EDITORIAL
diario El País

Cómo ir abriendo las “perillas”

En muchos lados del mundo surge la necesidad de un paulatino y prudente retorno a la actividad habitual. Uruguay, así como otros vecinos en la región, se plantean lo mismo.

Solo que en el hemisferio norte apuestan a que con la llegada del verano la epidemia pierda agresividad y facilite esa apertura y acá recién empieza el invierno.

El viernes pasado el presidente Luis Lacalle Pou hizo un claro esbozo de cómo se procesaría esa ida a lo que llamó una “nueva normalidad”. Una normalidad que regiría mientras la pandemia no sea controlada. Es importante tener claro que una cosa es aplicar una cuarentena (o salir de ella) y otra es poner fin a la pandemia.

Esto implicaría un muy paulatino inicio de diferentes actividades en que se aplicarían reglas y conductas bien claras: los tapabocas, el cuidado de la distancia, las medidas de higiene. Sería pues una normalidad muy distinta a la de antes de la llegada del coronavirus y duraría hasta que la amenaza de la pandemia desaparezca, ya sea porque se descubrió una vacuna, ya sea porque se encontraron eficaces formas de curar la enfermedad.

El retorno paulatino será posible en la medida que siga aplanada la famosa curva. Por haberlo logrado hasta ahora, hospitales y sanatorios han tenido tiempo para ir adecuándose a una eventual mayor demanda.

El gobierno también dejó claro que no piensa precipitarse. Hay un modelo pero no un cronograma, ha reiterado el presidente. Ya comenzó a funcionar la construcción y el Ministerio de Trabajo, las empresas y el sindicato acordaron tomar medidas para evitar contagios. Medidas que exigen incluso cumplir la tarea de forma diferente. De eso se trata con “la nueva normalidad”.

Mañana comienzan las clases en varias escuelas rurales. En relación al número total de escuelas públicas del país y la cantidad de escolares que asisten a ellas, el paso dado es muy acotado y exigió tomar medidas que garanticen seguridad sanitaria.

El retorno paulatino será posible en la medida que siga aplanada la famosa curva. Por haberlo logrado hasta ahora, hospitales y sanatorios han tenido tiempo para ir adecuándose a una eventural mayor demanda.

Son pasos chicos y vigilados. La semana pasada en un programa de televisión el presidente de la empresa Cutcsa comentó que el aumento de pasajeros en la ciudad respecto a Semana Santa había sido del 10 por ciento. O sea que aún con la construcción en marcha, mucha gente todavía se mantiene en su casa.

El presidente le pidió al director de la OPP, Isaac Alfie, que junto con tres connotados científicos analizaran por dónde, de qué manera y con qué recaudos se irían abriendo lo que tan gráficamente llamó “las perillas”. No es abrir a lo loco ni en forma apresurada.

Ese lento proceso implica que se mantiene la consigna de “quédate en casa” y solo salir lo necesario y con tapaboca. Si esa consigna no se cumple, la lenta apertura se cerrará a causa de quienes no cumplieron. Las medidas de cuidado no se imponen por la fuerza, se apela al uso de lo que el presidente llamó “la libertad con responsabilidad”.

¿Cómo se están aplicando? Eso varía según cada barrio. Hay lugares donde el uso del tapaboca se generalizó. En otros nadie se lo pone ni por causalidad. En ciertas zonas no se ve un alma por la calle, pero este fin de semana una multitud invadió la rambla.

Parece obvio que una lenta y paulatina apertura estará ligada a cómo se respeta la cuarentena voluntaria. Hay gente que cree ser inmune a la enfermedad y sin embargo tal vez sea la más peligrosa. Es gente que puede estar contaminada pero no tiene síntomas; no sabe que tiene el virus pero lo contagia.

En este contexto llamó la atención que el viernes pasado el Ministerio de Salud Pública (MSP) dispusiera que las instituciones de salud, públicas y privadas, exijan a su personal el uso de tapaboca. Según informaron los medios, el Sindicato Anestésico Quirúrgico había advertido el no uso del tapaboca por el personal médico y por los asistentes de la salud en general.

Es razonable preguntarse si era necesaria una disposición del MSP para imponer esa medida. El sentido común indica que estas instituciones debieron ser las primeras en usar tapaboca, sin esperar una orden de arriba. Ahí trabajan médicos, enfermeros y otros profesionales vinculados a la salud, gente que tiene su grado universitario. Parecería lógico que por su formación, tienen capacidad de discernimiento para tomar tales decisiones por su propia cuenta.

Estos temas son los que importan y surgen de un sabio uso de esa “libertad con responsabilidad”. Somos grandes, entendemos cual es la realidad, queremos que el país vuelva a funcionar poco a poco, pero para eso mucho depende de cómo responde cada uno de nosotros.

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