EDITORIAL

La verdad del trabajo

Los uruguayos siguen apostando a un futuro de funcionario público para poder hacerse de ciertas garantías de estabilidad económica y las cifras de economía en negro son casi el doble que las que presenta el país de la región de desarrollo relativo similar al nuestro; Chile.

Cuando se analiza la evolución económica de un país casi siempre se presta atención a los datos macroeconómicos: inflación, crecimiento del producto, tasa de inversión, desempleo, etc. Pero hay una fotografía diferente que también importa y que refiere a la microeconomía. En este sentido, un par de datos de reciente difusión dan cuenta de la difícil situación que estamos atravesando.

En su edición del 7 de marzo el semanario Búsqueda informó que de acuerdo a un estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) más de un quinto del total del PBI nacional en 2015 se producía en negro. Esto quiere decir que se trata de actividades que eluden normas y controles, y sobre todo que no se ajustan a las reglas generales de pagos de impuestos y contribuciones a la seguridad social. Ese 20,4% no incluye un estimativo de actividades ilegales, sino solamente un cálculo de las legales pero realizadas desde la informalidad. Para dar una idea comparada, es una cifra que en Chile es solamente de 13%, en Argentina es del 25%, y que para el promedio de los 158 países que abarcó toda la investigación anduvo cerca del 28%.

El dato para nuestro país es muy importante, porque narra efectivamente lo que ocurre en el Uruguay real, tan distinto del país de papel que muchos reivindican sobre todo desde el oficialismo. En efecto, la economía en negro no se fija en prestaciones sociales, ni por tanto en cobertura médica para el trabajador ni para su familia; tampoco entiende de laudos y acuerdos de consejos de salarios para defender niveles de ingresos dignos; no respeta regímenes formales de licencias y protección laboral; y, por supuesto, está sometida a los fuertes vaivenes de las demandas y las ofertas coyunturales, con una inestabilidad laboral y de ingresos que es el pan nuestro de cada día de quienes viven en esa situación.

Además, es sabido que quienes son más protagonistas de esta economía en negro son personas con menor calificación relativa. Es cierto que están aquellos que evaden las reglas y tienen altos ingresos. Pero en concreto es mucho más importante esta forma de ganarse la vida para quienes hacen changas puntuales, pequeños trabajos no declarados y acomodos informales de menguados ingresos, que muchas veces además cumplen el objetivo de complementar empleos declarados con bajos salarios, que los que evaden las reglas desde sus altos recursos. Para ese amplio mundo del trabajo informal y muchas veces poco calificado, la posibilidad de dar un salto en calidad es como la diferencia entre el día y la noche.

Es por eso que no debieran de llamar la atención estos otros datos de 2018 brindados por la Oficina Nacional de Servicio Civil al semanario Búsqueda, con respecto a la cantidad de postulaciones recibidas para los concursos para entrar a la función pública. En efecto, fueron 294 concursos para 952 puestos - incluidos becarios, pasantes y diversas formas de contratación que solo en algunos casos se transforman en cargos de función pública—, para los que se presentaron, atiéndase bien, 360.879 postulaciones: un promedio de 379 aspirantes por cada puesto ofrecido.

Para la mayoría de los uruguayos, el Estado sigue siendo visto como la gran tabla de salvación laboral. Y la realidad señala que se trata de un razonamiento muy entendible: allí hay seguridad del empleo, leyes sociales que efectivamente se cumplen, garantías de cierta calidad de trabajo, expectativas creíbles de ascensos posibles que permiten una mayor remuneración futura, y perspectivas de aportes jubilatorios reales: son todas dimensiones que faltan en esa economía en negro que abarca a más del quinto del total del país.

La tragedia que heredamos de quince años de gobiernos frenteamplistas también tiene su dimensión laboral, aunque el oficialismo se bata el parche convencido de haber hecho allí las cosas muy bien. Es que luego del mayor período de crecimiento del que se tenga memoria, el balance final es que los uruguayos siguen apostando a un futuro de funcionario público para poder hacerse de ciertas garantías de estabilidad económica, y que las cifras de economía en negro son casi el doble que las que presenta el país de la región de desarrollo relativo similar al nuestro, que es Chile.

En un país floreciente, la gente apostaría por formar su empresa o por integrarse a la economía formal y privada para forjarse un futuro de prosperidad. En el país del Frente Amplio, luego de 15 años de crecimiento, la gente más humilde sigue trabajando en negro a la vez que se desespera por conseguir un empleo público que la salve.

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