EDITORIAL 

Agitan cucos y alientan fantasmas

Los ministros salen con histérico histrionismo a asustar gente. Lo hacen de manera grotesca, a veces atentando contra la dignidad del cargo que ejercen, como es el caso de una ministra que dice atender las cuestiones de la cultura.

Es raro lo que está pasando. Ministros y dirigentes oficialistas se dedicaron en estas últimas semanas a hacer alarde de un minucioso presunto conocimiento de lo que hará la oposición si llega al gobierno.

En tono amenazante, sobrador y por momentos grosero, le avisan a la población de cada uno de los desastres que harán los eventuales gobernantes de otros partidos. La pregunta que razonablemente uno se hace es: ¿cómo sabe el oficialismo que eso es lo que harán? ¿Cómo lo sabe si no está anunciado en ninguno de los programas de gobierno elaborados por los distintos partidos?

Pero ellos parecen saberlo. Son mejores y más conocedores que todo el resto del país y pueden darse el lujo de alertar sobre los horrores que sobrevendrán en caso de que el Frente Amplio pierda las elecciones. Se lanzaron a la tarea de asustar a la gente, de profetizar sobre plagas y pestes que nos aguardan. Agitan cucos y alientan fantasmas.

Por cierto, hay un dato que es irrefutable. Ellos conocen como nadie cual es la verdadera situación del país. Tras 15 años no solo tienen claro que por culpa de sus decisiones el déficit casi llega al 5% del PBI sino que saben de muchas otras cosas que han hecho mal.

En definitiva, son ellos los que tomaron las medidas que están llevando a que tantas empresas no puedan ser competitivas y muchas deban cerrar. Son ellos los que tomaron las medidas que llevaron a un aumento de la desocupación en estos últimos años.

Subieron y crearon impuestos, aumentaron tarifas, inventaron regulaciones y normas que encarecen la producción. Toda esa sobrecarga perjudica tanto a ciudadanos comunes, como al agro, la industria y el comercio. Ellos son lo que hicieron esa gran fiesta de las empresas públicas, el despilfarro que terminó en el drenaje de Ancap, el mamarracho de Pluna y los escándalos de ASSE.

Saben exactamente lo que hicieron, tienen clara idea de como pesará sobre la economía del país y por eso anuncian horrores para el futuro. Es que si ganan un cuarto período, tratarán de hacer la plancha al principio (empeorando aún las cosas) para luego, cuando vean que ya no pueden contener ese déficit que solo podrá cubrirse con más deuda, saldrán a hacer cosas aún peores que las que anuncian que harán los otros. Serán ellos los que rebajen sueldos, asfixien aún más a la producción y se vean obligados a recortar todos sus propios planes sociales.

Sin duda la oposición está preocupada por la realidad que heredará de ganar las elecciones. No es fácil recibir un país con casi el 5% de déficit. Por eso los dos principales candidatos van tomando sus recaudos. Hablan de austeridad, para usar una expresión lanzada al ruedo por el candidato blanco Luis Lacalle Pou. Plantean un paulatino recorte de gastos allá donde ese gasto es realmente innecesario. Pero nadie plantea recortar planes sociales que importen. Quieren, eso sí, racionalizarlo y hacerlo eficiente para bien de sus beneficiarios porque a esta altura está fuera de discusión que el Mides ha despilfarrado el dinero de los ciudadanos sin ton ni son.

Es obvio que para dinamizar la economía, estimular la producción y generar puestos de trabajo, el Estado tiene que hacer un esfuerzo de austeridad.

Si no hay asfixia, el país produce, si el país produce, el Estado recauda, si el Estado recauda genuinamente (y no con trampas como las que hoy abundan) habrá más recursos para mejorar los servicios básicos: educación, seguridad, salud, desarrollo social.

Como vienen las cosas, un eventual cuarto gobierno frentista que no esté dispuesto a aplicar medidas de austeridad, terminará más temprano que tarde recortando implacablemente donde dice hoy que no se debe cortar o generando más déficit fiscal y, por consiguiente, más deuda pública.

Las políticas sociales solo pueden ser generosas si el país funciona económicamente bien. El Frente Amplio a veces parece creer que la plata para sus planes sociales crece en los árboles.

Por eso salen con este histérico histrionismo de asustar a la gente. Lo hacen de manera grotesca, a veces atentando contra la dignidad del cargo oficial que ejercen, como es el caso de alguna ministra que dice atender las cuestiones de la cultura.

Sí, estamos en campaña electoral y ello lleva a que en el afán de conseguir votos (o al menos de retenerlos) se digan disparates y se agiten fantasmas.

Pero lo decente sería que estos jerarcas oficialistas se midan un poco, no ya por respeto a los candidatos adversarios, sino al menos por lealtad hacia sus propios seguidores.

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