EDITORIAL
diario El País

Los adultos mayores y la hipocresía

En medio de la epidemia de coronavirus, “saltó” uno de los temas más graves y complejos, del debate público en Uruguay. Hablamos de la situación de los adultos mayores, en particular, de aquellos que se encuentran viviendo en las llamadas “casas de salud”, o residenciales.

Un primer apunte. En estos días en que el tema ha estado sobre la mesa de discusión, se ha escuchado a mucha gente hablar de “viejitos”, “abuelitos”, y otra serie de apelativos. Hay que señalar que, por más que tengan la loable intención de volcar cariño en la palabra, resultan un tanto humillantes para personas que son ciudadanos como cualquier otro. Y cuya única particularidad es atravesar un momento de la vida que a todos nos tocará, y donde se suele necesitar más apoyo de los semejantes.

Pero volviendo al tema central, la polémica se generó por el comentario de algunas figuras del actual gobierno sobre la situación lamentable de muchos de estos centros para adultos mayores. Hay números que son elocuentes. De más de 1200 casas de salud funcionando en el país, solo 41 están completamente habilitadas, y apenas 10 más están en proceso de habilitación. En el resto, como dijo el ministro Bartol, hay algunas que funcionan bien, y otras que directamente no respetan los derechos humanos básicos.

Las reacciones ante estos comentarios, a raíz del contagio de unas 30 personas en dos centros de adultos mayores, han sido diversas. Pero hay un elemento común: la hipocresía. Ni periodistas, ni comunicadores, ni políticos, ni reguladores, pero más que nada, ningún ciudadano puede llamarse a sorpresa ante esta realidad. Todos, absolutamente todos, la conocemos bien, de una forma o de otra. El que diga lo contrario miente. Y así como a la hora de asignar los recursos en este país muchas veces se ha privilegiado a las personas mayores por sobre los niños que no votan, en este tema existe una práctica de mirar para otro lado a nivel general, que espanta.

En los pasados 15 años de la historia del país hubo recursos para casi todo, menos para encarar uno de los problemas más lacerantes que cachetea en la cara a la sociedad uruguaya.

Ahora bien, no todas las responsabilidades son iguales. Y cuando uno escucha por estas horas a representantes de quienes gobernaron este país los últimos 15 años, o a sus tradicionales aliados sindicales, salir a señalar con tono suficiente que “algunos parece que descubrieron ahora este tema”, francamente es algo que revuelve la sangre.

Porque durante los pasados 15 años, los recursos del estado se multiplicaron por cinco. Sí, el estado uruguayo bajo los gobiernos del Frente Amplio multiplicó por cinco la plata que extrajo a la sociedad con impuestos y otros gravámenes. Por lo tanto, si no se hizo nada para mejorar la situación de los adultos mayores que viven en casas de salud, no fue porque no se pudo, fue porque no se quiso.

Y no vale acá salir a decir que el país que heredaron en 2005 tenía otras urgencias. Porque esa explicación puede servir para 2005, 2006, 2007 pero ¿y después?

Recordemos un poco. Los gobiernos del Frente Amplio gastaron, sobre todo durante la gestión de José Mujica el paladín de los pobres y necesitados, millones y millones de dólares en frivolidades absurdas. Podemos mencionar a la pasada el Antel Arena, el proyecto del puerto de aguas profundas, el “tren de los pueblos libres”, la fiesta de Ancap, de Pluna. Podemos hablar del maravilloso proyecto para frenar la delincuencia que terminó subsidiando el consumo de marihuana, enriqueciendo de paso a un par de empresarios amigos. Podemos hablar de los millones “tirados” en el Fondes, y esa entrañable velita al socialismo, que terminó como cada ensayo de ese sistema ruinoso y antinatural, en la basura.

Por no hablar de lo micro, de las contrataciones de aspirantes a yernos, de fotógrafos compañeros con contratos por triplicado, de los batallones de asesores, y el etcétera más largo que usted imagine. Se podrá decir: esas son cosas chicas. Chicos son los granos de arena, y sin embargo, las playas están llenas de ella.

El gran tema de fondo, es que en los 15 años de la historia del país donde hubo más recursos, los hubo para casi todo, menos para encarar uno de los problemas más lacerantes que cachetea en la cara a la sociedad uruguaya. ¿Cuántas de esas casas de salud se pudieron haber regularizado con lo que se gastó en el Antel Arena? ¿Cien, doscientas? Y todavía la ingeniera Cosse tiene el descaro de salir a cuestionar la preocupación social del nuevo gobierno.

Todos los gobiernos desde siempre han tenido problemas de escasez de recursos. Lo que los define ante la historia son las prioridades que asumen. En el caso de los pasados 15 años, cada día queda más claro que atender a los más vulnerables estuvo lejos de ser la prioridad del Frente Amplio.

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