Editorial

Se acabó la tregua

Fue una luna de miel muy corta. Apenas 100 días después de que asumiera el nuevo gobierno de Tabaré Vázquez, los sindicatos se lanzan a la calle con una mochila cargada de exigencias. Tan solo el aperitivo de lo que promete ser otro año de intensa conflictividad sindical.

Las movilizaciones gremiales de hoy arrancan por la educación. No habrá clases el liceos y escuelas de todo el país ya que el paro está previsto que dure 24 horas, con marchas y ocupaciones. Hace apenas dos días los que paralizaron sus actividades, también por 24 horas, fueron los trabajadores de la salud pública, a instancias de la Federación de Funcionarios, otrora dirigida por el tristemente célebre Alfredo Silva. Exigen un piso salarial de 30 mil pesos, más exclusividad y otros beneficios.

También hay conflicto en el sector judicial, que reclama el cumplimiento del fallo que les reconoció un 26% de aumento y que el ex presidente Mujica se negó a acatar. Asimismo hay movilizaciones en Adeom, en las enfermeras, en los taxis. Hasta los funcionarios de AFE decretaron para hoy un paro con ocupación de las instalaciones de trabajo, algo de lo que pocos uruguayos se enteraran ya que los trenes casi no funcionan desde hace décadas. No es para espantarse. Pluna también hace años que dejó de volar, y sin embargo se acaba de votar la venia para que su ente autónomo siga funcionando como seguro de paro de algún político mal pagado en las urnas.

Más allá de las complicaciones y molestias que genera a los ciudadanos esta exuberancia sindical, producto de la gimnasia típica que generan la apertura de la ronda de Consejos de Salarios, la discusión del Presupuesto, y el debate interno en el Pit-Cnt por un nuevo estatuto, está el tono. Y nadie hace gala de un tono más impertinente y absurdo que los gremios de la educación.

Por ejemplo, las palabras del dirigente de Fenapes, Mario Bango, que salió a criticar con dureza al presidente Vázquez por haber osado pedir "en nombre de la sociedad uruguaya el mayor de los esfuerzos de todo el sector educativo para que tengamos la mejor educación, derechos sí, pero también obligaciones que cumplir porque el objetivo central acá son los jóvenes, son los estudiantes". Una obviedad básica, pero que irritó a este noble grupo de profesionales, que lo acusó de encabezar un "circo" y que lo que busca es el "halago y el aplauso".

Queda claro que quienes no reciben nada de eso son los gremios de la educación, que pese al aumento exponencial de los recursos para ese sector, siguen mostrando resultados propios de un país africano. Lejos de una autocrítica, estos gremios castigan a los estudiantes con paros y huelgas por los motivos más absurdos, como por ejemplo el reciente realizado para enfrentar el TISA. Un tratado que ni siquiera se sabe a quien alcanza y que nada tiene que ver con la actuación de un gremio. ¿Para que votamos gobernantes entonces?

Si poco importara la marcha del país, y el destino de esta sociedad, existiría una tentación muy grande de mirar al presidente Vázquez y decir que todo esto se lo tiene merecido. De hecho fue su primer gobierno el que propició toda esta ola de desborde sindical, con medidas que ampararon la politización extrema de las relaciones laborales, y permitieron que los gremios (a quienes nadie regula su funcionamiento interno) pudieran retener aportes de trabajadores en forma automática, y la posibilidad de ocupar empresas.

Pero la realidad es que el país es uno solo y la suerte de este gobierno es la suerte de todos quienes vivimos en el país. Uruguay atraviesa un momento económico complicado, con un panorama externo difícil y que augura tiempos de vacas flacas. En ese panorama, la acción sindical desbocada está agravando notoriamente los problemas, y generando que inversores e industriales piensen dos veces antes de llegar al país, cuando no están directamente planificando mudarse a otros más amigables.

Es habitual que los dirigentes sindicales hablen de solidaridad e igualdad. Sin embargo es el egoísmo lo que campea cuando para el beneficio de unos pocos, se pone en riesgo el trabajo y la estabilidad de muchos. Cuando por exigir aumentos irreales, se condena a miles al desempleo al hacer inviables industrias enteras. O cuando se utiliza la herramienta sindical para defender posturas políticas delirantes que elección tras elección queda claro representan a una minoría de la sociedad.

Es de esperar que el gobierno mantenga el temple, sepa capear el temporal, y sobre todo, tenga en claro que gobierna para todos los uruguayos, no para los grupitos que gritan más fuerte.

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