EDITORIAL

El agua viene bajando turbia

Las nuevas revelaciones sobre la calidad del agua que distribuyó OSE en la Costa de Oro generan inquietud entre la población, que se agravan por la falta de transparencia del ente estatal.

El tema de la calidad del agua potable que consumimos los uruguayos viene generando cada vez más polémica. En los últimos meses se han acumulado denuncias e informaciones que revelan que esa calidad no es todo lo cristalina que debería. Y las reacciones de OSE, el organismo que constitucionalmente debe velar por eso, están lejos de espantar a las versiones más alarmistas.

Esta semana, un informe de Telemundo 12 analizó una muestra del agua que OSE distribuyó a sus clientes en la zona de Costa de Oro a principios del verano, durante un incidente que generó escándalo público. Al punto que OSE debió remover a un funcionario, al que se endilgó la responsabilidad por haber permitido que se volcaran cantidades inusualmente altas de químicos al agua, cosa que generó quemaduras y otros daños a la población. Pero el informe de Telemundo mostró que las cosas fueron mucho peores que lo que comunicó OSE.

Según el análisis realizado por un laboratorio independiente se podía encontrar la presencia de químicos como hidróxido de sodio o manganeso. El hidróxido de sodio es lo que popularmente se conoce como soda cáustica, y se usa en proporciones muy pequeñas para equilibrar el ph del agua. A nivel de agua potable, se supone que no se debería detectar en una muestra tomada en un hogar, pero si se encuentra, ese valor nunca puede superar los 50 miligramos por litro. En el agua que entregó OSE a hogares de la Costa de Oro los valores detectados por el estudio independiente eran 40 veces más altos que el límite aceptable. Fue por ello que muchos usuarios tuvieron problemas en la piel al ducharse con esa agua. Y hay que agradecer que nadie la ingirió si no las consecuencias pudieron ser peores.

Por su parte el manganeso es un metal que al parecer fue hallado en el agua potable porque el exceso de soda cáustica lo habría desprendido de las cañerías al circular por ellas. Como todo metal, su ingesta es altamente nociva para la salud, aunque según estándares internacionales podría ser tolerable hasta en una concentración de 0,1 mg por litro. En el agua distribuida por OSE en la Costa de Oro, la concentración llegó a ser de 3,6 mg por litro. No hace falta destacar el nivel de peligrosidad de esto.

Casi tan grave como estos datos, son las reacciones oficiales de OSE ante el problema. Una investigación de El País de hace unas semanas sobre el tema reveló costados casi tan poco claros como la calidad del agua. Para empezar, se intentó responsabilizar a un funcionario por el tema, pero un informe oficial al que accedió el diario reveló que también debieron existir problemas más profundos, y que el trabajador sancionado fue poco más que un chivo expiatorio. Al parecer, el sistema de trabajo en la planta de Laguna del Cisne presenta todo tipo de deficiencias tanto en mantenimiento como en la forma de trabajo, que lo hacen un caldo de cultivo perfecto para este tipo de incidentes.

En aquel entonces El País intentó comunicarse durante días con el presidente de OSE, Milton Machado, quien no pudo hablar por “problemas de agenda”, así como Álvaro Roland, gerente regional del organismo.

Esto podrá parecer una frivolidad, pero no lo es. Cuando un periodista se decide a trabajar sobre un tema tan sensible, que puede generar alarma pública de manera tan rápida, lo hace con una gran carga de responsabilidad. Por un lado siente que tiene la obligación de informar a la gente, de que existe un problema real en algo tan vital como la provisión de agua potable. Por otro, no quiere generar alarmismo injustificado, y debe tener los datos certeros a la hora de informar. Que las autoridades del ente, que son en primer lugar las responsables del problema inicial, se nieguen con excusas absurdas a dar la cara ante la población, y a brindar información precisa a la gente, lo cual es su primera obligación, muestra hasta qué punto están confundidas las prioridades.

En las últimas horas han surgido otras informaciones sobre el tema. Denuncias del sitio web Sudestada, alertan sobre situaciones muy confusas en la cadena de proveedores de productos químicos de OSE, y un cuasi monopolio que conspiraría contra la mejor calidad y costo del producto a la población. Tampoco ha habido reacciones de las autoridades ni negando, ni dando detalles que expliquen y lleven tranquilidad a los usuarios.
A esta altura, parece que el gobierno debería tomar cartas en el asunto a niveles mucho más altos. La sociedad merece una explicación que lleve calma y certezas en relación a algo tan importante como es la calidad del agua que consumimos todos.

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