EDITORIAL

Abrazados al doble discurso

Graciela Villar y la Venezuela de Maduro se han convertido en este inicio de campaña en el cascote en el zapato del FA. Han aparecido mensajes contradictorios en la fórmula y el informe Bachelet hizo “strike” en la coalición.

Un discurso gastado y barato. Así puede calificarse la alocución de Graciela Villar, candidata del Frente Amplio a la vicepresidencia, al momento de ser proclamada por el Plenario del Frente Amplio. Un Plenario, además, con notorias ausencias y silencios que el bailecito póstumo de Lucía Topolansky y Susana Pereira no alcanzó a disimular.

Villar, con sus poco más de 2.000 votos en la mochila y su título trucho, volvió a marcar la vieja dicotomía de “nosotros y ellos” para agrandar bien la grieta. Se autoinvistió -al mejor estilo del dictador Nicolás Maduro- como representante del pueblo (“nosotros representamos al pueblo”) para defenderlo de la “oligarquía” y de “una línea bolsonarista”, pero nada dijo de la corrupción que ha campeado, de los dineros que se han dilapidado y de la situación de crisis que hoy enfrenta el país por el déficit fiscal y el aumento de la deuda pública. No hay dudas de que al “pueblo” le gustaría saber algo más de esos asuntos y, sobre todo, si desde el FA se piensa continuar con esas políticas.

Pero incluso, poco después de esos y otros exabruptos de Villar, el titular de la fórmula, Daniel Martínez, salió a decir a los medios que buscará encuentros con Luis Lacalle Pou y Ernesto Talvi “para ver qué puntos de contacto tenemos en determinados temas y tomar eso como políticas de Estado”. Y agregó: “Busquemos los puntos de acuerdo y avancemos como Nación”. Conmovedor, pero brutalmente distinto a lo que planteó su compañera. ¿En qué quedamos? ¿Cuál es el mensaje verdadero de la fórmula frenteamplista?

Martínez fue más lejos. Interrogado sobre la situación en Venezuela y el informe Bachelet de las Naciones Unidas donde, entre otras cosas, se denuncian las más de 6.800 ejecuciones extrajudiciales, respondió que “es lapidario”. Y agregó muy clarito que “la democracia es como la ética: no es una línea que la muevo para acá o para allá. Se cumplen normas democráticas o no se cumplen”. “Creo que ese informe deja claro que en Venezuela los derechos humanos y las reglas democráticas no se cumplen”, dijo. Y sentenció: “No hay democracia en Venezuela”. ¡Por fin alguien del Frente Amplio reconoce lo que la derecha, el bolsonerismo, la oligarquía o el sentido común vienen sosteniendo desde hace tiempo!

Nadie en el gobierno frenteamplista, hasta ahora, ha dicho eso. Es más, la claridad de Martínez contrasta con la pobreza conceptual de Nin Novoa manifestada -una vez más- hace pocos días, al decir: “Si nosotros decimos que Venezuela es una dictadura, ¿qué cambia para los venezolanos? No cambia absolutamente nada”. Parecería que el canciller no entiende o no sabe que, para empezar, a las cosas hay que llamarlas por su nombre y no apelar a eufemismos acomodaticios. Y en segundo lugar, que las dictaduras son regímenes que pisotean los derechos humanos, destruyen libertades, derechos e instituciones y lo menos que se puede hacer es señalarlas, censurarlas y solidarizarse con las víctimas que viven o sufren allí, y con los cuatro millones de venezolanos que han logrado huir de su país.

El problema que puede tener Martínez es que algún grupo de la colcha de retazos pueda sentirse ofendido por esa afirmación y exigirle -y lograr- una rectificación. Fue lo que pasó cuando criticó ásperamente al imperio comunista que mandaba en medio mundo desde la URSS que, con sus 100 millones de muertos, ha sido el régimen más asesino en la historia de la humanidad. La Unión Soviética “fue una vergüenza y todavía estamos pagando los horrores que hizo la URSS, porque el campo progresista terminó identificándose con una experiencia lamentable”. Martínez tuvo que pedir disculpas ante el malhumor comunista.

Por ahora, lo de Venezuela no ha levantado polvareda. Sí llama la atención el masivo silencio del Frente Amplio e incluso del Pit-Cnt, tan sensible hasta hace poco a cualquier crítica al “compañero” Maduro. Están planificando un paro general -no saben hacer mucho más- en apoyo del FA, pero no está claro a cuál de sus dos versiones.

Porque en definitiva, el FA ha entrado en la campaña electoral -que aún está en pañales- con un doble discurso y ya en los primeros temas que se han planteado. ¿Va por la abierta confrontación que propone Villar o por el diálogo y la concordia que invoca Martínez? ¿Hay un cambio radical en la postura sobre Venezuela o todavía falta la instancia del perdón y en ese país solo hay una “democracia distinta”? ¿Pasará lo mismo con otros temas como educación, seguridad y trabajo? ¿Seguirá toda la campaña con el doble discurso?

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