico y racional, se convierte en una pela pasional, donde parece que de un lado están los buenos y puros, y del otro gente que quiere accidentes y muerte.

Segundo, hay un porcentaje de gente que no cumple con las normas, sin importar lo buenas, puras y sensibles que estas sean. Si usted tuvo la desgracia de tener un accidente con una persona que iba borracha a 200 por hora, debe entender que ninguna norma administrativa hubiera hecho que esa persona tuviera otra actitud. Lamentablemente es un poco más complejo que eso.

¿Estamos pidiendo desde el editorial de El País que se elimine la tolerancia cero al alcohol? No. Porque no somos expertos en el tema, y es un tema técnico que debería ser resuelto de acuerdo a criterios técnicos, a la experiencia global, y midiendo pros y contras de cada cosa.

Lo que si estamos diciendo es que este debate viciado, donde cualquiera siente que tiene derecho a dictar sentencias, donde se politiza y atribuye intenciones a cada argumento, y donde todo pasa a ser un conflicto ideológico pasional, no ayuda en nada a tener la mejor solución posible. Pasa con este tema, y con muchos otros en la actualidad. Y así es imposible que un país avance de manera sostenida.

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