EDITORIAL

El agro, otra vez

Es necesario un Ministerio de Ganadería completamente diferente, que sea capaz de liderar un cambio. Que arranca por dejar de ser un miembro más de la policía tributaria y convertirse de una vez en el que enseña el camino.

El próximo gobierno, dado que este hace tiempo se dio a sí mismo por concluido, enfrentará una tarea ciclópea en varias áreas. La seguridad pública, la infraestructura, la educación, la seguridad social, el déficit público, el endeudamiento, los nuevos acuerdos de libre comercio, las relaciones laborales y la OIT, el narcotráfico. Todos estos temas suponen una labor descomunal, una agenda de cambios de inmensa relevancia.

Revisando la ecuación de oferta y demanda finales con los números que se publican con periodicidad, se puede perfectamente advertir que el crecimiento el año próximo no puede venir del consumo, por el bajo nivel de empleo y deterioro del salario privado, no puede venir de la inversión pública, con 5% de déficit fiscal y niveles máximos de endeudamiento, ni de la inversión privada que tendrá muchos motivos para mantenerse expectante; quedan por tanto, solo las exportaciones como fuente probable e inmediata de crecimiento.

Y hablar de exportaciones es referirse solo al agro.

Es precisamente este sector el que puede reaccionar rápido si el 1° de marzo se cambian con un buen golpe de timón, las expectativas desfavorables que hoy son dominantes. El instrumento eficaz que tiene todo para hacerlo, es un Ministerio de Ganadería completamente diferente. Se trata de liderar un cambio en varios terrenos. Que arranca por dejar de ser un miembro de la policía tributaria, y comenzar a proponer otra imposición sobre la tierra, pensando en el rubro que junto a la forestación puede incrementar más rápido la producción, como es la ganadería, con expectativas de precios más favorables que en otros rubros.

Hace falta también que el ministerio encamine una discusión sobre el tema energético, no solo pensando en el gasoil sino en los biocombustibles. Y sobre todo que deje de ser un autorizador de todo lo imaginable, con trámites absurdos que no solo humillan al empresario sin agregar valor, sino que muchas veces responden a un modelo de sociedad en el que el Estado es el que concede permisos caso a caso, lo que desalienta todo intento de progreso.

El MGAP da permisos y cobra para casi cualquier actividad: importación, exportación, siembra, uso de semillas, de fertilizantes, de agroquímicos, etc. Si se da un shock a través de un cambio en la valoración gubernamental de la condición empresarial, si se acompaña con hechos que no necesariamente suponen gasto público, si el productor entiende que ya no es más funcional a una lógica de pagar impuestos y recibir ninguneos, si esto se pone en marcha, el sector capaz de aumentar exportaciones puede ambientar el clima necesario para aquellas reformas seguramente más importantes que listamos al comienzo.

El MGAP es una maquinaria pesada e intrincada, pero si se la entiende bien es capaz de aportar mucho. Si se la libera desde el primer día, tiene gente y recursos como para ayudar, no sustituir, dando información confiable, abandonando su carácter policíaco, preparando con estudios los nuevos escenarios que se vienen con acuerdos de libre comercio. Con un nuevo relacionamiento con la región, con un enfoque complementario de la política energética, con capacidad de propuesta en lo tributario o comercial, con un contralor eficaz y barato no de la gente, sino de las condiciones de competencia en los mercados, que es algo muy distinto a andar poniendo multas o expidiendo certificados. Y colaborando por supuesto, en el control de los depredadores, tema en el que el MGAP no puede mirar para el costado.

Hasta hace un par de meses no se advertía por ningún lado una posibilidad cierta de crecer el año próximo, y los pronósticos eran muy modestos. Ahora los astros podrían alinearse un poco mejor para el sector exportador-agropecuario haciendo posible liderar crecimiento y contribuir a un clima favorable para emprender otras reformas. Por ejemplo solo UPM podría significar 1,5% de incremento, a lo que debe sumarse la caída inesperada de las tasas internacionales de interés, producto de la menor expectativa de crecimiento del PBI mundial. A esto habrá que agregarle una mano en los precios de la carne junto a un ajuste realista de costos. Todo sin perjuicio del efecto que la estampida de capitales desde Argentina podría agregar a la actividad agropecuaria en general, o a la inmobiliaria.

El agro otra vez puede convertir en crecimiento, un cambio en las expectativas, basado en una modificación profunda del enfoque de relacionamiento entre el gobierno y el sector privado rural, a través de un instrumento -el MGAP- totalmente diferente al actual.

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